Tras la victoria en la Guerra Civil, el Régimen optó[1] por una política de autarquía, que fue modificando a partir de 1951, cuando comenzó un lento proceso de liberalización de la economía.
El 19 de abril de 1939 se creó el Instituto Nacional de la Vivienda, que de inmediato puso en marcha un Plan Nacional de construcción con tres categorías: viviendas protegidas, viviendas bonificables y viviendas de renta limitada[2]. En 1950, el Gobierno estimó que existía un déficit de un millón de viviendas hasta poder alcanzar el objetivo de una vivienda por familia[3].
Para seguir avanzando en la resolución de ese problema, en 1957, el régimen de Franco creó el Ministerio de la Vivienda[4], tras la aprobación de la Ley del Suelo[5]. El nuevo ministerio asumió competencias de urbanismo[6], hasta entonces en poder del Ministerio de la Gobernación.
El primer ministro de la Vivienda fue un falangista, el arquitecto José Luis de Arrese. El segundo fue José María Martínez Sánchez-Arjona[7]. A raíz de la creación del Ministerio de la Vivienda, se constituyó el Plan de Urgencia Social de viviendas subvencionadas (1957). Muchas grandes empresas asumieron un protagonismo considerable, construyendo a sus expensas barrios con todos sus servicios para alojar a los obreros que trabajaban en sus fábricas[8].
El Ministerio de la Vivienda desarrolló varios Planes Nacionales para aumentar la disponibilidad de viviendas. Con el II Plan Nacional de la Vivienda (1961-1975) se construyeron 4.080.619 viviendas sociales (en 14 años, como se aprecia). Para estimar correctamente los logros del Régimen en este sector, a esa cifra hay que añadir las algo más de 500.000 de la etapa anterior, más las surgidas por la actuación de las grandes empresas antes citadas, así como las que no estaban incursas en plan alguno y obedecían a la iniciativa privada. Entre 1960 y 1980, el número de viviendas familiares se multiplicó por dos, es decir, un 100% de incremento. En 1960, el parque alcanzó 7,7 millones; en 1970 se elevó a 10,6 millones y a comienzos de los años 80, culminó en 14,7 millones. Ello permitió que la mayor parte de los españoles obtuviera una vivienda, que pagaron con hipotecas cuyo plazo medio se situaba entre 8 y 10 años, incluso con tipos de interés cercanos al 10 % anual.
En los años 60, coincidiendo con el vertiginoso crecimiento de la economía española, la urbanización alcanzó gran velocidad, debido sobre todo a la necesidad de absorber la emigración interior de las zonas rurales a la ciudad. El porcentaje de población urbana pasó del 56 % en 1960 al 75 % en 1975. Paralelamente, creció la clase media. En 1961, las cifras mínimas para eliminar el déficit de alojamientos de base se repartían entre 1.000.000 para colmatar el déficit existente; 1.500.000 para cubrir la demanda del gran crecimiento vegetativo de la población española; 250.000 para asumir la emigración interna y 900.000 para la sustitución de vivienda antigua.
Mediante Circular de 11 de mayo de 1937, el Secretariado Político del Movimiento creó la Organización Económica Sindical, en la que se encuadraron en Sindicatos por ramas de producción todos los factores productivos: trabajo, técnica y capital. El 30 de enero de 1938 se creó por ley el Ministerio de Organización y Acción Sindical, que desarrolló la estructura de la futura Organización Sindical.
La Organización Sindical, entidad de nuevo cuño, creó una red de instituciones que modificaron sustancialmente el nivel de preparación y formación de los obreros y campesinos de España. Durante su existencia creó Escuelas de Formación Profesional, ciudades residenciales, sanatorios propios, Escuelas de Capacitación Agraria, Escuelas de Artesanía e instalaciones deportivas, así como multitud de Cooperativas y de Cajas Rurales.
