La huelga era, según Girón de Velasco, un arma parricida que era necesario apartar de las manos de los obreros españoles.[i] De ahí el desarrollo de un sistema esencialmente corporativo que establecía como inevitable la obligatoriedad de afiliarse a los sindicatos verticales. Se fundamentaba este criterio político en el hecho de que toda persona económicamente activa era enmarcable dentro de este sistema de representación. Solé cita la definición de Schmitter como la más completa para definir el concepto del corporativismo:
“Un sistema de representación de intereses, en el que las unidades constituyentes se organizan en categorías, limitadas en número, específicas, obligatorias, no competitivas, ordenadas jerárquicamente y diferenciadas funcionalmente; categorías reconocidas o permitidas (si no creadas) por el Estado y a las que se garantiza, deliberadamente, un monopolio de representación a cambio de observar algún tipo de control sobre la selección de los líderes y la articulación de demandas y apoyos”.[ii]
Ello tenía un soporte parcial en los fundamentos ideológicos de Acción Española. El Nuevo Estado había de tener un sesgo corporativo como mecanismo de defensa del orden social tradicional frente a las amenazas de los denominados enemigos de la tradición española que supuestamente concebían la política al servicio de la economía y no al revés.[iii] Este posicionamiento se envolvía con un esquema maniqueo que recurría de forma sistemática a la contraposición entre el mundo del bien y del mal, entre el mundo del maligno y el mundo de los elegidos. Este maniqueísmo había de servir para llevar a cabo una misión cuyo objetivo era la salvación de España ante el fracaso de las doctrinas materialistas (incluyendo en este grupo tanto al marxismo como al liberalismo) en su intento por solucionar la cuestión social. Se partía de la idea de que España tenía una asignatura pendiente y que esta había de encontrar su solución definitiva en una sociedad perfectamente jerarquizada en la que una misma institución recogiera las demandas de los trabajadores y los empresarios evitando el desamparo de amplias masas de productores. Todo ello suponía despolitizar a la sociedad española insertando a todos estos elementos en el seno de la única Organización Sindical permitida.
La interrupción del trabajo se percibía como la manifestación más execrable de la peor de las patologías de una nación. Sin llegar a ella existían otras formas que servían igualmente para explicitar el conflicto, como la bajada voluntaria en el nivel de producción o la disminución de la calidad del acabado del producto en cuestión.[iv] La huelga era considerada como una toxina contra la que el régimen había de luchar. Y todo ello en reconocimiento implícito de que la disensión y el conflicto entre empresarios y trabajadores era una tarea en la que el sindicato, elemento de conciliación entre los mismos, no lograba los objetivos apetecidos. La tarea de incorporar espiritualmente al trabajador español a los objetivos del nuevo régimen estaba siendo un fracaso.[v] Paralelamente el nivel de vida de los españoles nos situaba en los umbrales de la miseria y esa supuesta hermandad del mundo del trabajo se tornaba en conflictos que solo por la vía de la represión podían ser controlados.
Y contra esta semilla de desunión social, el régimen planteó una estrategia que se plasmó en el Código Penal de 1944. En su artículo 222 tipificaba como delito de sedición el derecho de huelga. “Fue Girón precisamente el que tuvo que hacer la condenación de las huelgas viendo en ellas lo que son, el instrumento más eficaz para la defensa de los intereses del trabajo”, se constataba desde la izquierda opositora al franquismo.[vi] El nuevo orden laboral surgido de la Guerra Civil e impuesto por el franquismo perseguía desterrar el satánico conflicto social y sus resultados perversos. Este nuevo orden sociolaboral se consideraba como absolutamente necesario ya que sin él se entendía que “no sería posible evitar la lucha de clases a la que los dolores de la guerra y las consiguientes dificultades económicas prestaban fácil abono y especulación sectaria”.[vii]
Pese a su declarado talante, visceralmente contrario a todo lo relacionado con el marxismo o a todo lo opuesto a lo que él entendía como esencias católicas y tradicionales españolas, Girón, de una forma un tanto autoaduladora, se erige en sus memorias como negociador tolerante y habilidoso con los elementos anarquistas y comunistas. Quizás, lo que verdaderamente intranquilizaba el pensamiento de hombres como este era ver como aquellos movimientos, que pretendían desapuntalar la armadura que sostenía al régimen, eran apoyados por grupos como las Hermandades Obreras de Acción Católica y por las Juventudes Obreras Católicas. Eso sí que constituía un grave problema para un régimen que veía ya con claridad como en los primeros años cincuenta, parte del catolicismo español se separaba progresivamente de él.
Desde este punto de vista podemos deducir que en la mente del exministro lo preocupante para el régimen, como él mismo afirma, no eran los obreros españoles, sino la separación progresiva de la Iglesia católica, tanto del franquismo (en un sentido genérico) como del franquismo social (representado, entre otros, por Girón de Velasco) y la fuerza de grupos que luchaban abiertamente contra el decadente poder de la Falange dentro del Estado.[viii]
La gestión de los conflictos laborales durante el mandato de Girón de Velasco.
En el desarrollo de las huelgas del período 45-46, “los estratos desafectos más numerosos fueron, como habitualmente, los obreros industriales y los campesinos más pobres y sin tierras”.[ix] En esta década, ya en 1945 tuvo cierta relevancia la huelga de la empresa metalúrgica Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona. El 2 de septiembre 1.800 empleados no se presentaron a trabajar por la tarde y al cabo de unos días se negaron a trabajar por la noche en protesta por el mínimo plus de desempleo que cobraban los parados por restricciones eléctricas.[x] Pocos días después, el 7 de noviembre estallaba en Valencia la huelga de 1.000 obreros en la fábrica Macosa en petición de subidas salariales.
En los años 1946 y 1947 las actividades huelguísticas se centraron en el País Vasco y Cataluña fundamentalmente, culminando con la gran huelga en Vizcaya iniciada el 1 de mayo de 1947. Sin embargo, según Alba, la primera huelga relevante contra el franquismo se llevó a cabo a principios de 1946 en Manresa.[xi] A esta le siguió la declarada en la fábrica de Tolrà de Castellar del Vallès a partir del 2 de febrero logrando un aumento de 15 pts. más por la percepción regular del plus de carestía de vida y posteriormente el establecimiento de un economato.[xii] A lo largo de 1946 se desarrollaron en Cataluña diversos conflictos motivados, al menos en parte, por las nuevas reglamentaciones del trabajo (especialmente en el sector textil) que suponían en algunos casos un descenso en el nivel de las percepciones reales de los trabajadores.[xiii] En noviembre de este mismo año se desató una huelga en los altos hornos de la empresa Babcock&Wilcok de Vizcaya en demanda de aumentos salariales que posteriormente enlazó con la huelga del 1 de mayo de 1947 cuyo fin llegó el 7 del mismo mes.
