INTRODUCCIÓN
El periodo de la Segunda República estuvo marcado por una creciente polarización política y por la normalización progresiva de la violencia como herramienta de confrontación entre los distintos bloques ideológicos. En ese clima de radicalización, el trasiego de armas entre organizaciones políticas y sindicales se convirtió en un síntoma inequívoco de la quiebra del consenso y del deterioro del orden público.
Más allá del activismo anarquista o comunista, la preparación armada del socialismo español adquirió una dimensión singular por el peso social y político del PSOE y de la UGT en la vida pública del país. La formación de milicias, la adquisición clandestina de armamento y la progresiva asunción de una estrategia insurreccional reflejan un proceso de transformación interna que llevó a una parte del socialismo a abandonar la vía exclusivamente parlamentaria. Este trabajo examina ese proceso, atendiendo a sus métodos, su organización y sus consecuencias en la escalada de la violencia política previa al estallido de la Guerra Civil.
El armamento socialista
Durante el periodo republicano, el trasiego de armas entre las diversas fuerzas políticas no podía augurar nada bueno. Dejando a un lado el armamento anarquista o comunista -grupos rebeldes por antonomasia contra el orden instituido- ha de saberse cómo se proveyeron de armas los socialistas españoles, por constituir el movimiento de izquierda más populoso, habiendo con ello agudizado el extremismo político con finalidades revolucionarias.
En mayo de 1945, aparecía asesinado en el término municipal de Carral (A Coruña) un individuo desconocido que, tras las indagaciones judiciales[1], resultó ser Antonio Rodríguez López, un antiguo socialista que formaba parte de la resistencia antifranquista. Había sido muerto por sus propios correligionarios, quienes le acusaban de colaborar con la Policía[2]. El hecho no hubiera tenido mayor trascendencia, pues se trataba de una táctica habitual del maquis contra quienes consideraba colaboracionistas, si no fuese por el registro domiciliario practicado seguidamente en una fonda de la capital coruñesa. De hecho, las pesquisas dieron como resultado que, entre las pertenencias personales del asesinado, se hallara un bloc escrito de su puño y letra, donde el desafortunado pasaba revista a sus actividades políticas desde el advenimiento de la II República. Pues bien, sobre la base del contenido de dicha fuente documental[3], junto con el complemento de otros elementos probatorios, intentaremos desentrañar los caracteres generales de la violencia socialista de carácter político, durante los años previos al estallido de la Guerra Civil, en lo que concierne al accionar terrorista y subversivo de sus grupos de acción.
Dejando a un lado otros tipos de violencia política, la conducta revolucionaria y delictiva de pistoleros y bandas armadas debiera ponerse en relación, inicialmente, con la incultura y tosquedad de una militancia política específica; sin perjuicio de que se adopte una programación y orquestación planificadas, como suele ocurrir con los comandos de acción directa. No obstante, el gansterismo político, propiamente dicho, comienza en España en torno a 1920 y tiene su centro neurálgico en la provincia de Barcelona, merced a la actuación del llamado Sindicato Único y su enfrentamiento con el denominado Sindicato Libre; el primero de orientación anarcosindicalista y el segundo, de ideología más bien tradicionalista. Con todo, este pistolerismo nacional termina pronto gracias a la intervención enérgica del general Martínez Anido y la proclamación del Estado de Guerra en septiembre de 1923.
La UGT, curiosamente, no había participado en tales disturbios y la violencia política del marxismo nacional iba a ser conducida por el Partido Comunista de España, facción que se había desgajado del PSOE en 1920 y 1921. En cambio, el sindicato socialista no reprueba la instauración del Directorio militar del general Primo de Rivera, lo que le permite estar dentro de la legalidad y expandir su organización por todo el país durante los años que duró la dictaduría primorriverista. No obstante, el socialismo español formaba parte de la Internacional Socialista (ISO) y la Federación Sindical Internacional (FSI) y estos organismos internacionales habían acordado entre 1928-1933 la oposición al fascismo, recomendando si necesario fuere el uso de métodos violentos, seguramente por lo ocurrido en Italia tras la Gran Guerra.
Curioso dilema para el socialismo patrio, pues hasta entonces había prestado su colaboración al régimen político dominante en España, que bien podía catalogarse como muy próximo al fascismo mussoliniano, por razón de su naturaleza corporativista. No en vano, la Ejecutiva de la UGT discutió la participación del sindicato socialista en la Asamblea Consultiva de Primo de Rivera, votando a su favor personajes tan representativos como Julián Besteiro o Enrique Santiago; y hasta Largo Caballero fue nombrado miembro del Consejo de Estado y consejero de Trabajo.
