INTRODUCCIÓN
La persecución religiosa desencadenada en España en 1936 segó la vida de cientos de sacerdotes y religiosos cuyo único “delito” fue permanecer fieles a su vocación y a su fe. Entre ellos destaca la figura del Padre Nicéforo de Jesús y María, pasionista, misionero incansable y provincial de su Orden, que aceptó conscientemente compartir la suerte de sus hermanos cuando el peligro era ya evidente.
Su vida fue un continuo ofrecimiento: desde la infancia marcada por el sacrificio, pasando por una intensa labor misionera en América, hasta el regreso a España en los momentos más críticos. Hombre de gobierno, de oración y de celo apostólico, el Padre Nicéforo no buscó el martirio, pero lo aceptó como culminación de una vida entregada por completo a Cristo.
Beato Vicente Diez Tejerina, C.P.
Padre Nicéforo de Jesús y María, sacerdote
Herreruela de Castilleira (Palencia), 17 de febrero de 1893
† Manzanares (Ciudad Real), 23 de julio de 1936
43 años
Al día siguiente de su nacimiento recibió el bautismo y fue confirmado el 6 de octubre del mismo año en Celada de Robledo (Palencia) por Mons. Enrique Almaraz y Santos, que hacía su primera visita pastoral a la diócesis. Vicente vino al mundo con un destino trágico: a los tres días de haber nacido él, falleció su padre. Su madre se quedó con cinco niños, entre ocho años y tres días.
Vicente fue vivaracho, alegre, devoto y muy cantarín. La madre le preparó bien para la primera comunión, que recibió en 1900. Como era monaguillo, comulgaba más a menudo que los demás. Era tan aficionado al canto de iglesia, que el párroco, al ver la afición que tenía de ser religioso, lo propuso a la familia.
Pasaron por Herreruela unos misioneros populares. Vicente escuchaba sin perder palabra, y luego, cuando se encontraba en el campo, se subía a un árbol o a una piedra y empezaba a sermonear. El 27 de abril de 1906 marchó a Peñafiel (Valladolid) e ingresó en el colegio pasionista. Era la fiesta del fundador, San Pablo de la Cruz. Allí estudió año y medio.
Al cabo de casi dos años, salió para Angosto (Álava). Llegó el 21 de febrero de 1908 para iniciar el noviciado y recibió el hábito el 13 de marzo. En el noviciado, todos los votos de los padres pasionistas le fueron siempre favorables. El 16 de marzo de 1909 firmó su juramento de perseverancia:
«Estoy dispuesto a hacer libre y espontáneamente profesión religiosa con verdadera y eficaz voluntad de perseverar en ella hasta la muerte».
En la tarde del 17 emitió sus votos.
En 1905 se había fundado la Provincia de la Sagrada Familia de los pasionistas españoles, pero con las casas de Méjico, Chile y Cuba. Por la escasez de vocaciones en estos países se permitió abrir una casa en España, y fue la de Gabina (Guipúzcoa). Pero en 1910 este convento pasó a ser de la Provincia del Sagrado Corazón, y la de la Sagrada Familia recibió los de Daimiel y Corella.
El joven Nicéforo entró a formar parte de esta Provincia porque así tenía más garantizado el destino misionero, al marchar enseguida para América.
En julio de 1910 fue enviado a Méjico, concretamente a la casa de Toluca, conocida como «El Ranchito», porque el nombre primitivo de la propiedad era «El Rancho de la Virgen». Los estudiantes pasionistas tenían la costumbre de predicar en la fiesta de sus patronos: Gabriel de la Dolorosa y Tomás de Aquino. En el año 1911 le tocaron los dos sermones a Nicéforo.
A causa de la persecución religiosa tuvo que abandonar Méjico y marchar a Estados Unidos. En el convento de la Inmaculada de Norwood Park acabó los estudios. Pero una meningitis agudísima le puso a dos pasos de la muerte. Recibió la Unción de los Enfermos y el Viático. El 7 de marzo de 1916 renovó su consagración a la Virgen María, pensando que sería la última vez.
Habiendo recuperado la salud, compartió con los compañeros la alegría de convertirse en ministro de Jesucristo. El 12 de junio de 1919 recibió la tonsura, después las cuatro órdenes menores, el subdiaconado, el diaconado y, el día 27, la ordenación sacerdotal en la catedral de Chicago.