El resultado de la gran huelga de Vizcaya del 1 de mayo de 1947 se puede resumir de la siguiente manera: 60.000 trabajadores en huelga, 7.000 detenidos y 14.000 despedidos. Según Payne, “la actividad opositora de los trabajadores empezó a disminuir después de 1947”.[xiv] Sin embargo, para Preston el resultado de las huelgas de estos años fue un ejemplo de la suerte del régimen del general Franco pues sirvieron para convencer “a Londres y Washington de la necesidad de apuntalar su posición como baluarte contra lo que percibían como una revuelta tramada por los comunistas”.[xv] En cualquiera de los casos, las huelgas de los años cuarenta estuvieron presididas por un importante sesgo de espontaneidad fruto de un muy bajo nivel de vida. Este se plasmaba en enfrentamientos verbales con los enlaces sindicales y capataces de la empresa, “en disminuciones del ritmo de trabajo, de la productividad, o en algunos casos, epidemias de enfermedades simuladas,… sabotajes menores de la producción, provocadas averías de maquinaria, desperdicio de materias primas, piezas mal acabadas, etc.”.[xvi] Todo ello, según Alba, minimizando la eficacia de la propaganda del PCE que había comenzado desde 1946 una estrategia de penetración en la CNS. Si bien hay que añadir a esta afirmación que esta estrategia no fue exclusiva del PCE sino de otros sindicatos clandestinos como la CNT.[xvii]
Esta huelga se desenvolvió en un contexto en que el precio del litro de aceite ascendía (en algunos casos) a las 60 pts., el kg. de pan a las 16 y el de patatas a 7. En este contexto el Consejo de Resistencia del Pueblo Vasco convocó una huelga a la que el gobernador civil de Vizcaya, Jenaro Riestra, reaccionó con el planteamiento represivo tradicional ante un amplio movimiento huelguístico que agrupó a alrededor de 60.000 trabajadores. La ocupación de Bilbao por parte de las fuerzas de seguridad y la detención de unos 7.000 obreros fue la respuesta del Gobierno hasta que el día 9 de mayo comenzó a decrecer la fuerza de un movimiento que fue quizás el más significativo de esta década.[xviii]
Los años cincuenta, coincidiendo con la tesis de Manuel Jesús González, fueron años en los que el nivel de vida comenzó a mejorar. Ello contribuyó a una atmósfera social relativamente tranquila, pese a lo cual marzo de 1951 fue un mes especialmente destacado por la influencia del movimiento huelguístico:
“En Barcelona, el descontento por la persistencia del racionamiento y los bajos salarios se manifestó en un boicot al transporte público en protesta por una nueva subida del precio de los billetes y rápidamente se extendió a la industria… se convirtió en el movimiento huelguístico más importante de la historia del régimen y fue secundado varias semanas después por paros menos numerosos en Vizcaya y Guipúzcoa”.[xix]
Desde la óptica del franquismo social, el conflicto plasmado en las huelgas del año 1951 no supuso más que un momento en el que se explicitó la violencia obrera catapultada por las fuerzas del comunismo internacional gracias a la financiación de grupos de desestabilizadores en el interior. También podía ser el reflejo de que el fin del aislamiento y la penuria daban el pistoletazo de salida para el retorno de los grupos marxistas que buscaban la significativa fecha del 12 de marzo para realizar sus movimientos, por ser el día después en el que Franco había recibido el homenaje del Sindicato en el Palacio de Oriente y en el que se escuchó el mensaje radiofónico de Pío XII. Evidentemente, se obviaba el hecho de que el precio de la docena de huevos alcanzaba las 29 pts., el litro de aceite de peor calidad las 30 pts./litro o el kilo de carne las 50-60 pts./kg.[xx] El objetivo, según Girón de Velasco, era la agitación interior y la difusión de consignas cuya meta era la destrucción de los logros sociales del régimen. Fue el año 1951 uno de tantos avisos para las autoridades que percibieron por medio de la inestabilidad social las dificultades para mantenerse eternamente en el poder:
“… contemplados hoy aquellos amagos de huelga en Cataluña, Vizcaya y Madrid, resultan prácticamente inapreciables. Pero para un pueblo que había vivido en paz podía significar cuando menos la certidumbre de que no todo estaba ganado…
… La huelga de la primavera del cincuenta y uno fue un fracaso para sus organizadores, pero un punto de atención, muy sensible, para quienes nos afanábamos en la gobernación del Estado”.[xxi]
Esta sería “la primera gran acción de masas”[xxii] no atribuible a las fuerzas residuales del movimiento obrero enraizado en la II República. El 1 de marzo comenzó en Barcelona un boicot al tranvía acompañando la protesta por la subida del precio del billete de 50 a 70 céntimos con demandas relacionadas con la carestía de la vida y la política represiva del Gobierno. Ello condujo a un llamamiento a la huelga general el día 12 de marzo. La huelga cesó el día 14[xxiii] con una orden de la Delegación de Trabajo ordenando a las empresas el despido de los trabajadores arrestados y el descuento de las retribuciones de las horas de huelga, pese a lo cual corría entre la Organización Sindical el temor de que algunos de sus elementos pudieran haberse desentendido de la disciplina debida, cooperando con las actividades desestabilizadoras.[xxiv]
El 21 de abril de 1951 comenzó la huelga en los astilleros Euskalduna de Bilbao extendiéndose a otros centros como Altos Hornos de Vizcaya, Basconia, Babcock&Wilcok, etc. El gobierno en el exilio del País Vasco lanzó la consigna de la huelga de 48 horas el 23 de abril. La situación era fácilmente previsible por parte del Ministerio de Trabajo y del Sindicato en función de la clara conciencia del desequilibrio entre el coste de la vida y los salarios. Se temía que de igual manera que en 1947, el 1º de mayo fuera la fecha clave para el comienzo de los movimientos aunque, como se ha dicho, habría que esperar casi un año para que aconteciera algún suceso importante.[xxv] Ante ello la estrategia de algunos elementos del sindicalismo en la provincia era la de adelantarse a las peticiones de los obreros por la conciencia de que la consecución de demandas fruto de una huelga constituía una victoria moral para aquellos y una derrota para los que debieran ser sus interlocutores oficiales.[xxvi] Esa derrota sindical podía ser más fácilmente perceptible en el sector siderometalúrgico porque en abril de 1950 las revisiones salariales no habían llegado todavía a este sector. Y es que la propuesta de revisión estaba paralizada ante la necesidad del informe previo del Ministerio de Industria y Comercio. Esta situación y el incremento de las hojas clandestinas de la UGT, CNT y Solidaridad de Obreros Vascos era lo que hacía pensar en la posibilidad de movimientos el 1 de mayo.[xxvii]
En Madrid, el 22 de mayo se incrementaron los precios del metro y ello provocó un plante similar al de Barcelona aunque la huelga, promovida por el PCE, no llegó a estallar.[xxviii] Era la “huelga blanca”, denominada así porque no consistió en la paralización de la actividad laboral sino en una manifestación generalizada ante la subida de los precios de los productos más básicos y el escaso poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores madrileños.[xxix] En general, la situación era preocupante entre los trabajadores del agua, el gas y la electricidad por la singular repercusión que podía tener en el resto de las actividades productivas la paralización de servicios e industrias básicas como estas. Y es que había motivos más que suficientes para conceder a estos trabajadores una elevación del salario base o una paga extraordinaria. La Orden de 12 de julio de 1949 autorizaba un aumento en las tarifas eléctricas cuyo objetivo inicial era compensar el plus de carestía de vida que el Ministerio de Trabajo había concedido en julio de 1949, siendo más que evidente que el incremento de los ingresos por dicho motivo superaba clarísimamente el mencionado coste del plus.[xxx]
Tras las huelgas de la primavera de 1951 se plantearon otro tipo de problemas que tenían que ver con la forma en que los empresarios aprovecharon la coyuntura para sustituir unos trabajadores por otros, independientemente de que el despido estuviera justificado por la ausencia al puesto de trabajo o no. Tras las huelgas se produjo el acuerdo en Consejo de Ministros de notificar a los gobernadores civiles de las provincias más afectadas (Barcelona, Navarra, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava) el indulto pero, como se ha dicho, el problema más grave se planteaba por la tendencia a detraer de las Magistraturas de Trabajo los conflictos sociales en tanto que la huelga era considerada un delito político del que estas instancias habían de quedar relegadas a un lugar secundario si así se decidía por parte del aparato franquista:
“Como consecuencia de las sanciones impuestas y de la anulación de los contratos de trabajo, se produjeron algunos despidos. Estos fueron de dos clases: Unos, justificados por falta de asistencia al trabajo; otros, inmotivados, ya que algunas empresas aprovecharon la ocasión de las huelgas y las sanciones para desprenderse de personal que, por cualquier causa distinta de aquel conflicto, no les interesaba conservar a su servicio.
