Entre los biógrafos de Franco solo Ricardo de la Cierva, con una interpretación que requiere muchos más matices, abordó lo que aconteció entre el «incidente de Ben Tieb» y mediados de agosto. Franco y Pareja eran amigos, Luis se quedaba en su casa en Ceuta. Desde lo sucedido en Ben Tieb están siendo vigilados. Ambos estaban decididos a tratar de impedir el repliegue usando su posición e influencia sobre las fuerzas de choque.
Lo que se hace evidente, lo que la fragmentaria documentación indica es que en las semanas siguientes al encuentro en Ben Tieb el jefe del Tercio dudó ante el camino a seguir. El jefe de Regulares, Luis Pareja, estaba decidido a presentar su petición de traslado, Franco a tomarse tiempo; según escribe, su «impresión es que en estos momentos no conseguimos nada». Además en esos días comienza a hervir el frente en Uad Lau. Ello no quiere decir que no preparara su petición de nuevo destino. De hecho lo hizo a finales de julio dirigiéndose a los generales Bermúdez de Castro y Luis Aizpuru. Antes de ello, el día 23 concluye una gira de inspección a sus Banderas. Reproduzcamos aquí la carta inédita al general Aizpuru:
«Excmo. Sr. Don Luis Aizpuru.
Mi respetado y querido General: Un deber de amistad y gratitud para V. me obligan a comunicarle en esta carta mi decisión de solicitar de la Superioridad un cambio de destino a la Península.
- mejor que nadie conoce las circunstancias en que me trajo a África y el sacrificio que por la Patria me impuse al aceptar en tan críticos momentos el mando de este Cuerpo.
Motivos importantes de familia, muy especialmente la salud de mi mujer, me impulsan a dar este paso, que hasta hoy retuve, pero que las circunstancias actuales me aconsejan[1].
Creo haber demostrado suficientemente mis sacrificios por la Patria a quien creo servir mejor dejando este puesto al que más identificado con el problema pueda llevar al ánimo de la Oficialidad las ventajas del repliegue.
Perdóneme, mi General, si mi decisión le causa contrariedad pero no desconoce el afecto que siempre le guardé y por tanto el sentimiento que tengo al no poder seguir prestándole mi modesta ayuda para ir salvando las difíciles actuaciones en el Territorio.
Son mis saludos cariñosos a su familia, sabe mande a su affmo. subordinado y amigo,
Zoco Arbaa, 30 de julio de 1924».
Ni Bermúdez de Castro ni Aizpuru lo tomarían en consideración. En su carta al general Luis Bermúdez de Castro, conservada en su expediente legionario, indicando que se la remite «para su curso», es más explícito en sus motivos:
«Mi afecto personal hacia V. me obliga a manifestarle los motivos de esta decisión . Aparte de los naturales de familia por mi tan sacrificada y de salud de Carmen, son tan importantes las decisiones que el Gobierno toma en el problema de Marruecos y tan críticos los momentos que se avecinan y aquel en que se lleve a vías de hecho el pensamiento de repliegue, que antes de que llegue este caso deseo, que un cambio de destino, deje el difícil y para mi insostenible puesto que ocupo a quine más identificado con esos planes puede llevar al ánimo de la Oficialidad la conveniencia de los mismos y glorioso del sacrificio.
Como quiera que al conocer mi pensamiento apareceré ante la opinión como uno de los amantes de al guerra y de la hostilidad del enemigo, no quiero que el premio a mis constantes sacrificios se aparece ante la Patria como culpable de sus males.
Perdóneme la contrariedad que esto le cause, fue siempre una satisfacción para mi servir a sus órdenes y siento no poder en estos momentos ayudarle como desearía, pero V. con su clara inteligencia sabrá comprender que limitado el problema a tan desdichados términos a todos por iguales corresponde el sacrificio que yo ya he cumplido».
