Nuestras fuerzas armadas —en la tierra, en el mar y en el aire— habrán de ser tan capaces y numerosas como sea preciso para asegurar a España en todo instante de una completa independencia y de la jerarquía mundial que le corresponde. Devolveremos al Ejército de tierra, mar y aire toda la dignidad pública y haremos a su imagen que un sentido militar de la vida informe toda la existencia española.
No cabe duda que la elaboración de los Puntos de la Falange fué una tarea ordenada y perfecta, porque desde el primero hasta el último nos van marcando el camino por donde hemos de ir sin un solo titubeo hasta la completa realización de nuestra Revolución Nacional-Sindicalista.
El primer Punto es el de la fe: «Creemos en la suprema realidad de España».
El segundo es el de la misión: «España es una unidad de destino en lo universal».
El tercero es el fin de esa misión: «El Imperio».
Y este cuarto nos da los medios para conseguir esa misión que tiene España.
Porque por mucha fe que tuviéramos y por mucha cuenta que nos diéramos de la misión que a España le corresponde en el mundo, si no tenemos «unas fuerzas armadas en la tierra, en el mar y en el aire, capaces y numerosas para asegurar a España en todo instante la completa independencia y la jerarquía mundial que le corresponde», no habremos conseguido absolutamente nada. Porque a la guerra hay que responder con la guerra; no bastan las buenas palabras ni las ideas sublimes.
Si cualquier nación quiere invadir a España, no podríamos decirle nosotros que teníamos una misión universal que cumplir y que por lo tanto no podía entrar en nuestro territorio. Para demostrarles que en realidad tenemos esa misión importante, pondríamos nuestros cañones enfrente de los suyos y nuestros barcos contra sus barcos, y ya veríais cómo entonces no entraban.
Pero para asegurar esta independencia de la Patria y para poder luchar contra cualquiera, necesitamos de esos barcos y de esos cañones. Es decir, necesitamos Ejército.
Por eso nosotros, aunque no nos toca resolver esta cuestión directamente, no podemos permanecer indiferentes en un asunto de tanta transcendencia para la Patria, sino unir nuestro entusiasmo y nuestro calor con esta preocupación de España, y se nos debe alegrar el corazón cuando sepamos que se están haciendo nuevos acorazados y que continuamente se crean nuevas unidades de aviación, porque sin este Ejército numeroso y fuerte estaríamos a merced del primer invasor que quisiera entrar en España.
Dice después el Punto: «Que devolveremos al Ejército toda la dignidad pública que merece».
La independencia de España está asegurada por el Ejército; pues si es así, este Ejército tiene que tener toda la dignidad que merece quien defiende a la Patria. Todos los españoles deben por lo tanto el máximo respeto y la máxima consideración a los soldados. Tenemos que ver siempre en ellos a los defensores de la Patria, a los que, con una vida de disciplina y de buen espíritu, pueden conseguir nuevas glorias para España.
Así lo entiende la Falange, y por eso quiere que un sentido militar de la vida informe toda la existencia de España. Es decir, que incluso aquellos que no son militares tengan frente a los problemas de España esta actitud entera, heroica y disciplinada del Ejército. Porque además en nuestro tiempo un Ejército no está constituido únicamente por unos cuadros profesionales, sino que a la hora de la guerra, lo constituye el pueblo entero y no sólo el que combate, sino el que trabaja y da a los que combaten los recursos precisos.
Por eso toda nuestra política tendrá como principal objeto mantener el poderío nacional, y a ello han de subordinarse aun las cosas más aparentemente ajenas a la milicia; desde la organización de la Economía, hasta la educación de la juventud, y sobre todo el mantenimiento de un espíritu exaltado de disciplina y sacrificio, que es en lo que vosotras podéis —en paz y en guerra— prestar el mayor servicio.