En cuanto a los despidos justificados se pregunta si por aplicación del perdón han de ser repuestos los despidos. En caso afirmativo se piden normas para resolver la situación que plantea la existencia del personal que entonces se contrató en sustitución del despedido que ahora se readmite.
Parece ser que se interpusieron recursos ante las Magistraturas del Trabajo contra algunos despidos, inhibiéndose estas por razón de la especialidad y carácter político y de orden público de los conflictos. Se pregunta si cabe ahora reinstar ante dicha jurisdicción tales procedimientos”.[xxxi]
En marzo de 1952 en algunos centros fabriles de Barcelona se llevaron a cabo plantes y en mayo de 1953, la autorización del aumento de precios en algunos productos básicos originó el de los metalúrgicos en esta ciudad en demanda de aumentos de salarios.[xxxii] Probablemente ayudó a ello la celebración, el 27 de mayo de 1952 en Barcelona, del XXXV Congreso Eucarístico Internacional, lo cual generó una gran preocupación por parte de la Organización Sindical y del Ministerio de Trabajo.[xxxiii] Preocupación que llegaba a niveles increíbles de paranoia ante posibles levantamientos populares, hasta el punto de que en núcleos de poco peso específico en los movimientos huelguísticos contra el franquismo como Logroño se percibía por la misma Organización Sindical como contraproducente la intensificación de las medidas de control policial.[xxxiv]
Todo ello serviría para explicar, al menos en parte, la paga extraordinaria del mes de octubre de 1952 (no a los trabajadores agrícolas) o el aumento en un 25% de los salarios llevado a cabo en julio de 1951. Sin embargo, en líneas generales el transcurso del año 1952 fue relativamente tranquilo[xxxv] pese a la extenuante obsesión del régimen ante la posibilidad de un estallido de descontento social en puntos del territorio nacional como Madrid, País Vasco[xxxvi] y Cataluña:
“Cunde en los trabajadores de Cataluña y especialmente en los de Barcelona, la esperanza de que con motivo del Congreso Eucarístico Internacional, se otorgue algún beneficio económico.
Esta situación expectante de la clase trabajadora, pudiera ser explotada, en su día, por agitadores procedentes del extranjero, aunque no se señalen demasiadas probabilidades para su éxito. Ha circulado material de propaganda subversiva, en considerable parte recogida por la policía.
Aunque la situación sea sensiblemente mejor que la del mismo mes del año precedente, persiste en los medios laborales catalanes, al igual que en las otras regiones, la ansiedad ante posibles medidas gubernamentales que hagan efectivo el equilibrio de precios y jornales”.[xxxvii]
Así a principios de este año solo se detectaban pequeños puntos de conflicto en Gerona (zona corchera), en Ponferrada (León), Cádiz (fundamentalmente en Jerez de la Frontera), Pontevedra (Villagarcía), Ceuta, Barcelona y Bilbao. En algunos sectores del sindicalismo español se achacaba el aumento de la conflictividad a la apertura del régimen y más concretamente a la “libertad en el decir y escribir”.[xxxviii] En Bilbao, el conflicto más relevante se produjo en Sestao en la Constructora Naval:
“… tuvo su origen en el accidente de trabajo registrado en la factoría de la Constructora Naval durante la reparación del barco Monte Ulía. A causa de la rotura de un andamio cayeron dos obreros a la bodega, muriendo uno de ellos en el acto a las 11,30 horas de la mañana. El cadáver no fue levantado ni fue avisada la familia ocurriendo el lamentable episodio de que cuando la esposa de la víctima acudió con la comida, se encontró el cadáver del marido. El ingeniero jefe informó de la desgracia por la tarde y los compañeros de la víctima quisieron manifestar su disgusto y su dolor acudiendo al entierro. La empresa solo concedió el permiso a los compañeros de departamento del accidentado, abandonando el trabajo los obreros de la totalidad de las dependencias de la factoría, salvo dos de ellas. El entierro del cadáver tuvo lugar aquella tarde en Sestao, concurriendo en efecto los obreros de la Naval con excepción de los de las dos dependencias citadas. Naturalmente, la empresa ante el hecho de que casi todos los obreros habían abandonado la fábrica sin permiso, lo puso en conocimiento de la autoridad. Por esta se dispuso la detención de 10 trabajadores corriendo entre la masa de estos la voz de que si no se dejaba en libertad a los detenidos se anunciaría una verdadera huelga… Cabe agregar que la inspección practicada por la Delegación de Trabajo ha comprobado que el accidente ha sido por negligencia de la empresa, ya que el andamio no estaba en buenas condiciones”.[xxxix]
El año 1953 se distinguió por las huelgas en el País Vasco y más concretamente en la empresa Euskalduna. Antes de producirse este conflicto los obreros de la Constructora Naval de Sestao,[xl] Babcock&Wilcok y Altos Hornos de Vizcaya[xli] ya habían mostrado sus deseos de ir de nuevo a la huelga a comienzos de agosto.[xlii]
En el caso de Babcock&Wilcok, la empresa, para evitar la paralización de la producción, había accedido a principios de noviembre a recibir a una representación alegal de los obreros para atender a lo que consideraban justas aspiraciones de los trabajadores[xliii] cuyo resultado fue la concesión voluntaria, por parte de las empresas, de subidas sin la autorización sindical. Esta comisión fue dirigida por el capellán de la empresa, padre Arrinda (“de notoria afiliación y actuación separatista”[xliv]) que según él mismo, venía en nombre de la HOAC y especialmente del obispo de Bilbao, monseñor Casimiro Morcillo.[xlv] Este era el principal problema de la Organización Sindical; no solo se sentía apartada de la toma de decisiones por parte de entidades estatales superiores, sino que la percepción de ese hecho evidente entre los trabajadores y las propias empresas suponía un paso más en la pérdida de prestigio y de peso progresivo de la misma. Y es que la HOAC había irrumpido en la vida laboral siendo muy atacada porque algunos de sus miembros planteaban “los problemas duramente y sin ambages”,[xlvi] exactamente lo contrario de lo que hacía la Organización Sindical, salvo excepciones. El problema se multiplicaba tanto en cuanto se percibía en el sindicato de Vizcaya que detrás de la huelga se encontraba la HOAC intentando apropiarse de la representación de los trabajadores y procurando entrar en negociaciones con las autoridades, saltando por encima de la representación sindical.[xlvii] En otro informe del 4 de noviembre, el delegado provincial de Vizcaya reconocía como, en líneas generales, las empresas habían venido elevando voluntariamente los salarios, siendo un 50% más elevados que las tablas estipuladas en las reglamentaciones siderometalúrgicas de 1946, pese a lo cual el problema no se había solucionado.[xlviii] En definitiva, el Sindicato observaba con gran preocupación como las actividades de algunos eclesiásticos y de sus organizaciones tomaban iniciativas que, teóricamente, correspondían a la organización estatal, vaciando todavía más de contenido su propia existencia.
