Nuestros amigos de la web General Franco se hacen eco con tristeza de la desalentadora manifestación del pasado sábado 23 de mayo en Madrid contra el gobierno socialcomunista, en pleno baño de lodo tras explotarle en sus caras la bomba fétida del caso Zapatero Delincuente. Lamentan que la asistencia fuese escasa y que estuvo en gran medida copada por elementos de la derechona más repulsiva, que tuvieron la indecencia de increpar a unas pobres señoras que habían hecho acto de presencia con unas pancartas de recuerdo agradecido al Caudillo y a su benéfico Régimen, cuyo contraste con la cleptocracia del 78 es cada vez más notorio.
A estas alturas, ni podemos ni queremos negar lo evidente: la riqueza material que trajo el Régimen de Franco, junto con su extrema generosidad para con la media España que había querido y llevado a cabo la revolución marxista, tuvo unas consecuencias devastadoras para los españoles nacidos entre 1950 y 1980: les ablandó, les hizo pensar que la guerra ya estaba ganada, que bastaba con trabajar duro y sacar adelante a sus familias, les hizo desagradecidos para con quien les había dado la España más próspera que jamás se había soñado, les desmovilizó política e ideológicamente. En esa desmovilización teñida de ingenuidad, los dos partidos de laboratorio que se diseñaron para turnarse en el poder fueron capaces de recolocar a la inmensa mayoría del pueblo en una gran cesta, aparentemente dividida en dos compartimentos casi irreconciliables, pero en los que se compartían sustancialmente las mismas premisas y los mismos objetivos. Dentro de esa gran base común, el menosprecio y la calumnia al Generalísimo y a su etapa de gobierno era uno de los elementos esenciales e inamovibles. No había alternativa mejor, ni siquiera posible, “a la constitución que nos habíamos dado”.
Por eso, no nos sorprende que esos burguesillos, fritos a impuestos y venidos a menos, que sueñan con que los gaviotos vuelvan a la Moncloa, con o sin el apoyo del partido político europeo más favorable a los intereses del Estado pirata de Israel, a falta de tener un sociata a tiro, descarguen su ira sobre unas pobres mujeres honradas, que les dejan en evidencia. Respetamos a todos los buenos españoles que quisieron ir el sábado a clamar contra los insoportables escándalos de corrupción que nos rodean. Nosotros no fuimos, porque en realidad no era nuestro sitio, sino el de esos burguesillos, fritos a impuestos y venidos a menos. Nuestro sitio está arma al brazo y bajo las estrellas. Nuestro sitio no está en manifestaciones coreografiadas contra aspectos que, en el fondo, son meras consecuencias superficiales de la corrupción y de la degeneración demoliberal. En el fondo, ¿tan importante es que un repugnante masonazo y sus esperpénticas hijas se hayan llevado una cantidad obscena del dinero de todos, cuando lo comparamos con la destrucción de la familia, con la pérdida de la soberanía nacional, con el abandono de las regiones en manos del separatismo, con la destrucción de la agricultura y de la industria españolas? Por supuesto que un ladrón debe ir a la cárcel, pero ¿es más grave lo que ha hecho Zapatero con Plus Ultra que lo que hizo entre 2004 y 2011? ¿Es realmente más dañino para España su latrocinio de última hora, que su obra de demolición de la Patria, precedida y continuada por la del resto de gobiernos constituidos bajo el marco jurídico-político de 1978? Esto es lo que merece ser juzgado y castigado con la máxima pena posible; ojalá lo podamos hacer algún día.
La Movida Nacional del próximo 18 de Julio va a dejar muchos retratados. Seguro que algunos españoles de bien de la generación de las ancianas del sábado van a estar presentes. Y seguro que, de esas generaciones perdidas, de los nacidos al calor de la prosperidad del desarrollismo y de la herencia dilapidada por Suárez y González, acudirán proporcionalmente muy pocos. Pero el susto que se va a llevar el régimen cuando vea que las masas de votantes jóvenes se les escapan por completo y acuden a recordar orgullosos y decididos el 90º Aniversario del Alzamiento va a ser morrocotudo. Ya no va a haber verdes ni azules que les engañen, atrapándoles en sus viscosas telarañas envenenadas de capitalismo, liberalismo y sionismo, mientras invocan desde sus sucias gargantas el sagrado nombre de España, con el único fin de que metan una papeleta en una urna de metacrilato, para que la bola siga rodando en la mesa. Empieza otra cosa muy distinta y muy peligrosa para los que quieren ponerle el siguiente disfraz a la Antiespaña. Empieza la Movida Nacional.