No obstante, el advenimiento y proclamación de la II República propició que un antiguo panadero gallego, Enrique Puente Abuin, tuviera autorización para armar los primeros pistoleros del socialismo; o al menos los primeros conocidos[4]. Era el grupo de Puente el encargado de repartir las pistolas entre los diferentes comandos, para lo cual las armas se adquirían en el extranjero y eran enviadas de tapadillo a la capital de España, utilizando para ello preferentemente el ferrocarril. De estos grupos, hemos conocido el denominado “Vindicación”[5], relacionado con la Casa del Pueblo madrileña, cuyos terroristas fueron los encargados de eliminar los primeros falangistas de Madrid[6]. Por razón de las localidades donde fueron atacados los militantes de la Falange, nos hace pensar que tales grupos armados también operaban en otras provincias: Ciudad Real, Jaén, Badajoz, León, Valladolid, Guipúzcoa, Cádiz, etc. Sea como fuere, el proceso penal sustanciado contra el asesino de Matías Montero, cuya vista en estrados tuvo lugar en febrero de 1934[7], nos revela algunas características de las bandas armadas del socialismo. El coordinador era Enrique Puente[8], a la sazón presidente de las Juventudes Socialistas en Madrid, si bien los pistoleros podían ser personas de distintas edades y localidades. Coyuntura que no debe sorprendernos cuando los jóvenes socialistas habían optado definitivamente por la insurrección armada, proclamándolo abiertamente en el semanario Renovación, donde podían leerse en febrero del 34 consignas como estas: La única idea que hoy debe tener grabada el joven socialista en su cerebro es que el Socialismo solamente puede imponerse por la violencia (…) Y sobre todo esto, armarse, como sea, donde sea “y por los procedimientos que sean”, armarse; consigna, ármate tú y al concluir, arma si puedes al vecino…[9]
Pues bien, el encargado de los atentados poseía unas listas con las direcciones de las próximas víctimas, así como otra con las matrículas de automóviles señaladas con una rudimentaria esvástica; cuando atentaban contra adversarios políticos o lectores de los periódicos derechistas utilizaban varias contraseñas para identificarse entre ellos, pues solían actuar en conjunto, interviniendo incluso pistoleros extranjeros, como sucedió en Zaragoza. Los terroristas se servían incluso de automóviles públicos, prendiéndoles fuego después como hicieron en 1935 Luis Cuenca[10] (futuro ejecutor de Calvo Sotelo), Santiago Garcés (cómplice en dicho magnicidio), Félix Estébanez (chófer de la UGT) y Manuel González Méndez (chófer socialista).
La catadura moral de tales individuos no difería mucho de los códigos bandoleriles de las bandas latinas o norteamericanas de las últimas décadas: esto es, solidaridad para los miembros del grupo y odio feroz frente al adversario. Con todo, alguno de ellos estaba empapado de la doctrina marxista y hasta escribía con propiedad, como Francisco Tello Tortajada (un antiguo emigrante en Francia); pero otros, en cambio, eran aún adolescentes, como fue el caso de los menores Gómez Rey o Contreras Santos, lo cual no dejaba de ser una malignidad calculada, pues en tales supuestos se pretendía eludir la imputabilidad por los delitos que pudieran cometerse. En cualquier caso, la mayoría de ellos procedía de clases menesterosas y carecían de estudios medios, aunque algunos no, como la peripecia del mencionado Cuenca, nieto de un general de infantería, quien había sido instructor judicial en La Coruña y gobernador militar en Orense.
Sin embargo, los imputados por tales crímenes podían salir absueltos, pues contaban con el beneplácito de concretas autoridades y con buena defensa jurídica, como le sucedió al dirigente juvenil Ángel Tejera en 1934, con ocasión de la muerte del empleado de Falange, Vicente Pérez, quien dejaría nueve huérfanos. Y aunque debiera distinguirse entre los homicidios causados por riñas y los típicos asesinatos a sangre fría, no podemos perder de vista que muchos de aquellos enfrentamientos estaban planificados de antemano, como sucedió el cuatro de marzo de 1934 en la ciudad de Valladolid, cuando una docena de socialistas asesinó a porrazos a un estudiante de medicina que se hallaba cerca del teatro donde hablaban los líderes de Falange y las JONS; la víctima era un estudiante de sólo diecinueve años y sus agresores fueron un maestro nacional y otro estudiante de medicina… Y es que cabe presumir la circulación entre los militantes socialistas de una consigna reservada para eliminar el peligro del “fascismo”; y que se cumplía cualquiera que fueran las reticencias, como lo adveran los manuscritos del citado Tello, donde se reconocía textualmente lo que sigue: Parece ser que los elementos denominados fascistas no son precisamente aquellos que siguen al retoño del dictador Primo de Rivera[11], lo que no fue óbice para que anotase el coche de José Antonio y también apuntase su matrícula[12], habiendo declarado a la Policía que estaba dispuesto a matar al político madrileño… Y Tello no era cualquier afiliado mediocre[13], leía la prensa extranjera y fue presidente del Sindicato de Obreros Municipales de Madrid y secretario del Sindicato de Tallistas, entidades adscritas a la UGT. En fin, curiosa paradoja la del socialismo español que, de colaborar con el régimen parafascista del general Primo de Rivera, apenas cuatro años más tarde decidiría eliminar a su primogénito para extirpar el fascio de la Península… No en vano, en abril de dicho año, el coche de Primo sufriría un atentado, protagonizado por unos individuos presumiblemente socialistas[14].
La transformación de un partido no violento en un cuerpo revolucionario fue obra de Largo Caballero y sus asesores, quienes, no obstante, carecían de amplia experiencia militar. Para limar este escollo, Caballero había dicho públicamente que el partido tenía que organizar sus milicias juramentadas, precisando el policía Mauricio Carlavilla que estaban organizadas desde antes de 1934; y, pese a su inexperiencia combativa, la recluta de individuos y militantes iba por buen camino, recontándose pistolas y armamento y efectuándose ejercicios en la afueras de Madrid[15], si bien hasta la primavera de 1934 no puede hablarse de unas fuerzas de asalto completamente listas para la insurrección armada[16].