En el caso de Euskalduna, la huelga estuvo en el origen de los aumentos salariales de febrero y marzo de 1954. El 30 de noviembre de 1953 la empresa anunciaba a los trabajadores que se suspendía el denominado cuarto o prolongación de la jornada laboral durante dos horas extraordinarias; el 1 de diciembre los 200 trabajadores de los talleres de maquinaria de la empresa declaraban la huelga de brazos caídos, secundada posteriormente por gran parte del resto de los talleres e, incluso, indirectamente por parte de la jerarquía eclesiástica. Concretamente la afirmación del arzobispo de Valencia (Marcelino Olaechea Loizaga) a finales de 1953 en el sentido de que un matrimonio sin hijos necesitaba un mínimo de 60 pts. para vivir dignamente contrastaba con una realidad en la que muy excepcionalmente se superaban las 20 pts. diarias.[xlix] De forma paralela, según el sindicato provincial, se estaba divulgando por los distintos departamentos de la empresa que se iba a desarrollar una “reunión de arzobispos para plantear al Caudillo la formación de sindicatos católicos libres y que entonces se quedaría la Organización Sindical de Falange sin productores”.[l] Este era un factor que preocupaba especialmente al franquismo social puesto que era sumamente preocupante que misiones dirigidas por miembros de la Iglesia católica, como la Misión del Nervión, sirvieran para inculcar en los obreros ideas ajenas al ideario oficial:
“… los obreros de la Euskalduna manifiestan que como en la reciente misión del Nervión se les había dicho que la huelga es lícita siempre que no sea violenta, que se hallen agotados todos los procedimientos legales y en tanto en cuanto que ni el Gobierno, ni los Sindicatos les hacían caso en sus reclamaciones y los salarios no satisfacen las necesidades del nivel de vida”.[li]
A las 11,30 de la mañana el paro era casi total y allí acudieron el vicesecretario provincial de Ordenación Social y el jefe de la Sección Social Provincial del Sindicato del Metal, sin que por ello lograran que los obreros volvieran al trabajo.[lii] Esa misma noche del 1 de diciembre la policía detenía a 14 trabajadores[liii] y el día 4 se anunciaba el despido de todos los huelguistas a lo cual respondieron los obreros solicitando al obispo de Bilbao su mediación en el conflicto. Paralelamente el secretario nacional de Sindicatos (Vizcaino Márquez) se vanagloriaba, en misiva enviada al secretario general del Movimiento Raimundo Fernández Cuesta, del comportamiento ejemplar de los enlaces sindicales para deshacer la huelga hasta el punto de ensalzar el hecho de que incluso algunos “acudieron a la fuerza para conseguir el restablecimiento de la normalidad”.[liv] El resultado fue que el día 2 de diciembre solo 100 de los 2.000 trabajadores de Euskalduna habían ido a trabajar. Dos días antes (por el 1 de diciembre) paraba la empresa Naval,[lv] (aunque a principios de año ya se había desarrollado otro conflicto grave en la misma empresa)[lvi] y el mismo día 4 paraban los Astilleros del Nervión.[lvii] El día 5 se colocaba en el tablero de la compañía una nota por la que se instaba a los trabajadores despedidos a solicitar de nuevo la admisión con el objetivo de realizar una selección que dejara fuera de la empresa a los elementos más destacados en la huelga,[lviii] siendo detenidos aquellos que los rompieron en medio de comentarios de resistencia y oposición.[lix] El día 7 continuaban trabajando 1.170 empleados y la empresa como premio a su conducta les concedía un aumento diario de 2 pts.[lx] en un contexto en el que las reuniones de los huelguistas ponían de manifiesto una cierta reticencia de los especialistas a volver al trabajo ante la pérdida de antigüedad que contrastaba con la mayor disposición de los no especialistas a retornar lo antes posible a la empresa.[lxi] Y el día 8 de diciembre, los trabajadores de Euskalduna volvían al trabajo con 19 despedidos por parte de la empresa[lxii] aunque finalmente se levantarían las sanciones y se pondría en libertad a los detenidos días después.[lxiii]
Sin embargo, como es lógico, el conflicto se venía larvando con anterioridad hasta el punto de que, para el delegado sindical provincial, la situación a mediados de noviembre era ya de “evidente peligro”[lxiv] ante la impotencia de un Sindicato consciente de su función secundaria dentro del régimen,[lxv] sabedor de que su única misión era la de contener las “justas demandas de los 70.000 trabajadores”[lxvi] del Sindicato del Metal en un contexto de elevación de precios, de aumento de las tarifas de la electricidad, de incremento de los beneficios de los empresarios, etc. En torno a esta cuestión, resultaba sangrante para el mundo del trabajo observar como una leve subida de un plus como el de carestía de vida llevaba aparejada la posibilidad de elevar oficialmente los precios de los productos elaborados por los trabajadores de este sindicato (caso del acero especial en torno al 30 o 40%). “Reconocemos que los precios oficiales actuales de los productos siderúrgicos están muy por bajo de los que rigen en las naciones europeas para esta clase de materiales, pero más vale no hacer comparaciones, pues si las establecemos para la mano de obra española con la de dichas naciones, sacaremos consecuencias que tendrían un significado deprimente…”.[lxvii] concluía el informe elaborado en abril de 1953 por el Sindicato del Metal. De hecho, aunque tenga un carácter anecdótico, el bajo nivel de salarios en relación con otros países se manifestaba también en los procesos migratorios que se producían en el Marruecos español en dirección al francés.[lxviii]
Aparte de la alteración del orden público el mayor efecto que sobre el régimen tenía el conflicto laboral era la manifestación evidente de la inutilidad de la Organización Sindical. Esta realmente se sentía ninguneada. Se ha insistido en la existencia de otras huelgas menores en otros centros fabriles del País Vasco antes de comenzar el conflicto en Euskalduna en diciembre de 1953. En algunos casos, la solución a los mismos quedaba totalmente fuera de las posibilidades de actuación de la Organización Sindical, incluso cuando afectaba a empresas tan importantes como Altos Hornos de Vizcaya. En esta, a las 14,15 de la tarde del 23 de septiembre se llevó a cabo un plante de los trabajadores. Lo relevante para la Organización Sindical no era el plante en sí, sino el hecho de que este se resolvió sin que la mencionada organización tuviera conocimiento del mismo hasta quedar totalmente solucionado:
“… la Organización Sindical de Vizcaya se queja una vez más de que esta empresa soslaya sistemáticamente la actuación de las entidades sindicales y aún de los organismos laborales, dándose la circunstancia de que manteniendo, en general, una conducta intransigente en el aspecto social, en cambio, cede ante las presiones de la acción directa de los trabajadores. Con esto no solo padece el prestigio de la Organización Sindical, sino la necesaria disciplina y constituye un ejemplo peligroso para los obreros de las demás empresas que contemplan la eficacia que en este centro de trabajo tienen los procedimientos de acción directa, tan contrarios a nuestro sistema y al orden social”.[lxix]
En líneas generales, la percepción sobre la situación social en el año 1953 era negativa tal y como muestra parte del siguiente informe de la Vicesecretaría Nacional de Ordenación Económica con una preocupación especial centrada en el sector eléctrico, del agua y el gas, en la banca madrileña y en la industria pesada del norte de España:
“Se observa que el ambiente social y laboral continúa agravándose por la prolongación del ya dilatado período de congelación de salarios, mientras que los precios siguen ofreciendo una tendencia al alza, comprobada no solo en aquellos que se fijan espontáneamente en el mercado, como consecuencia de tarifas que vienen siendo autorizadas últimamente”.[lxx]
Como ya se ha mencionado, la intervención de algunos elementos del clero vasco, más concretamente de miembros de la HOAC e incluso del obispo de Bilbao, Casimiro Morcillo González, confirieron a la huelga de Euskalduna y de las demás empresas un carácter más problemático para las autoridades del régimen que tenían que afrontar incluso acusaciones sobre su falta de caridad cristiana. Pese a ello, paulatinamente, los trabajadores fueron entregando las solicitudes de ingreso encontrándose mayor oposición entre los especialistas pese a lo que “en la tarde del martes… sobre las siete, llamó a la primera autoridad el Sr. obispo, interesando recibiera una comisión de trabajadores, respondiendo dicha autoridad que lamentaba no acceder a su ruego, pero que él no podía tratar con huelguistas, y que cualquier problema laboral podían exponerlo en Sindicatos”.[lxxi] Para el Sindicato el paulatino incremento de las solicitudes en paralelo a la llamada del obispo de Bilbao demostraba la pérdida de fe de los huelguistas en la consecución de sus demandas.