Por la correspondencia se deduce que ambos, al tener noticias de lo que podría suceder, buscaron disuadir a Franco. Según una carta de finales de julio, reproducida por Ricardo de la Cierva, dirigida a Luis Pareja, Franco aún no había hablado directamente con el general Bermúdez de Castro pero sí con su hijo y ayudantes para decirles: «que nos vamos y que no aguantamos la campañita de descrédito que nos hacen. Ellos me dicen que, desde luego, no nos deja marchar, pues como tiene gran confianza y que creen que en estos momentos no debemos dejarles solos. Así que me tienes sin atreverme con tus castas y papeletas y las mías en el bolsillo… mi impresión es que en estos momentos no conseguimos nada». El 8 de agosto Franco firma una nueva carta que remite a Luis Pareja informándole de la situación. Texto que vamos a reproducir de forma íntegra por vez primera en este trabajo y en el que se muestra partidario de esperar:
«Sr. Don Luis Pareja
Querido Luis: Recibo tu telegrama y en el mismo momento cojo la pluma para escribirte y explicarte la situación general de todo esto.
Cuando el otro día nos separamos dispuestos a cursar las papeletas llegó el general Bermúdez, el cual ya sabes está conmigo de atento y la que la Legión debe muchos favores y yo no sé si se huele algo o no, el caso es que desde los primeros momentos da por sentado el que no nos podemos ir mientras él esté.
Yo le hablé a los ayudantes y a su hijo para que le adelantasen algo y me contestaron todos presentando la gravedad de los momentos para abandonar el mando, pues creen que al marcharnos esto se viene abajo.
Cuando yo llegué aquí hablé con la gente mía y todos están impresionados y creen que debiéramos esperar a ver qué giro toma esto, en especial nuestra relación con Sanjurjo, Llanos, Pozas y demás de la otra zona que pensando de la misma manera depositaron en Sanjurjo su confianza y él en nosotros.
Mis comandantes, identificados en todo conmigo, esperan solo mi marcha para romper sus compromisos con la Legión y la mayoría de los oficiales lo mismo. Quedando solo los no cumplidos que esperan no les abandonemos. Por todo ello la situación es muy delicada y como nuestros pasos han de tener honda trascendencia y repercusión conviene antes comprobar bien lo que se piensa y lo que convenga hacer.
El Alto Comisario dispone por sí y no creo sepa tampoco lo que piensa el Gobierno en esto y Bermúdez que escucha cuanto le digan y que tiene buen criterio atenderá le digamos. Su impresión es de conservar lo conquistado aunque desea organizar bien el territorio. Por todo esto aunque yo deseo ardientemente dejar todo este foso de intrigas, vacilaciones y pasividades, creo debemos no apresurarnos y antes de tomar la decisión de pedir cambio de destino hablar claro con Bermúdez y con Sanjurjo y Llanos, Pozas, etcétera, para que ellos sepan nuestra decisión.
Esto es, que yo creo que si hay repliegue debemos evitar la difícil situación de estos momentos pidiendo el destino a España, pero si no lo hubiera y solo se organizase el territorio entonces por un deber de amistad con Bermúdez en especial y en Melilla con Sanjurjo no debemos ni podemos destruirle el instrumento mejor para actuar y con nuestra presencia sostener a la oficialidad, pues en el caso de repliegue son los de España los que deben vivir esos momentos.
Dime si quieres que corran tus cartas, pero te advierto que Don Luis [Bermúdez de Castro] esta de lo más susceptible con nosotros.
Si quieres venir y que te mande el coche avísame.
Te abraza fuerte».
Como señalamos es bastante plausible estimar que se trabajó para convencer a Franco para que aguardara hablándole de la responsabilidad que tenía con respecto al Tercio. Curiosamente, como sucederá en junio-julio de 1936, Franco opta por un estar preparados y esperar a la evolución de los acontecimientos, intentando contener a los más impulsivos, fijando cuál debía de ser su posición: «Mi impresión [sobre lo que se pretende] es de conservar lo conquistado aunque debía organizar bien el territorio».