En cualquier caso, los textos intervenidos a Francisco Tello ya nos indican que el partido comenzaba a decantarse por la línea revolucionaria[17], dejando a un lado la vía parlamentaria y pacífica, como fórmula para acceder al poder absoluto del Estado; no en vano el socialismo había quedado relegado en las elecciones de noviembre de 1933, que es la época cuando Tello debió escribir los manuscritos aprehendidos por la policía madrileña. Pues bien, la maquinaria socialista va engrasándose rápidamente para la revolución de octubre de 1934, incitando a la insurrección, tanto el órgano informativo de las juventudes socialistas como el periódico del partido. En consecuencia, se hacen acopio de armas cortas y largas, participando incluso Indalecio Prieto en el desembarco clandestino de armamento en la playa asturiana del Aguilar, en Muros de Nalón.
No obstante, desde la primera legislatura republicana, los socialistas venían haciendo provisión de armas clandestinas, guardadas en grandes depósitos, sobre todo en el norte[18] y en centro del país[19]. Concretamente, desde finales de 1932, el partido socialista recibía armas y dinamita desde el territorio asturiano, ante una posible victoria electoral de las derechas[20], fabricándose clandestinamente numerosos artefactos explosivos[21]. De hecho, el trasiego de armamento solía hacerse de noche, mediante el empleo de camionetas y automóviles turismo[22], como se intentaría en septiembre de 1934 en la costa asturiana o desde varios puertos del norte peninsular[23].
Se redactaron también las primeras ordenanzas revolucionarias, transcritas por varios autores, en las que podía leerse lo siguiente: Hay que tener en cuenta que la acción combativa en régimen de excepción ha de ser ordinario el atentado personal; por ello, esta organización, más que otra cosa, ha de tener una base terrorista[24].
Y aunque los ataques y agresiones contra falangistas y derechistas seguían produciéndose[25], los socialistas tenían que atender otras necesidades más perentorias, no en vano Enrique Puente iba a encargarse de sublevar los distritos madrileños del Hospital y Congreso, lo que implicaba el apoderarse de puntos estratégicos en la capital del Estado, como la estación de Atocha o los accesos a Madrid por la parte del mediodía.
El plan de acción revolucionaria, de septiembre de 1934, fue hallado en posesión del abogado socialista Pastor Florit, donde se exponían la ordenación de las fuerzas, el armamento casero recomendable, las armas de fuego a emplear[26], la utilización de gases, bombas de mano, escopetas de caza, trabucos y automóviles, así como la tácticas de combate[27].
No obstante, la intentona revolucionaria de octubre fracasaría en el país por carecer de una dirección predominantemente militar, precisando al respecto la III Internacional que la revolución debiera haber dispuesto de un estado mayor apropiado para alcanzar el triunfo y, en verdad, la española carecía de ello[28]; cometiendo, además, el error de seguir la táctica insurreccional del derrotado movimiento socialista austriaco[29]. De hecho, los radicales jóvenes socialistas habían pregonado, ni más ni menos, en Renovación que los jefes y oficiales tenían que ser eliminados, mediante el funcionamiento de tribunales revolucionarios… Fanatismo que, definitivamente, se pondría en práctica 22 meses más tarde, y cuyas consecuencias llevarían al desastre del socialismo en abril de 1939.
Las consecuencias de las jornadas de octubre de 1934 pueden condensarse en la siguiente estadística, a la luz de los daños causados y atribuibles a la revuelta socialista[30]: muertos, 1198; heridos, 2951; destrucciones inmobiliarias, 1032; armas recogidas[31], 123564; municiones, 353874; explosivos, 96257; robos, saqueos, confiscaciones, pérdidas empresariales, más de 115 millones de pesetas.
Con todo, la derrota de la Revolución de octubre no aplaca el ímpetu revolucionario de los socialistas y meses después redactan una minuta constitutiva del aparato ilegal del partido. Se trataba de organizar un sistema de inteligencia[32], similar al que poseía cada sección nacional de la III Internacional, creando tres organizaciones interdependientes: el servicio de información, para recabar datos de partidos políticos, barrios, banca y poder público; el servicio de investigación, cuya plantilla actuaría como una especie de policía política; y los servicios especiales, que se encargarían de todo lo relativo a propaganda, activistas, falsificadores, provocadores, armamento, fotografías, electricistas, etc. Este organigrama, una vez aprobado por la Ejecutiva del Partido, se convertía en un organismo secreto, el cual ya funcionaba desde marzo de 1936, al poseer la Agrupación Socialista Madrileña un sistema de información e investigación, habiendo tenido su antecedente en el oculto SIRS (Servicio de Información Revolucionario Socialista)[33] de la Federación Nacional de Juventudes, instituido en el verano de 1934; cuya modalidad más conocida terminó siendo la erección en zona roja de múltiples comités de investigación y vigilancia: es decir, las siniestras checas.
Llegamos así al mes de enero de 1936, época en que se registra el intento de asesinato del conserje del local falangista de la capital orensana[34], así como varios enfrentamientos entre falangistas y socialistas madrileños; también la muerte de un miembro de la CEDA en la provincia de Badajoz y los homicidios de dos obreros falangistas en la capital de España, atacados todos ellos por bandas armadas de marxistas. No obstante, a partir de la jornada electoral del dieciséis de febrero y hasta la proclamación del estado de guerra en las distintas provincias españolas, la Falange, por ejemplo, llegaría a contabilizar cerca de un centenar de militantes muertos, la mayoría de ellos a manos de pistoleros socialistas, estando, empero, las actividades de la Falange proscritas y sus miembros encarcelados por orden gubernativa; prohibiciones que, a la postre, el Tribunal Supremo consideraría contrarias a Derecho en el mes de junio.