El año 1953, no se distinguió únicamente por este tipo de estallidos. Podemos encontrar otros muchos casos con una potencialidad relevante. Este es el caso del sector de la industria papelera en el que parte de las empresas, conscientes de que su actividad era determinada por una de las reglamentaciones más antiguas (3 de abril de 1946) y con la única concesión de un plus de carestía de vida del 25% (Orden de 3 de mayo de 1950), concedían mejoras por su cuenta ante las amenazas de dimisión colectiva de todos los enlaces sindicales en regiones como la levantina.[lxxii] Otro ejemplo, puede ser el plante de los trabajadores de la empresa siderometalúrgica Elma de Mondragón[lxxiii] o los realizados desde agosto en la empresa Maquinista Terrestre y Marítima de San Andrés (Barcelona) al negarse los obreros a realizar las horas extras en las condiciones estipuladas.[lxxiv]
Posteriormente, a raíz del III Congreso Nacional de Trabajadores del 11 al 16 de julio de 1955, el partido comunista lanzó un llamamiento a la huelga en octubre de 1955 y febrero de 1956 que pese a la elevación de salarios de marzo de 1956 dio como resultado algunos movimientos reivindicativos en Pamplona, Valencia, País Vasco y Barcelona en los meses siguientes. Concretamente en Barcelona, en algunas fábricas textiles, hubo huelgas de brazos caídos.[lxxv] En el caso del País Vasco se dieron algunos conflictos puntuales en la Constructora Naval de Sestao en paro el 17 de noviembre[lxxvi] o en Altos Hornos de Vizcaya.[lxxvii]
De nuevo, en enero de 1957, en Barcelona, a raíz de la elevación del precio del billete del tranvía se produjo otro boicot similar al de 1951, al que siguió un intento análogo en Madrid realizado durante los días 7 y 8 de febrero.[lxxviii] De nuevo surgió el pavor entre las filas del régimen ante la posibilidad de una huelga general.[lxxix] Y es que en Bilbao las subidas del precio del billete suponían un aumento que oscilaba entre el 60 y el 125% y en San Sebastián en torno al 45%. En Barcelona la subida provocó un aumento del precio del billete de 60 a 80 céntimos (en metro, tranvías, trolebuses y autobuses) y en Valencia un incremento mínimo entre los 20 céntimos y los 60 sobre el precio antiguo.[lxxx] Y es que estas subidas en el billete de los tranvías, en algunos casos, no tenían como justificación la elevación de los salarios de los trabajadores en estos sectores, trabajadores que por otra parte estaban en muchos casos “al margen de toda defensa social y sindical” siendo habituales los casos “de despido de cobradores y conductores, sin que les quepa recurso contra las determinaciones de este carácter”.[lxxxi] Así, en noviembre de 1953, en la provincia de Granada se dio el caso de un gran malestar (término eufemístico utilizado muy asiduamente para referirse a un conflicto laboral)[lxxxii] a raíz de una elevación de tarifas que no revirtió en los trabajadores (en algunos casos con sueldos de 13,65 pts. diarias). Situación idéntica se vivía en la compañía del metropolitano de Madrid en la que el alto personal percibía pluses y gratificaciones libremente concedidas por la empresa incluidas en los gastos de explotación, mientras que el personal sometido a la reglamentación cobraba salarios de incluso 8,25 pts. diarias.[lxxxiii]
En este marco de huelgas puntuales, la minería, concretamente la asturiana, no manifestó la conflictividad de Cataluña, el País Vasco o Madrid. La minería asturiana en todos estos años vivió en mayor medida ausente de toda esta problemática social en lo cual tuvo una gran influencia el hecho de que este sector dependiera laboralmente de un mercado protegido, la militarización de las minas durante la década de los cuarenta y el hecho de que fuese (por su potencial conflictividad) un sector con más privilegios que el resto, en el sentido de beneficiarse de las pocas ventajas que el régimen otorgaba a los obreros: servicios sociales, viviendas, exención del servicio militar, etc.[lxxxiv] Ese fue el motivo de que hasta marzo de 1957 no se produjera en Asturias ninguna huelga de importancia.
Sin embargo, en otras zonas mineras, la inexistencia de conflictividad no suponía ni mucho menos que el trato fuera privilegiado tal como se puede observar en el informe que la Vicesecretaría Nacional de Ordenación Económica elaboró a mediados de los años cincuenta en torno a las minas de Riotinto y Tharsis, en Huelva. En ellas los trabajadores habían estado sometidos a un sistema de “explotación colonial” que no se había alterado con el cambio de titularidad en la empresa. La situación de los mineros se caracterizaba por la acusada escasez de viviendas, la falta de condiciones de salubridad en las mismas, el hacinamiento, la falta de sanidad e higiene, aparte del “dominio que las empresas ejercen sobre la totalidad de los respectivos términos municipales que determinan que muchas veces, las autoridades locales y delegadas se vean influidas en sus decisiones, y no ostenten la independencia necesaria para imponer el cumplimiento de las leyes”, forma eufemística de reconocer la corruptela generalizada del poder político. A ello se podía añadir lo siguiente: “además de que en cuanto a retribución y condiciones materiales de trabajo la situación no es satisfactoria, esta se ve agravada por el trato poco humano que en general sufren los trabajadores y el ambiente que perciben de arbitrariedad y falta de garantía en sus derechos”.[lxxxv] Podemos agregar que entre los trabajadores de las minas no estaba generalizada la obligación por parte de las empresas de entregar ropas de trabajo, que carecían de comedores adecuados, que carecían de los servicios efectivos más elementales del Seguro Obligatorio de Enfermedad, que el reglamento de enfermedades profesionales no llegaba a estos con la eficacia debida, etc.
Este puede ser el panorama de algunos de los conflictos laborales vividos por Girón durante el primer franquismo. Un panorama que nos pone en contacto con un bajo nivel de vida que determinaba movimientos huelguísticos en los que las cuestiones estrictamente laborales ocupaban un lugar fundamental.
[i]Girón (1994), op. cit., pág. 175.
[ii]Solé, La recesión del neocorporativismo…, op. cit., pág. 51.
[iii]Morodo, Raúl: Los orígenes ideológicos del franquismo: Acción Española. Madrid, Alianza Universidad, 1980, págs. 187-218.
[iv]Era común este tipo de práctica ante un marco en el que la Organización Sindical en muchas ocasiones no actuaba más que como desmadejador de enredos y conflictos en favor de la empresa: “La Empresa dice que los obreros están saboteando la producción y que los géneros son de inferior calidad a la normal, debido a que los operarios mezclan hilos voluntariamente con el propósito de causar perjuicio a la producción”. Situación en la empresa Edmundo Bebie, S.A. de la Farga de Bebie (Gerona). VNOE, 20 de octubre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-78-53.
[v]Secretaría de despacho del delegado nacional de Sindicatos, 12 de julio de 1949. AGA, SS, IDD 136.01, 3.336.
[vi]Llorens, op. cit. 156.
[vii]APG, JDN, leg. 26, nº 2. Informe del Consejo Nacional de FET y de las JONS en torno a la Ley de Bases de la Organización Sindical de mayo de 1939.
[viii]Girón (1994), op. cit., pág. 161.
[ix]Payne (1987), op. cit., pág. 369.
[x]Ferri y Sanjuán, op. cit., págs. 75-76.
[xi]En este caso los obreros del sector textil fundamentalmente se negaron a recuperar las horas perdidas por las restricciones eléctricas, cuestión que quedó resuelta al aceptar la empresa abonar las horas sin recuperarlas. A renglón seguido los trabajadores pidieron un aumento de salarios apoyada en la huelga de brazos caídos de la fábrica Bertrán y Serra ante lo cual la patronal ofertó un aumento de 45 pts. mensuales en concepto de subsidio de vida cara. Pero el 25 de enero, al ir a cobrar los trabajadores del turno de tarde, se llevaron la sorpresa de que el sueldo del día anterior es abonado, lo cual provoca de nuevo la huelga de brazos caídos. Reuniones sin éxito, intervención del gobernador civil de Barcelona (coronel Barba), intervención de la policía armada y la guardia civil. Estos fueron los siguientes capítulos del estallido de Manresa que acaba 8 días después de su comienzo con una serie de concesiones retiradas en el momento en que los trabajadores volvieron a la fábrica. Alba, Víctor: Historia de la Resistencia Antifranquista. Barcelona, Planeta, 1978, pág. 276.
