INTRODUCCIÓN
José Utrera Molina fue uno de los últimos dirigentes destacados del Movimiento Nacional en la etapa final del franquismo. Formado políticamente en la Falange desde su juventud, desarrolló una prolongada carrera administrativa y política como gobernador civil, subsecretario y ministro, hasta alcanzar la Secretaría General del Movimiento en los meses previos a la muerte de Franco. Su figura representa el intento tardío de revitalización interna del partido único en un contexto de creciente descomposición del régimen.
Utrera Molina, José. Málaga, 12.IV.1926 – Nerja (Málaga), 22.IV.2016. Político, abogado y graduado social.
Hijo de un agente comercial y consignatario de buques en Málaga, se afilió a la Organización Juvenil de Falange siendo muy niño, en marzo de 1937. Posteriormente se integró en el Frente de Juventudes de Málaga, donde alcanzó a ser jefe de centuria. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y abogado, en 1952 comenzó su carrera política dentro de la Falange Española Tradicionalista, el partido único de Franco: ese año fue nombrado subjefe provincial del Movimiento en Málaga, en 1956 gobernador civil y jefe provincial de Ciudad Real, y en 1962 sucesivamente de Burgos y de Sevilla hasta 1969. Posteriormente fue subsecretario del Ministerio de Trabajo. El 11 de junio se le nombró ministro de la Vivienda. El 3 de enero de 1974, tras el asesinato de Carrero Blanco, fue designado por Arias Navarro vicepresidente del Consejo Nacional y ministro secretario general del Movimiento, cargo al que accedió —según sus propias palabras— con la intención explícita de desburocratizar el Movimiento, vitalizar el contacto con las bases, incorporar nuevas promociones, modernizar el Instituto de Estudios Políticos, dinamizar el Consejo Nacional, rearmar espiritual y moralmente el Partido y robustecer “su contenido popular”. No tardó en comprobar, sin embargo, que su labor fue torpedeada por la propia Presidencia del Gobierno, que llegó a obstaculizar sus despachos con Franco. Imposibilitado de llevar a cabo su programa, cesó en todos sus cargos políticos el 4 de marzo de 1975, meses antes de morir el dictador, regresando desde entonces a su actividad privada como abogado. Su vida política dentro del Régimen de Franco concluyó como procurador en Cortes. En calidad de tal, fue el suyo uno de los noventa y un votos que se opusieron a la aprobación del nuevo Proyecto de Ley de Asociación Política el 9 de junio de 1976. Ese mismo año se integró en la Falange Española de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) que acababa de fundar Fernández-Cuesta, donde fue nombrado consejero nacional. En 1985, enfrentado a la línea impuesta por el nuevo jefe de la organización, Diego Márquez, se sumó a una dimisión colectiva de veintidós consejeros nacionales y abandonó sus cargos en la Falange. Su actividad política es prácticamente nula desde entonces. No obstante, en sus memorias de 1989 se define todavía inequívocamente como falangista: “No estoy dispuesto a olvidar lo que fui, ni me arrepiento por tanto de lo que soy. El ayer, el hoy y el mañana enlazan mi irrevocable filiación falangista”.
En 1999, su nombre figura entre los firmantes de una plataforma promotora del centenario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, llamada Plataforma 2003.
CONCLUSIÓN
La trayectoria de José Utrera Molina refleja la fidelidad ideológica de una generación de falangistas que permanecieron leales al ideario original hasta el final del franquismo y más allá. Apartado de la vida política activa tras la Transición, mantuvo siempre una defensa explícita de su pasado y de su identidad falangista, reafirmada en sus memorias y en su participación en iniciativas conmemorativas ligadas a José Antonio Primo de Rivera. Su figura constituye un testimonio significativo de la pervivencia del falangismo político en la España de la Transición.