Con todo, los últimos militantes azules fallecidos violentamente, de que tengo noticias fidedignas, son dos jóvenes de El Barco de Valdeorras (Orense) y Nistal de la Vega (León): la primera víctima mortal se llamaba Castor Pérez Vega y fue asesinada el 17 de julio en la vía pública; la segunda, Juan Miguélez Fuertes, fue tiroteada por una expedición socialista dos días más tarde, tras irrumpir armada en una festividad local[35].
En realidad, los aproximados cuatrocientos asesinatos ocurridos en dicho semestre son, principalmente, de factura social-comunista y anarquista, según se desprende de las relaciones de desórdenes presentadas por el diputado José Calvo Sotelo en las Cortes; y en su comisión hay una gran responsabilidad de las juventudes socialistas, según comentaría meses más tarde el escritor Pio Baroja[36] y confirmaría en 1953-1955 el policía Reguengo, al revelar los textos escritos del socialista asesinado por el maquis en 1945[37]. Cierto que las juventudes del partido socialista se habían unificado en abril con las comunistas, pero se trataba de una fuerza aproximadamente de 40000 almas presta para iniciar una revolución radical de signo marxista[38]. Y es que cuando llegase el momento propicio, el armamento de estos activistas pretendía completarse con pistolas ametralladoras y armas largas.
La adquisición de armas cortas era bastante fácil, pues incluso su venta se ofrecía habitualmente en los medios de comunicación, teniendo en cuenta que las autoridades izquierdistas, por regla general, hacían la vista gorda. Irregularidad que revelaría un comisario político a la agencia periodística Havas en agosto de 1936:
En cuanto a la organización de las Milicias, el representante de Havas obtuvo las siguientes informaciones: Fueron constituidas inmediatamente después de la victoria electoral de las izquierdas el 16 de febrero. Su existencia no era oficial, mas se beneficiaban de una gran tolerancia por parte de las autoridades. Su armamento estaba constituido principalmente por pistolas y revólveres. Al ocurrir el levantamiento militar, el Gobierno, dio carácter oficial a las milicias y les distribuyó fusiles Mauser y ametralladoras…[39]
De hecho, los jóvenes socialistas se proveían de pistolas o revólveres a bajo precio, siquiera fuese en el mercado negro. De hecho, el partido ofrecía armas cortas a sus militantes por un precio muy asequible[40]. Precisamente, en el mes de marzo, cuando habían muerto ya varios españoles por antagonismos políticos, el gobierno de izquierdas decretó la recogida de las armas legalmente permitidas, poniendo a la sociedad civil en una situación de evidente indefensión ante las ilegalidades y crímenes de sicarios y pistoleros políticos.
Por junio, dos camiones cargados de pistolas, fusiles y ametralladoras llegarían a la sede socialista madrileña, con la coartada de “maquinaria para El Socialista”, con el fin de armar las milicias socialistas[41], quedando depositados cientos de fusiles en los talleres[42], en clara concordancia con lo referido en los documentos sobre el Soviet Nacional. Por su parte, la UGT estaba ya armada, como reconocería el mismo Largo Caballero en plena guerra civil[43], y hasta con rifles de fabricación moderna[44].
No obstante, los jóvenes socialistas disconformes con la unificación comunista se agruparon alrededor de Enrique Puente, amnistiado en febrero por los hechos revolucionarios de octubre del 34, a fin de crear una guardia pretoriana bajo la tapadera de un ficticio club deportivo[45], el Júpiter Sporting Madrileño, donde recalarían diversos socialistas, pistoleros y activistas recién salidos de la cárcel. Se convirtieron de facto en la guardia personal del diputado Indalecio Prieto, por entonces en disputas con Largo Caballero y su grupo bolchevique por mor del liderazgo del PSOE. Como es sabido, la Motorizada defendió a su líder en los enfrentamientos socialistas de Ejea de los Caballeros y Écija; pero también intervino en las múltiples coacciones acaecidas en las elecciones de Cuenca, donde se privó a José Antonio Primo de Rivera de un acta parlamentaria, y en el posterior asesinato de José Calvo Sotelo.
Por lo tanto, resulta conveniente el referirse al armamento del grupo acaudillado por Puente. Así, con el fin de abortar la conjura militar que era conocida a nivel gubernamental, Casares Quiroga, Prieto y Puente se reúnen varias veces para perfilar la estrategia a seguir, acordando una serie de atentados contra las personalidades que suponían estaban preparando el alzamiento cívico-militar[46].
Pues bien, a tales efectos, el cuartel de la Motorizada dispuso de línea telefónica directa con los jefes anteriores y fue pertrechada con doscientos fusiles suministrados por el ministro de la Guerra, el armamento que poseía en secreto el partido socialista y hasta con dos cargamentos de pistolas llegados desde el extranjero; con ello, la Motorizada pudo armar perfectamente a unos dos mil hombres. Según esta misma fuente, publicada en La Actualidad Española años después, la orden de matar a Calvo Sotelo partió del Presidente del Consejo de Ministros, Santiago Casares Quiroga [47], aunque la idea de atentar contra personajes como Calvo Sotelo, Gil Robles, José Antonio, Salazar Alonso, Velasco o Goicoechea fue propuesta inicialmente por el socialista González Peña en una reunión de la Motorizada[48]. De hecho, los hombres de la Motorizada que serían seleccionados por el capitán Condés y el teniente Moreno para liquidar, tanto a Gil Robles como a Calvo Sotelo, fueron Garcés, Cuenca[49], Ordóñez y Rodríguez.