El grupo de pasionistas españoles continuó en Chicago otros dos años de estudio. La Provincia de la Sagrada Familia esperaba mucho de los neosacerdotes. Necesitaba sangre joven y pronto iba a florecer la primavera apostólica.
El primer sermón del P. Nicéforo lo pronunció en inglés el 17 de septiembre de 1916, con motivo del «Primer Encuentro de la Sociedad de San Jacinto». Su entrenamiento pastoral y sacramental lo tuvo en la parroquia de Louisville hasta febrero de 1918. El 12 de este mes renovó por novena vez la consagración a la Virgen María, e inmediatamente se embarcó para Cuba.
El 10 de marzo llegó a Santa Clara, primer convento de los PP. Pasionistas en Cuba. Llegaron como «Misioneros de Ultramar» y, al comprobar la urgencia de abrir un centro educativo, crearon el colegio «San Pablo de la Cruz». El P. Nicéforo se incorporó como profesor de Inglés, de Música y de otras materias. Su labor no se reducía a dar clases; además, se sentía más a gusto en el púlpito.
Sus sermones gustaban a la gente sencilla. Se dieron diez misiones con admirable fruto, las más en Guadalajara y Michoacán, y hubo más de 200 casamientos de amancebados y 88.000 comuniones.
En 1926 fue destinado a La Habana. Llegó el 27 de julio e inmediatamente comenzó a desplegar su celo encaminado a revitalizar la vida religiosa. El arzobispo de La Habana le confió la parroquia de San José, pero sólo de manera provisional, porque el trabajo parroquial no iba incluido en la vida de los pasionistas.
Pensando en que un viaje le serviría de descanso, el P. Alejandro, provincial, pidió al P. Nicéforo que acompañara al P. Pedro Bernaola a Texas, a fin de sondear las posibilidades de abrir casa allá. El propósito de la fundación fue buscar un refugio contra las frecuentes persecuciones en Méjico y por la conflictiva situación en España tras la proclamación de la República.
El 13 de septiembre de 1931 obtuvo visado para ejercer por tres meses el ministerio en Estados Unidos. El 14 de diciembre desembarcó en Nueva Orleans y el 20 estaban en Chicago. Visitaron diversas ciudades de Texas, pero ningún obispo dio licencia definitiva, quedando sólo vagas esperanzas. El 8 de febrero regresaron a La Habana.
En julio de 1932 fue elegido primer consultor provincial, lo que le obligó a regresar a España. Fundó la comunidad pasionista de San Adrián de Besós (Barcelona) y posteriormente la de Valencia. En mayo de 1935 fue bendecido el nuevo local por el obispo auxiliar Mons. Lauzurica.
Del 1 al 5 de julio de 1935 se celebró en Zaragoza el capítulo provincial. El día 4 fue elegido provincial. Pasó el verano organizando destinos y a finales de octubre inició la visita canónica a Venezuela, Cuba y Méjico, sin abandonar el proyecto de la revista El Lábaro.
Regresó definitivamente a España el 4 de junio de 1936. Consciente de la gravedad de la situación, aceptó compartir el riesgo con sus religiosos. Había pedido muchas veces la gracia del martirio, desde el día de su primera comunión.
Decidió comenzar la visita canónica por Daimiel. El 8 de julio celebró la última misa en Zaragoza. El 16 llegó a Daimiel y celebró la fiesta del Carmen. Pocos días después comenzó el calvario que le llevaría al martirio junto con los otros veinticinco pasionistas de aquella comunidad.
CONCLUSIÓN
El martirio del Padre Nicéforo de Jesús y María no fue un episodio aislado ni fruto del azar, sino la consecuencia lógica de una vida vivida con radical coherencia evangélica. Pudo permanecer a salvo, lejos de España, pero eligió volver para no abandonar a sus religiosos, asumiendo el riesgo con plena conciencia y libertad interior.
Su muerte, junto a la de los veinticinco pasionistas de Daimiel, constituye un testimonio luminoso de fidelidad sacerdotal, amor a la Iglesia y confianza absoluta en Dios. Caído por su fe y por su vocación, el Padre Nicéforo permanece como ejemplo perenne de entrega sin reservas, recordando que el auténtico triunfo cristiano no está en huir del sufrimiento, sino en ofrecer la vida por amor, hasta el final.
