Nuevos homenajes se suceden, como el que a instancias de la prensa se le va a rendir en Ferrol y a quien la corporación municipal acordó felicitar por unanimidad por su ascenso[1].
«Hablamos de Paco Franco, nuestro amigo del alma, y por ello de nuestra pluma, en contacto siempre con el corazón, brotan elogios espontáneos para este ilustre militar que, un niño aún, recibió en África su bautismo de sangre, y hoy, apenas cumplidos los treinta y dos años, un muchacho al fin, es ascendido a coronel. Su comportamiento en África mereció este premio. Paco Franco, –con orgullo de amigos y paisanos lo decimos– es hoy una de las más legítimas glorias del Ejército. Es pasmosa, admirable la carrera militar de este jefe ilustre, debida a sus méritos, a sus triunfos, a ese valor nativo en él, a ese desprecio generoso que en toda ocasión hizo de su vida, que Dios se encargó de guardar para bien de España.
Jefes dignos, aguerridos, valientes murieron como héroes en la campaña. Ellos como Paco Franco, escribieron las más gloriosas páginas de nuestra historia militar de Marruecos, a raíz de la reconquista después del derrumbamiento de 1921. Franco, siempre delante, con el pecho descubierto, en su caballo blanco, al frente del Tercio, realizó actos epopéyicos. Dios le ha guardado la vida, que él ofreció en aras de la Patria, y al fin, pasado el periodo más agudo, se le otorga el premio del ascenso.
Franco, es un elegido. Los hechos nos lo demuestran. Su labor del Tercio no admite parangón alguno. Con Millán Astray, fue un elemento de eficacia. Murió con honor y con gloria Valenzuela, y Franco fue ascendido “para mandar el Tercio”. Fue un acierto indudable. Con la Legión, con esos valientes legionarios, Franco en la zona Occidental ahora, como antes en la Oriental, ha dado señaladísimas demostraciones de lo que es y debe ser un jefe frente al enemigo. En los sitios de mayor peligro, en la tenebrosa encrucijada, en el desfiladero, lo mismo que en pleno llano, Paco Franco se hacía presente, y detrás de él, ciegos, le seguían sus legionarios.
No hemos de relatar los cientos de hechos de armas en que Franco triunfó. Sería demasiado largo, y no haríamos sino repetir una historia que toda España conoce, porque Paco Franco, con sus proezas, ha sabido conmover el alma popular española. En el más apartado rincón de España, el nombre de Franco es sinónimo de valiente, de patriota. Su sencillez, su bondad suma, le han conquistado la simpatía popular y devota del pueblo español. Si en el frente de batalla Paco Franco ha vencido al rebelde con su espada, en la Nación ha vencido todo lo agrio que tiene Marruecos. Al enemigo se le gana con la espada; los pueblos se conquistan con el corazón.
Ese es Franco, al que el pueblo ferrolano debe un homenaje. Tanto se ha abusado ya de los homenajes, que uno más acaso restara el mérito del homenajeado. Más, no es esto. Paco Franco, merece, por derecho propio, un homenaje que no iniciamos nosotros porque si ha de hacerlo el pueblo ferrolano, nadie más autorizado para ello que su verdadera representación: El Ayuntamiento.
A este, creemos nosotros, corresponde al ilustre ferrolano el tributo de nuestra admiración y de nuestra simpatía. Se han nombrado hijos predilectos, se han dado a las calles nombres ilustres, se han colocado en el salón del Municipio retratos de aquellos ferrolanos que de una manera o de otra honraron a este pueblo. Paco Franco, es una verdadera gloria ferrolana, porque es una gloria española. Se lo merece.
Es nuestro paisano, nuestro amigo de siempre, el camarada cordial, el militar digno, el jefe valiente y pundonoroso, es, sobre todo, una figura de relieve indudable en el Ejército, y merece por todos estos motivos el homenaje de su pueblo… y que otra pluma mejor cortada que la nuestra cantase sus proezas»[2].
Por su parte, el diario La Época, diario del partido conservador, afirmaba que el ascenso de Franco no lo había firmado el Gobierno sino toda la opinión del país. Para el periodista, Franco encarna «la valentía española», y cita al conde de Maistre para afirmar que en él se confirmaba la profecía de que la protección divina cae sobre los valientes. Al mismo tiempo habla de él caracterizándolo como culto y honrado, «pocos jefes como él están rodeados» de la simpatía del pueblo:
«El decreto concediendo el empleo de coronel al teniente coronel Franco, es de los que puede decirse que no ha sido solamente refrendado por el Gobierno, sino también por la opinión. Pocas personas han logrado ganar una aureola tan brillante, tan extensa y tan bien cimentada como el teniente coronel Franco.
Distinguido a las órdenes de Millán Astray, colaborador de este en la organización del Tercio Extranjero, Franco ha sido después un feliz continuador de la gloria de aquél. Los hechos de armas a los que ha asistido el coronel Franco son innúmeros, y bien puede decirse que en él se cumple la predicción del conde de Maistre cuando suponía la protección divina contra la muerte a los grandes capitanes.
El coronel Franco no es solo un bravo, sino persona culta y estudiosa, en quien hacen consorcio las armas y las letras.
Por eso la opinión, la pública y la profesional, ha visto satisfecho uno de sus anhelos, con el ascenso del coronel Franco».
En el territorio reina una cierta calma a principios de febrero, «sin novedad en ambas zonas del Protectorado», rotula su información el diario ABC el día 3; mientras que El Raisuni, ya bajo el control absoluto de Abd el-Krim va a ser trasladado a Xauen dado su grave estado de salud; aunque finalmente permanecerá en Axdir. Se anuncia también, en esos días, un nuevo viaje de Primo de Rivera a Marruecos previsto para el día 22. Pero los partes del mes son reiterativos insistiendo en que no hay novedad alguna.
[1] La Voz, 3-2-1925; El Progreso, 6-2-1925.
[2] «Paco Franco, ascendido a coronel», El Correo Gallego, 30-1-1925.