No obstante, la Motorizada, pese a su línea ideológica socialista moderada, fue controlada a la postre por personajes que seguían las indicaciones de la Internacional Comunista[50]. Mismamente, el asesinato de Calvo Sotelo[51], pese a ser un crimen de la Motorizada, fue un acto aprovechable por los comunistas como agitación revolucionaria[52], participando en el mismo varios hombres de la órbita de Largo Caballero y Margarita Nelken[53].
[1] Sumario nº 119/1945 del Juzgado de La Coruña nº 1.
[2] Véase Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes, Editorial AHR, Barcelona, pp. 266 y 267. Consúltese igualmente: Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1560, Exp.23.
[3] Vicente Reguengo González, comisario del Cuerpo General de Policía, publicaría esta obra primeramente en 1953, en formato folletín, en la Actualidad Española, con el pseudónimo de César Virego. Desde 1958 hasta 1974, Reguengo desempeño el cargo de Comisario general de Investigación Social en la Dirección General de Seguridad.
[4] Virego, C. (1953): “Memorias de un maquis”, La Actualidad Española, II, (12.03.1953), pp. 28 y 29. Los grupos socialistas de acción se articularon a partir de diciembre de 1930 y, en 1935, algún activista y pistolero llegaría a cobrar en prisión hasta 15 pesetas diarias, a cargo de la UGT (fuente: Reguengo, V. [1955]: Guerra sin Frentes… pp. 30, 31 y 199).
[5] Archivo Histórico Nacional, FC-AUDIENCIA_T_MADRID_CRIMINAL,114, Exp.3.
[6] La persecución desatada contra los primeros falangistas, la explica un veterano socialista de acción del siguiente modo: Nacía la Falange con un programa político que, por fuerza, había de absorber a la clase trabajadora, librándola de la esclavitud del marxismo y de sus dirigentes explotadores. Nuestra organización atisbó pronto el peligro (…) Quizá era aquel momento en que más odio existía en el seno de las juventudes revolucionarias. Desarrollábamos una gran campaña, exacerbando los ánimos, relatando crímenes nazis y señalando el peligro de tales doctrinas. No creíamos que en España existiese terreno apropiado para teorías totalitarias, y al conocer el origen de la Falange se despertó en nosotros el deseo de aplastarla por completo. Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp. 84 y 85.
[7] “Se condena a veintiún años al asesino del estudiante Montero”; cf. Región, (20.02.1934), Oviedo, p. 9.
[8] Al camarada Enrique Puente: Después de las notas y conversaciones habidas entre tú y yo, me resta el declararte buenamente lo siguiente: Me mueve a hacerlo cierta frialdad observada hacia mí, frialdad que me hace pensar existe por tu parte, y [que] yo interpreto como desconfianza a mis convicciones socialistas [y] revolucionarias. Desde el mismo momento en que nació la idea que son(?) estas líneas, me entregué por completo a la mejor realización y éxito, tropecé con grandes inconvenientes en la preparación(?) por faltarme lo más preciso, luego al tener planeada la ejecución de la idea vi como yo era objeto de ciertas interrogaciones(…) por parte de camaradas, me hicieron pensar en que había [habido] divulgación del proyecto, a esto se unió la sospecha de ciertos elementos contrarios que imposibilitaban mis gestiones hasta al estar de verme en cierta ocasión forzado a huir por no caer en [manos]enemigas. No he de negarte que los tres o cuatro primeros días estuve dispuesto a realizar plenamente mi labor sin mirar los inconvenientes, aunque estos hubieran sido fatales para mí (…) Texto manuscrito del pistolero socialista Francisco Tello, intervenido por la Policía; fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-AUDIENCIA_T_MADRID_CRIMINAL,114, Exp.3.
[9] “Decálogo del joven socialista”, (17.02.1934), nº 130, p. 1.
[10] Este Cuenca sirvió en Cuba al contrarrevolucionario Machado; pero en España fue contratado por el Partido como pistolero (carecía de ideal), y terminó trágicamente muriendo luego en la batalla de Somosierra, junto con el capitán Condés (…) Incorporado al grupo, demostró desde el primer momento gran sangre fría y decisión; pero su falta de conocimiento político le convertía en un indisciplinado, al que más de una vez tuvimos que llamar la atención seriamente, al no querer obedecer las órdenes. Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… p. 75.
[11] Sumario 58/1934, Juzgado de Instrucción nº 19 de Madrid, Archivo Histórico Nacional, FC-AUDIENCIA_T_MADRID_CRIMINAL,114, Exp.3.
[12]Anotación manuscrita de Francisco Tello: “45.209- Automóvil de Primo de Rivera. Chervrolet…”. Ibidem.
[13] Sería amnistiado tras acceder el Frente Popular al poder. Alcanzaría en la guerra civil el grado de comisario de Aviación y comandante de escuadrilla. Tras la derrota bélica, se exiliaría en Méjico.