[xii]También el movimiento de Manresa estuvo en el origen de otros brotes huelguísticos en Barcelona, el Vallès y el Maresme a lo largo del mes de febrero. Así los obreros de Maquinista Terrestre y Marítima exigían la liberación de cinco trabajadores encarcelados en la huelga de 1945 y en los Altos Hornos de Hospitalet 1.000 obreros fueron también a la huelga. Igualmente, el movimiento se deja sentir en algunos puntos de Murcia, Alicante, Andalucía y en El Ferrol, donde en el mes de junio 5.000 empleados de Bazán exigieron aumentos de sueldos. Ferri y Sanjuán, op. cit., págs. 77-86.
[xiii]Ídem, pág. 91.
[xiv]Payne (1987), op. cit., pág. 388.
[xv]Preston, Paul: Franco. Caudillo de España. Grijalbo, Barcelona, 1994, pág. 710.
[xvi]Alba, op. cit., pág. 270.
[xvii]“… puede recoger la información de que, elementos extraños a nuestra organización, principalmente pertenecientes a la CNT y que seguían obedeciendo consignas clandestinas, se preparaban a acudir a nuestras elecciones en las que esperaban, presentándose muy unidos, obtener triunfos más bien que por su propia influencia sobre la masa trabajadora (que sin ser grande hay que reconocer no es despreciable), en la gran dispersión de nuestros afiliados… es preciso hacer una selección muy rigurosa y mantener una vigilancia muy tensa sobre los elementos que durante muchos tiempo nos han sido hostiles y han estado apartados de nosotros”. Informe del jefe nacional del Sindicato de la Construcción, Vidrio y Cerámica sobre el de Barcelona y Valencia, 1955. AGA, SS, IDD 88, r/468.
[xviii]Ferri y Sanjuán, op. cit., págs. 93-114.
[xix]Payne (1987), op. cit., 429.
[xx]Ferri y Sanjuan, op. cit., pág. 149.
[xxi]Girón (1994), op. cit., págs. 149-150.
[xxii]Conard Malerbe, Pierre: La oposición al franquismo 1939-1975. Madrid, Naranco, 1977, pág. 71. “Unos 300.000 obreros no van al trabajo”, según estimaciones de Alba citando a la Agencia France-Presse. Alba, op. cit., pág. 296.
[xxiii]El 13 según Alba. Ídem, pág. 297.
[xxiv]Informe reservado del delegado provincial de Burgos al delegado nacional de Sindicatos, 22 de mayo de 1951. AGA, SS, IDD 90.01, R/162.
[xxv]Por supuesto, ni que decir tiene, que la fecha del 1º de mayo despertaba todo tipo de temores e incluso paranoias ante la posibilidad de que se rompiese la calma laboral sobre todo cuando afectaba a una gran empresa que pudiera actuar de espoleta en alguna región industrial como el País Vasco. Concretamente el 30 de abril de 1952 el ministro de Industria (Joaquín Planell) se disponía a visitar la Naval de Sestao para lo cual se pretendió imponer a sus trabajadores la permanencia en la empresa más allá del horario establecido a lo que en principio se negaron. La resistencia solo pudo romperse con la actuación intimidatoria de los enlaces sindicales que como en tantas otras ocasiones actuaron de apagafuegos. Incidente laboral en Sestao (Vizcaya). VNOE, 30 de abril de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxvi]“Estamos todavía a tiempo para, reconociendo la verdadera necesidad de atender esas aspiraciones, acceder a ellas, puesto que si por el contrario las situaciones de disgusto se exteriorizan en forma ilegal antes de haber mejorado la situación económica de los trabajadores, hacerlo después pudiera parecer a estos como un triunfo alcanzado por esas actividades lo que debilitaría la función de la Organización Sindical…”. Delegación Provincial de Sindicatos de Vizcaya (Gonzalo Marcos Chacón), 10 de abril de 1950. AGA, SS, IDD 136.01, 2.334-1.
[xxvii]Tarifas de salarios en la industria siderometalúrgica. 14 de abril de 1950. Vicesecretaría Nacional de la Delegación Nacional de Sindicatos (Francisco G. Ballesteros). AGA, SS, IDD 136.01, 2.334-1. Por lo que se refiere a la Organización Sindical vasca existía una especial inquietud por controlar sus puntos de actuación en Vergara y Éibar (Guipúzcoa). Situación social en Guipúzcoa. VNOE, 26 de marzo de 1952. AGA SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxviii]La huelga llegó el 24 a Vitoria y el 25 a Pamplona. Alba, op. cit., pág. 300.
[xxix]Ferri y Sanjuán, op. cit., pág. 190.
[xxx]Situación inquietante entre los obreros de agua, gas y electricidad. VNOE, 7 de noviembre de 1951. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxxi]Cuestiones que plantea el perdón de los sancionados en la pasada huelga. VNOE, 25 de octubre de 1951. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxxii]Con anterioridad se había producido un paro en 3 fábricas de géneros de punto en Calella (Barcelona) por las desavenencias en torno a la gratificación de Navidad que la empresa redujo desde 1949 y que hasta 1952 no había sido resuelto por el ministerio de Trabajo. Nota para el delegado nacional. VNOE, 8 de enero de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxxiii]Concretamente se temía la materialización del rumor que insistía en que la jerarquía eclesiástica, con ocasión de este congreso, iba a solicitar de los poderes públicos “la concesión de un plus de carestía de vida, gratificación, paga extraordinaria o cosa análoga, para todos los trabajadores. Atendiendo a este hecho, se solicita sea considerada la conveniencia de que la Organización Sindical haga con anterioridad esta petición,…”. Nota sobre la situación social. VNOE, 18 de marzo de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxxiv]“En los últimos días del mes que nos ocupa y ante la proximidad del 1º de mayo, nos fue dada la alarma de una posible producción de disturbios o conatos de paro huelguístico, pero puestos en contacto con los enlaces sindicales y secciones sociales de nuestro sindicato, pudimos comprobar que eran totalmente infundadas tales informaciones… Considero pues, de todo punto contraproducente el alarde de fuerza pública que se hizo en las proximidades de las concentraciones industriales, que provocó, como reacción, el disgusto de nuestros productores… sin que exista razón material para estas manifestaciones de patrullas numeras con armamento de guerra..”. Informes reservados de la CNS de Logroño, abril de 1952. AGA, SS, IDD 90.02, r/213.
[xxxv]Informe sobre la situación socio-laboral. VNOE, 7 de enero de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-1-53.
[xxxvi]En cualquiera de los casos todavía se vivían las consecuencias de los movimientos huelguísticos: “En el aspecto político desaparece, o por lo menos se encuentra bastante quieta, la presión… de lo que pudiéramos llamar el enemigo, es decir el frente rojo-separatista… Por otra parte, la petición fiscal a los todavía pendientes del sumario de la huelga del pasado mes de mayo, en su aspecto político todos ellos dirigentes nacionalistas, con la pena menor, – según noticias que se tiene-, de 20 años y un día por los delitos de subversión y asociación ilegal,…”. Informes reservados de la CNS de Álava, febrero de 1952. AGA, SS, IDD 90.02, R/212.
[xxxvii]Situación en Barcelona. VNOE, 16 de mayo de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xxxviii]“Ambiente social de descontento fomentado por la cada vez mayor libertad en el decir y escribir que se viene apreciando, tanto en la prensa, como en las conversaciones”. Informes reservados de la CNS de León, enero de 1952. AGA, SS, IDD 90.02, r/213.