Ciertamente, tras la visita de Primo de Rivera, pasaron semanas sin recibirse instrucciones concretas para el repliegue. Por su parte, ante la situación, el general Luis Aizpuru había decidido mover fuerzas para reforzar la línea que podía sufrir nuevos ataques por parte de Abd el-Krim: la costa en la desembocadura del Lau, la línea de comunicación entre Tetuán y Xauen y el Zoco el Arbaa.
En la segunda semana de agosto resulta evidente que el jefe del Tercio no piensa abrir una durísima crisis y abandonar a sus hombres. Luis Pareja, en coherencia con sus posiciones, presentará su petición de cambio de destino siendo aceptado varias semanas después: «Han roto el bloque –escribe Pareja el 18 de agosto– y a mí me inutilizan por ahora y a Franquito o lo matarán o lo desprestigiarán, cuando tengan ocasión y momento oportuno, si es que siguen aún de poderosos, se lo quitarán de en medio sin el menor remordimiento de conciencia»[2]. Abandonará Marruecos pero poco después volvería al frente. Ya se conocen las líneas generales de un repliegue en el que tendrá que evacuarse la línea del Lau, Beni Arós y Xauen. En total se replegarían casi 400 posiciones y blocaos.
Las muestras de la posición que el teniente coronel Franco tiene en Marruecos continúan apareciendo intermitentemente en la prensa. El día 23, el caíd Amarusen entrega a Franco un «magnífico fusil y una placa de plata». El jefe del Tercio le corresponde con una pistola «enfundada en piel bordada en oro y plata, como recuerdo de su leal y feliz intervención en los convoyes de Sidi Mesaud». También los tenientes coroneles Franco y Pareja, líderes de los legionarios y regulares, junto con Varela y González Carrasco, organizan una misa en sufragio del general Fernández Silvestre. A ambos se les ha ordenado que se trasladen a Ceuta y su partida es acompañada por una muestra de apoyo por parte de los oficiales del Tercio[3]. En esos mismos días comienzan a llegar informaciones de concentraciones ante las posiciones avanzadas del sector oriental. Fechas en las que la prensa se hace eco de la toma del mando del 3º Batallón del Regimiento de la Princesa el teniente coronel Millán Astray[4].
Franco había asumido en esas fechas que el choque con el Directorio tendría a futuro consecuencias. Sin embargo, Primo de Rivera había finalmente disipado la posibilidad de un abandono total. Si seguimos las referencias de uno de los primeros biógrafos del futuro Caudillo, parece que en los siguientes encuentros, que iremos señalando, Franco mantuvo su parecer de que era necesario llegar a Alhucemas. Primo de Rivera, públicamente, aunque probablemente se tomaran como simples palabras, no descartó ese futuro al retornar a la península, pero vinculándolo al desarrollo de una acción previa de atracción sobre la población:
«Yo tenía miedo al venir aquí de cambiar mis convicciones, sintiéndome soldado, sobre todo al ver el brillante desfile de nuestra tropas; pero no afirmándome esto que son un producto de un concienzudo estudio del problema, cuya resolución, que comparten conmigo todos los miembros del Directorio, es que ha de ser Alhucemas la que venga a nosotros en una sabia labor desarrollada, sin tener que despilfarrar las fuerzas por esos montes»[5].