[14] Mauricio Carlavilla afirmaría que los pistoleros fueron hombres de Largo Caballero. Consúltese Largo Caballero, F. (1961): Correspondencia Secreta, Nos, Madrid, p. 203.
[15] Cf. Karl, M. (1934): El Enemigo, segunda edición, Imp. Sáez Hermanos, Madrid, p. 231.
[16] A las Secciones. Estimados camaradas: Avisados oportunamente para la constitución de las Milicias juvenil-socialistas, os reiteramos con mayor apremio la creación de las mismas ante la constante y progresiva amenaza de todos los elementos de la reacción, en especial el doble enemigo católico y fascista de las huestes de la CEDA. El parlamento se cierra y la persecución será clandestina. Contra ella, y por el triunfo de la revolución proletaria debemos estar preparados. Instrucciones del Comité Ejecutivo de las Juventudes Socialistas, 6 de junio de 1934; Fuente: FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.9.
[17] La posición que ha tomado el partido Socialista de desencadenar la revolución en España ha desvanecido el temor de cuantos temían que metido dentro de la misma órbita que lo estuvieron los partidos socialistas de las naciones de donde hoy existe el fascio (…) Las juventudes socialistas en todo momento disciplinadas, mantenían firme el espíritu; aquellos momentos de consolidación de la Democracia republicana, y con verdadero afán, paralizados momentáneamente en la acción revolucionaria, estudiaban y se compenetraban en los textos marxistas. Producto de ello es la pléyade de jóvenes que hoy conocen los más arduos problemas que Marx planteara y que los hoy veteranos en gran número conocían de forma que ya no es posible el fascio en España al menos sin lucha. El enemigo de la clase trabajadora sabe que si quiere triunfar ha de ganarlo en la lucha revolucionaria y en verdad parece ser que se prepara para recibir la batalla. Lo contrario sería candidez y el capitalismo nunca lo fue; por nuestra parte no hemos de pecar de timoratos, excusando a aquellos camaradas que aún crean en el opio de la Democracia. Si alguna vez admitimos el conservar las posiciones alcanzadas en el terreno sindical, hoy sabemos que el único medio de conservarlas es conquistando el poder político, y este, la experiencia y los textos marxistas nos dicen que solamente por la acción revolucionaria hemos de alcanzarlo. Manuscrito de Francisco Tello Tortajada; fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-AUDIENCIA_T_MADRID_CRIMINAL,114, Exp.3.
[18] Cf. Karl, M. (1934): El Enemigo, … pp. 236-237.
[19] La policía descubrió en septiembre de 1934 dos arsenales socialistas de armas en la ciudad de Madrid, tanto en el barrio de Cuatro Caminos como en la Ciudad Universitaria. También podría hablarse de los depósitos del tráfico ferroviario, sitos en los apartaderos madrileños, y relacionados comercialmente con los dirigentes de la UGT en 1935. De hecho, las comunicaciones por ferrocarril habían quedado dominadas por la UGT y la CNT desde antes de la revolución de octubre de 1934, según Mauricio Carlavilla, seudónimo de M. Karl (ibidem, pp. 224 y 225).
[20] Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp. 70 y 71.
[21] Con suficiente acopio y normas proporcionadas por la CNT, especialista en esta materia, se inició la fabricación de petardos y bombas. La envoltura exterior, consistente en un cilindro de hierro fundido de unos 15 cm. de largo y del grosor de una botella de las de anís pequeñas, se nos dio construido. En uno de sus extremos tenían una tuerca cerrada de fuego, y en el opuesto, otra que se quitaba para cargarlas. Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes, … p. 74.
[22] Karl, M. (1934): El Enemigo, … pp. 236-237.
[23] Nos reunimos Puente, Laín, Lencioni y yo, y allí supe que las armas venían por barcas desde San Juan de Luz y que si este paso no estaba bien organizado se perdería mucho tiempo hasta reunir una cantidad suficiente de armamento. Por ello se acordó que, con barcas de pesca, se fueran llevando armas a todos los puertos del Norte, especialmente Bilbao y la región asturiana, y desde allí, y con camiones de pescado, transportarlas, para lo cual irían estableciendo depósitos a lo largo del recorrido. Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp. 92 y 93.
[24] Instrucciones dadas a las Juventudes Socialistas para el movimiento de octubre del 1934, informe secreto del Estado Mayor Central del Ejército, febrero de 1936. Fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.9.
[25] El diez de septiembre de 1934, un comando marxista mataba al jefe local de San Sebastián.
[26] Se recomendaba la pistola Star, calibre 9 milímetros y el uso de metralletas Thompson.
[27] Cf. Aguado Sánchez, F. (1972): La Guardia Civil en la revolución roja de octubre de 1934, Dirección General de la Guardia Civil, Servicio Histórico, Madrid, pp. 446-454.
[28] Belforte, G.F. (1938): La guerra civile… tomo I, p. 121.
[29] Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp.88 y 89.
[30] Arrarás, J. (1939-1943): Historia de la Cruzada Española, volumen II …, pp. 239 y 240.
[31] Con todo, miles de armas largas y cortas no fueron entregadas a las autoridades policiales, tras el fracaso de la revolución de 1934; en Asturias, más de nueve mil fusiles, según el policía Mauricio Carlavilla.
[32] Fuente: FC-CAUSA_GENERAL, 589, Exp. 11, N. 16.