[xxxix]Información sobre situación social. VNOE, 20 de febrero de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[xl]En el caso de la Naval la huelga se había declarado el día 21 de octubre de 1953. El motivo era la promesa de la empresa de conceder una gratificación extraordinaria si se aumentaba la producción. En el mes de se procedió a repartir la gratificación. Sin embargo, el personal administrativo y técnico recibió el importe de un mes de sueldo mientras que los obreros recibieron lo proporcional a 10 días de salario. Conflicto laboral en la constructora Naval de Sestao. VNOE, 4 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-88-53.
[xli]En el caso de Altos Hornos se explicitaron con anterioridad varios conflictos. El 28 de octubre de 1952 se había producido una huelga de brazos caídos al no aceptar los trabajadores del taller de forja pequeña el nuevo sistema (Bedoux) de trabajo impuesto por la empresa. El problema radicaba en la tendencia a explotar al máximo la mano de obra por parte de la empresa. Tradicionalmente los trabajadores realizaban su trabajo por medio de un sistema de primas que les garantizaba un sueldo superior en un 60% al salario base, aproximadamente. La imposición del nuevo sistema motivó la bajada del rendimiento de los empleados y el despido, primero de siete, y posteriormente de todos los miembros del taller. Es curioso como la Organización Sindical, que reconoce en sus informes la inexistencia de actitud negociadora por parte de la empresa, denunciaba paralelamente que el motivo del conflicto (se utiliza, como es habitual, otro tipo de términos eufemísticos para referirse a esta cuestión) era el afán de los obreros por trabajar “poco y sin control”. Conflicto laboral en un taller de Altos Hornos de Sestao. VNOE, 28 de octubre de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia. También Conflicto laboral en un taller de Altos Hornos de Sestao. VNOE, 13 de noviembre de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
El 18 de febrero de 1953 los trabajadores del departamento del tren semicontinuo comenzaron a “bajar la producción normal, en un cincuenta por ciento en el primer relevo, y al comprobarlo la empresa y manifestar el segundo relevo que seguiría la misma conducta que el anterior, se les suspendió a todos de empleo y sueldo, a resultas de un expediente. En vista de ello, el tercer relevo se negó a entrar al trabajo, quedando parado el departamento”. Solución al conflicto laboral en la fábrica de Sestao de Altos Hornos de Vizcaya, S. A. VNOE, 25 de febrero de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-13 bis-53.
[xlii]En el caso de Babcock&Wilcok el motivo inicial era la negativa de los obreros a trabajar la parte de jornada que realizaban como extraordinaria. Informe sobre el conflicto existente en la empresa Babcock&Wilcok. Delegación Provincial de Sindicatos de Vizcaya, 5 de agosto de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851. Sobre la evolución del conflicto en Babcock&Wilcok: Solución del conflicto laboral en la empresa Babcock&Wilcok. VNOE, 4 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-87 bis-53. Y también en Información del sindicato provincial del metal sobre problemas sociales. Vizcaya, 5 de agosto de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xliii]Correspondencia del delegado sindical en Vizcaya (Manuel del Valle Pando) al delegado nacional de sindicatos (Solís) sobre sociedad española de construcción Babcock&Wilcok, de 4 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xliv]Informe de Delegación Provincial de Vizcaya sobre Babcock&Wilcok elevado al gobernador civil, 4 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xlv]Correspondencia Delegación Provincial de Vizcaya con Secretaría Nacional, 8 de diciembre de 1953 e informe. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xlvi]Informes reservados de la CNS de Alicante, diciembre de 1951. AGA, SS, IDD 90.02, R/212.
[xlvii]Correspondencia de la Delegación Provincial de Vizcaya con la Secretaría Nacional, 22 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xlviii]Informe de la Delegación Provincial de Vizcaya sobre Babcock&Wilcok elevado al Gobernador civil, 4 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[xlix]Boletín reservado del ministerio de Información. “España en las ondas”, 4 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[l]Correspondencia del delegado provincial sindical de Vizcaya, Manuel del Valle Pando, al secretario nacional de Sindicatos, Miguel Vizcaino Márquez y a DNS, de 3 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[li]Nota recibida a las 10 de la mañana del día 2 de diciembre desde la Delegación Sindical Provincial de Vizcaya. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lii]Correspondencia del delegado provincial sindical de Vizcaya, Manuel del Valle Pando, al secretario nacional de Sindicatos, Miguel Vizcaino Márquez y a la DNS, de 3 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[liii]20 según la delegación provincial de sindicato. Nota recibida a las 10 de la mañana, el día 2 de diciembre de 1953 desde la Delegación Sindical Provincial de Vizcaya destinada al gobernador civil de Vizcaya y jefe provincial del Movimiento (Genaro Riestra Díaz) AGA, SS, IDD 58.02, 4.851. La misma cantidad de detenidos se repite en “Conflicto en la empresa Euskalduna de Bilbao, 2 de diciembre de 1953”. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[liv]Correspondencia de la Secretaría Nacional para la Secretaría General del Movimiento, 4 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lv]Nota recibida a las 10 de la mañana, el día 2 de diciembre de 1953 desde la Delegación Sindical Provincial de Vizcaya destinada al gobernador civil de Vizcaya y jefe provincial del Movimiento (Genaro Riestra Díaz) AGA, SS, IDD 58.02, 4.851. En otros documentos elaborados por Valle (delegado sindical de Vizcaya) se pone de manifiesto el temor que supuso la entrada en la huelga de la Naval en el sentido de que ello “pudo fatalmente haberse transformado en una huelga general” en la cual también pudo influir el momento del año en que se produjo la huelga con las pagas extraordinarias y las fiestas de Navidad de por medio.
[lvi]En este caso la manzana de la discordia fue la reducción por parte de la empresa en un 50% de la prima de asistencia al trabajo lo cual originó una huelga de brazos caídos el día 17 de enero. Conflictos laborales en Vizcaya. VNOE, 27 de enero de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-5-53.
[lvii]Aunque hay que considerar la tendencia del sindicato y del ministerio de Trabajo a minimizar los efectos de la huelga, según sus propias fuentes, el día 4 de diciembre ya iban a la fábrica 1.174 trabajadores. En el caso de la Naval parece ser que el peso de la huelga recayó más claramente en el día 4 de diciembre reproduciéndose la secuencia de la huelga de 1951 y afectando, según cifras oficiales a 1.300 trabajadores. Correspondencia del delegado provincial sindical de Vizcaya (Manuel del Valle Pando) al secretario nacional de Sindicatos (Miguel Vizcaino Márquez), 4 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lviii]Informe sobre la situación de la Compañía Euskalduna de construcción y reparación de buques SA y de la Sociedad Española de Construcción Naval. Correspondencia delegado provincial del Sindicato de Vizcaya a la Secretaría Nacional de Sindicatos, 5 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02. 4.851.
[lix]Informe sobre la situación de la Compañía Euskalduna y situación general en la zona de la zona industrial de la ría. Delegación Provincial Sindical de Vizcaya, 7 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02. 4.851.
[lx]Situación general en Euskalduna, 7 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02. 4.851.
[lxi]Correspondencia del secretario nacional de Sindicatos con el ministro secretario general del Movimiento (Raimundo Fernández Cuesta), 7 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02. 4.851.
[lxii]Ferri y Sanjuán, op. cit., págs. 217-220. También en Alba, op. cit., pág. 303.