No se iría a Alhucemas con las fuerzas: «el problema de Marruecos no es de temeridades», anotó el general. Seguramente, Primo de Rivera compartía la visión que tenía el mariscal Lyautey sobre el Rif y la zona de los Beni Urriaguel, considerándola una ratonera para las tropas. Ello no fue óbice para que los rumores de la desavenencia en Ben Tieb y con Franco se extendieran a través de cartas y anónimos llegando hasta el propio Primo de Rivera quien trató de desmentirlos remitiendo una nota a los capitanes generales, advirtiendo que se procedería a castigar a los difamadores:
«Todo lo que se dice respecto a actitudes o manifestaciones de algún jefe del Ejército con motivo de mi viaje a Marruecos es absolutamente falso, pues allí sólo tuve muestras de consideración por parte de todos, y ningún otro proceder cabe dentro de la disciplina de nuestros cuadros de mando, ni ninguna otra hubiera tolerado sin el inmediato y riguroso castigo. Por lo visto los lesionados en sus intereses bastardos creen el momento propicio para quebrantar una situación que estorba sus apetitos o ambiciones, y recurren a todos los medios para conseguirlo»[6].
[1] Es probable que en esas fechas Carmen hubiera sufrido un aborto.
[2] Luis Pareja Aycuéns, gallego como Franco había nacido un mes antes, de familia militar todos los hijos siguieron la carrera de las armas. Militar heroico, ingresó junto con su hermano Federico en la Academia de Toledo en 1906 donde conocería a Franquito que entraría en 1907. Llegó a África en 1911 ingresando después en los Regulares. Por una acción heroica en Laucien obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando; resultó herido en diversas ocasiones. A los 23 años ya era comandante por méritos de guerra. Tras retornar a la Península volverá a los Regulares en 1920. Al ascender a teniente coronel en 1922 fue destinado al Regimiento de Gravelinas con acuartelamiento en Badajoz. Un año después asumió el mando del Grupo de Regulares de Larache. Tras pedir destino, en señal de protesta por lo anunciado en Ben Tieb, fue destinado al Regimiento Tetuán n.º 14». Semanas después decidió volver a Marruecos al mando del Batallón Expedicionario del Tetuán que se enviaba a Larache participando en las operaciones de repliegue desde Xauen a Alcazarquivir. Tras una breve estancia en Castellón participó en el desembarco de Alhucemas y posteriores acciones con el Batallón de Cazadores de África. Fue ascendido a coronel uniendo a sus muchas condecoraciones la Legión de Honor. En 1928 fue nombrado gentilhombre de Alfonso XIII. Permaneció en su mando al proclamarse la II República, obtuvo la Encomienda de la República, lo que no fue óbice para que, por efecto de las revisiones de los ascensos realizada por Azaña, perdiera su puesto en el escalafón para el ascenso a general. Al llegar Franco en 1934 para sofocar la rebelión asturiana confió a Luis el puesto de jefe de Personal en el Ministerio y delegado del gobierno en la capital. De ahí pasó a dirigir la Escuela de Aplicación de Infantería dirigiendo, además, la Revista de Infantería. Tras el triunfo del Frente Popular fue marginado siendo destituido. El 18 de julio le sorprendió en la localidad costera murciana de Águilas, detenido en agosto acabó en la checa de Porlier. En la noche del 4 al 5 de noviembre los frentepopulistas del 5º Regimiento de Milicias Populares (Partido Comunista de España y Juventudes Socialistas Unificadas) organizaron una saca para llevarse a los militares presos siedno asesinarlos en el cementerio de Rivas Vaciamadrid, iban maniatados con alambre. Tras ser asesinados, las autoridades republicanas escondieron el crimen afirmando que se habían pasado a los nacionales. Su cuerpo, con el de sus camaradas, permaneció en una fosa común hasta su traslado, décadas después, al Valle de los Caídos donde reposa. No solo él pagó con la vida su posición. Su hermano Federico, comandante de la Guardia Civil, sería asesinado en Málaga por los frentepopulistas. Cfr. Expediente de Luis Pareja, AGMS, Caja 4293, Expediente 34.090.
[3] La Correspondencia de España, 23-7-1924; La Libertad, 23-7-1924; ABC, 23-7-1924; El Sol, 23-7-1924; El Pueblo Gallego, 23-7-1924.
[4] El Pueblo Gallego, 29-7-1924.
[5] El Pueblo Gallego, 23-7-1924.
[6] ABC, 3-8-1924.