[33] Su creación fue ordenada por las instrucciones para las Juventudes Socialistas, de fecha seis de junio de 1934, en las que podía leerse las siguiente medidas: Crear una Sección, rigurosamente secreta, de espionaje, compuesta de individuos aptos por sus dotes y posiciones espaciales para suministrar toda clase de datos, situaciones, planes, intentos, organización, etc., de los elementos reaccionarios que puedan enfrentarse con nosotros, juramentados con pena de muerte para los traidores.- Vigilar todos aquellos elementos e individuos sospechosos que en el momento pudiesen servir de enlaces o ayuda de la reacción, ya sean partidarios declarados nuestros, ya neutrales.- Creación de una Sección química para fabricar armas, bombas y artefactos, rigurosamente secreta; Sección que trabajará con tiento y hará pequeños y bien guardados depósitos de sus materiales y productos; cuantos individuos intervengan en esta rama estarán juramentados con pena de muerte para los traidores… Copia del Estado Mayor Central del Ejército, febrero de 1936. Fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.9.
También dan fe de ello, las memorias personales: Se cursaron órdenes secretas del Partido para la creación de una organización militar con fines revolucionarios. La Juventud celebra varias reuniones, que no tienen otro propósito que el designar a los camaradas encargados de la organización, siguiendo las instrucciones que al efecto se les den… Cf, Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… p. 88.
[34] Arrarás, J. (1939-1943): Historia de la Cruzada Española, volumen II …, pp. 375 y ss.
[35] Registro particular del autor. Consúltese Piñeiro Maceiras, J. (2023): La Represión de Franco; persecución y normativa en la España Nacional (1936-1945), SND Editores, Fuenlabrada.
[36] En la época precursora de la revolución de julio (…) los que mataban impunemente, gracias a la protección del ministro Casares Quiroga, eran los miembros de las juventudes socialistas. Estos se dedicaban al terror… Cf. Ayer y Hoy, 1998, editorial Caro Raggio, Madrid, p. 170 y 171.
[37] Guerra sin Frentes, tercera edición, capítulos XXV y XXVI, “consigna, atentados; víspera de asesinatos”, pp. 233-245.
[38] En realidad, la cooperación entre las juventudes marxistas había comenzado meses antes de la revolución octubre de 1934. Consúltense: el informe enviado a Moscú por el Congreso Nacional de Jóvenes de España (PCE), de 16 de julio de 1934; el comunicado del Comité Central de la Unión de Juventudes Comunistas, de 29 de agosto de 1936. Fuente: Aguado Sánchez, F. (1972): La Guardia Civil en la revolución roja de octubre de 1934… pp. 441-446.
[39] Diario de Lisboa, (01.08.1936), p. 8.
[40] Como botón de muestra, refiramos que en la localidad leonesa de Valencia de Don Juan el partido ofreció a su joven militante, Gervasio Pérez Garrido (1917-2015) una pistola, de 9 milímetros, por un precio que iba de 2,5 a 25 pesetas, en el mes de abril de 1936, con vistas a un levantamiento armado. El joven no aceptó la propuesta. Testimonio personal, gentileza de José Manuel Pérez.
[41] Virego, C. (1953): “Memorias de un maquis”, La Actualidad Española, XXVI, (01.03.1953), p. 27.
[42] La información viene detallada en Mundo Gráfico, (19.05.1937), Madrid, núm. 1333, p. 6.
[43] Causa General…, archivo particular del autor.
[44] Largo Caballero y sus colaboradores hicieron ostentación de este armamento durante los primeros días de la contienda, en plena sierra madrileña; me refiero a las carabinas tigre, fabricadas en Eibar. Véanse: La Libertad, (28.07.1936), Madrid, p. 3; La Voz, (27.07.1936), Madrid, p. 1; García Isac, J. (2022), Historia criminal del Partido Socialista, Actas, Madrid, fotografías centrales; Madriñán, J. (2013), “Carabina TIGRE; el palanquero español del calibre 44-40”, Arma Larga, (17.2.2013), www.jmfirearmscollection.com.
[45] Táctica ya expuesta en las Instrucciones dadas a las Juventudes Socialistas para el movimiento de octubre de 1934, donde puede leerse lo siguiente: Crear con apariencias escultistas, peñas campestres, que harán ejercicios en lugares apartados. Fuente: Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.9.
[46] “Memorias de un maquis”, César Virego, XXVII, La Actualidad Española, (15.10.1953), pp. 27 y 28.
[47] “Bajo mi total responsabilidad vamos a escarmentar definitivamente a los asesinos fascistas, pero a las cabezas dirigentes ¡Yo ya no espero más! Ayer, Faraudo; hoy, Castillo; mañana será otro, y todo lo más que lograremos será condenar a un vulgar pistolero, mientras Gil Robles, Calvo Sotelo, Primo de Rivera y otros se ríen; pero no, uno está seguro y no escapará fácilmente; pero los otros dos, Gil Robles y Calvo Sotelo, tienen que ser eliminados sin contemplaciones; el capitán Condés tiene mi confianza y sabe lo que hay que hacer” [mandato de Casares Quiroga, ibidem].
Pudo escuchar que el señor Casares, dirigiéndose a cuatro diputados (…) como asimismo a las dos mecanógrafas que estaban a su servicio (…) dijo: “Hay que asesinar a Calvo Sotelo antes del martes” … (testimonio de un conserje del ministerio de Obras Públicas, ante el Ilmo. señor Presidente de la Audiencia de Santander [Ministerio de la Gobernación, 1939, Apéndice I al Dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes en 18 de julio de 1936, Editora Nacional, Barcelona, pp. 151 y 152]).