[lxiii]Correspondencia de gobernador civil de Vizcaya con Delegación Provincial de Sindicatos, 24 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lxiv]Delegación Provincial de Sindicatos Vizcaya, 18 de noviembre de 1953. Nota para el Excmo. Sr. gobernador civil. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lxv]“… la tremenda situación de injusticia es padecida por multitud ingente de trabajadores, que son la mayoría de la población vizcaína, de hecho repercute desfavorablemente en la Organización Sindical, porque el comentario del indiferente y el hostil -y aquí son muchos de lo uno y lo otro- es ¿qué hacen los sindicatos en este problema social?… la forma de tratar este tema, con todos los respetos a la jerarquía, es contraproducente,… solo se logra enrarecer más el ambiente… seguramente si nosotros quisiéramos hacer comentarios tan duros sobre el problema social divulgados a los cuatro vientos en la prensa diaria, o campañas fuertes en este sentido, creo que no se nos permitiría… Lo triste es que tienen razón y que nosotros, que debemos llevar la bandera de la justicia social más alta que nadie, por la falta de atribuciones y medios eficaces para actuar y por la, a mi juicio, errónea política del Gobierno en este problema, de promesas y dilaciones que ya duran años, en realidad solo nos cabe el derecho, como a cualquier español de petición y el de pataleo si no nos hacen caso. El adjunto recorte hoy, y la pastoral del arzobispo de Valencia ayer, hacen sentirse a los trabajadores reforzados en su postura de queja… no sabemos precisar hasta donde podemos llegar en la actitud pasiva y de remolque de una política laboral que consideramos errónea… postulados de justicia social que todos sentimos y que, en definitiva, no solo no se cumplen, sino que se contrarían…”. Correspondencia de la Delegación Provincial de Vizcaya (Valle) dirigida al delegado nacional de Sindicatos, José Solís Ruiz, sobre pastoral en torno a la Santa Misión del Nervión, 13 de noviembre. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851. La pastoral del arzobispo de Valencia, Monseñor Olaechea, (por cierto, hijo de un trabajador de Altos Hornos de Vizcaya) llevaba fecha del 19 de febrero de 1952.
[lxvi]Escrito elevado al delegado nacional de Sindicatos y al jefe nacional del Sindicato del Metal, por los jefes de las Juntas Locales y Provincial del Sindicato del Metal de Vizcaya, 14 de marzo de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lxvii]En algunos casos hasta del 100%. Escrito elevado al delegado nacional de Sindicatos y al jefe nacional del Sindicato del Metal, por los jefes de las Juntas locales y provincial del Sindicato del Metal de Vizcaya, 14 de marzo de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lxviii]“Se viene notando en nuestra Zona del Protectorado en Marruecos un éxodo de trabajadores hacia el Marruecos francés y Argelia. Las causas parecer ser las diferencias de salario que existen en las plazas últimamente indicadas.
Los desplazamientos afectan principalmente a los obreros de siderometalurgia, carpintería y construcción.
Esta situación merece que se le preste atención ya que se nota la falta de mano de obra, para evitar que pudiera adquirir mayores proporciones”. Situación laboral en la zona del protectorado de Marruecos. VNOE, 2 de octubre de 1952. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[lxix]Breve plante en el departamento de cock de Altos Hornos de Vizcaya, SA de Baracaldo. VNOE, 5 de octubre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-71-53. En fechas anteriores se producía una situación similar en el departamento de cock: “La empresa, sin contar para nada con la Organización Sindical, entabló negociaciones con los huelguistas, cediendo a sus pretensiones,… La Organización Sindical estima improcedente la conducta de la empresa, al prescindir de los cauces sindicales para la solución de un conflicto, en la que, además, se ha abandonado la postura inicial ante la coacción de la huelga”. Conflictos laborales en Altos Hornos de Vizcaya, S.A. VNOE, 10 de junio de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-46-53.
[lxx]Informe sobre la situación social de España. VNOE, 18 de marzo de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-23-53. Concretamente en Madrid se había producido a las 7 de la tarde del día 17 de marzo una manifestación (según fuentes oficiales de tan solo 300 empleados de banca) ante los locales de la CNS de Madrid.
[lxxi]Informe sobre la situación en la Compañía Euskalduna de construcción y reparación de buques, SA y resto de las empresas. Delegación Provincial de Sindicatos de Vizcaya, 10 de diciembre de 1953. AGA, SS, IDD 58.02, 4.851.
[lxxii]Descontento entre los trabajadores de la industria papelera, 8 de abril de 1953. VNOE, noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 3.954, N-34-53.
[lxxiii]El plante de los trabajadores fue motivado por la alteración del horario por parte de la empresa. En este caso el resultado de la huelga de brazos caídos fue desfavorable para los trabajadores: “Los trabajadores que se habían distinguido por su falta de disciplina, como principales instigadores del plante y que abandonaron el servicio, con notorio quebranto para los intereses de la empresa, y que eran unos cincuenta, fueron sancionados con multas de diez pesetas, que incrementarán el fondo del plus familiar. También han perdido los haberes correspondientes a los días del plante”. Solución de un conflicto laboral en Mondragón (Guipúzcoa). VNOE 3 de febrero de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-7-53.
[lxxiv]Tensión en los centros metalúrgicos de Barcelona. VNOE, 3 de septiembre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-59-53.
[lxxv]Concretamente en la casa Trinxet y Batlló, en Hurtado y Costés (Caldas de Montbuy) y en la fábrica SEAT. Ferri y Sanjuán, op. cit., pág. 223.
[lxxvi]Conflicto laboral en Constructora Naval. VNOE, 17 de noviembre de 1955. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-186-55.
[lxxvii]En el caso de Altos Hornos el conflicto estalló en el taller de laminación de chapa fina. Anteriormente la huelga en los trenes fuertes de laminación en línea había producido la elevación de las primas a la producción y los primeros obtuvieron la promesa verbal de la empresa de que dicho taller tendría idénticos beneficios. Al no producirse la ejecución de la promesa y no encontrar amparo en el jurado de empresa los trabajadores de chapa fina recurrieron a la huelga siendo despedidos un total de 99 ante su decisión de volver a trabajar a jornal con la consiguiente disminución de la producción. Conflicto laboral en Altos Hornos de Vizcaya (Sestao) VNOE, 19 de octubre 1955. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-181-53.
[lxxviii]Conard Malerbe, op. cit., pág. 79.
[lxxix]Correspondencia del delegado nacional de Sindicatos con la Vicesecretaría General del Movimiento, 12 de enero de 1957. AGA, SS, IDD 90.02, r/332.
[lxxx]Delegación Nacional de Sindicatos. Nota informativa sobre malestar existente entre los trabajadores de las provincias de Vizcaya, Guipúzcoa, Barcelona y Valencia, por los recientes aumentos de las tarifas de los ferrocarriles de vía estrecha, tranvías, autobuses, trolebuses y metro. Madrid, 8 enero de 1957. Hay que tener en cuenta el grave problema de orden público que suponía la alteración del normal discurrir del sector de los transportes. Fruto de esta incidencia podemos poner como ejemplo la realmente poco complicada labor de los trabajadores de la EMT en el mes de noviembre de 1953 hasta el punto de lograr el día 25 de este mes la subida del plus de carestía de vida del 25 al 35% con tal de evitar su reclamación ante la Magistratura de Trabajo número 3 de Madrid. Solución al conflicto laboral de la empresa municipal de transportes de Madrid. VNOE, noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 3.954, N-105-53.
[lxxxi]Situación de los obreros de la compañía municipal de transportes de Madrid. VNOE, 7 de noviembre de 1951. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954.
[lxxxii]Situación tranvías de Granada. VNOE, 8 de octubre 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-76-53. Situación tranvías de Granada. VNOE, 5 de noviembre de 1953. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-94-53.
[lxxxiii]Compañía Metropolitano de Madrid. VNOE, 7 de noviembre de 1951. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, sin referencia.
[lxxxiv]Martín Angulo, Francisco: Los mineros ¡acusan! ¡las huelgas! Madrid, Sedmay, 1977, pág. 69.
[lxxxv]Situación de los trabajadores mineros de las empresas de Riotinto y Tharsis. VNOE, 1 de junio de 1955. AGA, SS, IDD 136.01, 3.954, N-160-55.