[48] Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… p. 238.
[49] El lazo de sangre que unía a la prensa oficial del partido con los pistoleros lo demuestra las siguientes informaciones publicadas por El Socialista, semanas después de haberse cometido el magnicidio: Llegará el día en que nuestra pluma se emplee para siluetear a algunos héroes, y no será el que menos adjetivos merezca Luis Cuenca, joven socialista de la llamada sección “Motorizada”, cuyos apellidos –no los olvidéis- ocuparán un lugar en la historia. Pero aún es pronto para escribir lo que este muchacho hizo (24.07.1936, p. 3); Y en Luis Cuenca encarnaba de manera especial el temple heroico que hoy es ya patrimonio común de la Motorizada. Algún día, cuando se escriba la crónica circunstanciada de la guerra y antes de la guerra, se sabrá hasta qué punto es un heroísmo de leyenda el que ha derrochado y están derrochando muchos de nuestros combatientes. Ningún capítulo será superior al que podamos dedicarle a Luis Cuenca, caso excepcional en la epopeya excepcional que está escribiendo el proletariado español (30.07.1936, p. 4).
[50] Para la consecución de un buen golpe revolucionario, Prieto había interesado que “la Motorizada” ampliase su número hasta 15.000, encargándose él de facilitar el armamento (…) y nuestra misión consistía en vigilar los locales y personas del Partido Socialista, así como el reclutamiento de los 15.000 hombres, ocasión que yo aproveché para introducir en estas milicias más de doscientos comunistas, quienes el 18 de julio prestaron grandes servicios, ya que de los 15.000 hombres de “La Motorizada”, consiguieron que sólo 1.500 fuesen socialistas (…). Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp. 229 y 230.
[51] Curiosamente, merced a este magnicidio, se reconciliaron las dos ramas opuestas del socialismo y precipitó al país a la guerra civil. Finalidad que buscaban una parte sustancial de revolucionarios españoles, ante las dificultades sobrevenidas de unión de izquierdistas, extremistas y operarios en un frente compacto y único, siguiendo las recomendaciones y estela de la III Internacional. Y me explico: el líder socialista Indalecio Prieto, que conocía las comunicaciones telefónicas de varios militares ya no podía volverse atrás, pues sabía que, tras el asesinato de Calvo Sotelo (efectuado por alguno de sus hombres de confianza), los conspiradores militares no iban a aceptar medida alguna de conciliación, que impidiera in extremis el enfrentamiento bélico. Consúltese, Simeón Vidarte, J. (1978): Todos fuimos culpables, Grijalbo, Barcelona.
[52] Y no tuve más remedio que engañar a Puente, al ser requerido (…) para que fuese a ver al consejero de la URSS. Di cuenta a éste de lo que sabía y lo que se avecinaba y me contestó: “todo lo de esta noche, está mal planeado, va a ser un “putsch” revolucionario, sin intervención de las masas y pondrá al descubierto una venganza sin un juicio popular”. De todas maneras, hay que aprovecharse del estado de ánimo oficial para provocar una agitación revolucionaria, y él desde luego nos prestaría su ayuda. Cf. Reguengo, V. (1955): Guerra sin Frentes… pp. 252 y 253.
[53] El capitán Condés, jefe del comando y recién amnistiado por la revolución socialista del 34, era amigo de Largo Caballero e íntimo de Margarita Nelken, refugiándose en su casa tras el atentado. El guardia José del Rey Hernández, amnistiado igualmente, era guardia personal de la Nelken y amante. Y el médico que asistía al comando, Federico Coello, era un conocido militante socialista y novio de la hija de Largo. Curiosamente, tras disparar Cuenca sobre Calvo Sotelo en el vehículo en que viajaban Condés y Rey, estos se cruzaron miradas de confidencialidad, dando la impresión de que eran los directores del crimen. Además, uno de los instigadores y cómplices principales, teniente Máximo Moreno, era también socialista y seguidor de Largo Caballero. Fuente: Causa General; Centro Documental de la Memoria Histórica; archivo personal del autor; Cf. García Isac, J. (2022), Historia criminal del Partido Socialista, Actas, Madrid, p. 57.
CONCLUSIÓN
El armamento socialista durante la Segunda República no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como parte de una dinámica general de radicalización política en la que diversos actores asumieron la violencia como instrumento legítimo para la conquista o la defensa del poder. La creación de milicias, el acopio clandestino de armas y la planificación de acciones armadas evidencian un giro estratégico que desbordó el marco de la confrontación parlamentaria y contribuyó decisivamente a la degradación del orden público.
Las insurrecciones de 1934, la proliferación de bandas armadas y la tolerancia —cuando no connivencia— de determinadas autoridades con estas prácticas reflejan la profundidad de la crisis del sistema republicano. En última instancia, la extensión del armamento entre organizaciones políticas y sindicales alimentó un clima de enfrentamiento permanente que dificultó cualquier salida pacífica al conflicto y aceleró la deriva hacia la guerra abierta. Analizar este proceso permite comprender mejor cómo la violencia política se fue normalizando en la España de los años treinta y cómo esa lógica de confrontación armada terminó por arrastrar al país a un desenlace trágico.