Los alimentos escaseaban al terminar la Guerra Civil. La carestía de productos alimenticios obedecía a tres causas concomitantes: la destrucción provocada por la Guerra Civil[9], el posterior desencadenamiento de la II Guerra Mundial[10] y finalmente, el aislamiento internacional provocado por las potencias aliadas a un país no beligerante[11], que fue continuado por la ONU[12], manejada por su Consejo de Seguridad, con la URSS a la cabeza. A ello se unieron a mediados de los años 40 la actividad terrorista[13] del maquis[14] y la sequía[15] que no permitió producir en secano lo que se hubiera podido obtener en condiciones normales. Recuérdese que España seguía siendo un país eminentemente agrícola.
Con carácter conceptual, la intervención de precios es un sistema de organización que procura ordenar el consumo de los productos existentes en lugar de desarrollar su producción vía precios libres[16].
Para paliar y finalmente resolver el acuciante problema, nada más terminar la Guerra Civil, el gobierno de Franco estableció un régimen de racionamiento para muchos productos alimenticios básicos y otros no alimenticios de primera necesidad. Con todo, el racionamiento no alcanzaba para cubrir las necesidades alimenticias básicas de la población[17], por lo que se vivieron años de hambre.
El 1 de junio de 1952 se suprimieron en España[18] las cartillas de racionamiento, cuya primera manifestación fue la instaurada durante el autodenominado Gobierno de la Victoria, presidido por Francisco Largo Caballero (PSOE), mediante Decreto de 5 de marzo de 1937[19]. Pero no es ésta la cartilla que terminó sus días en junio de 1952, sino otra establecida por el gobierno de Franco por Orden Ministerial del 14 de mayo de 1939, como respuesta administrativa a la escasez existente en la época de muchos productos alimenticios básicos y otros de primera necesidad.
Dada la escasez de suministros, la medida fue necesaria para evitar que los precios subieran desaforadamente y una buena parte de la gente no pudiera pagarlos, lo que hubiera supuesto una hambruna de consecuencias fatales[20]. Las cantidades de alimentos disponibles vía cartillas podían llegar a ser diferentes en función del tipo de trabajo del cabeza de familia. Inicialmente las cartillas de racionamiento eran familiares, pero fueron sustituidas en 1943 por cartillas individuales.
No había una cartilla de racionamiento, sino dos; una para la carne y otra para los restantes alimentos[21] y otros productos (jabón, por ejemplo). Se contemplaban diferentes grupos de consumidores: niños menores de 14 años, adultos y mayores de 60 años, con distintas cantidades. Los gestionaba la Comisaría General de Abastos, que cambiaba las cantidades en función de los stocks disponibles. Cada ciudadano tenía asignado el proveedor o tienda de comestibles que podía utilizar.
En todo momento el sistema productivo estuvo condicionado por la práctica desaparición de las reservas[22] de oro, plata y divisas del Banco de España[23], perpetrada por el bando frentepopulista, por el mantenimiento de España fuera de los circuitos financieros asociados al Plan Marshall[24] y por el boicot comercial decidido por Naciones Unidas[25].
Veamos qué ocurría por esa época en España desde una perspectiva socioeconómica e histórica. Como sabe el lector, la Guerra Civil terminó el 1 de abril de 1939. El país estaba en muy malas condiciones económicas, pues no sólo la guerra sino también el previo desastre del último período republicano habían desmoronado su estructura económica[26].
Fueron tiempos difíciles. Los años más duros fueron, lógicamente 1940 y 1941, algo más en la zona que había controlado el Frente Popular, donde los destrozos económicos y sociales habían sido enormes. Se estima que en España murieron de hambre en torno a 3.000 personas entre 1939 y 1947. En Grecia, la cifra estimada fue de 300.000. Cifras superiores a la española fueron las de Países Bajos, Francia e incluso Alemania (entre 1945 y 1948, sobre todo)[27].
Los años cuarenta fueron especialmente difíciles. Recuérdese que la II Guerra Mundial se había iniciado en Europa el 1 de septiembre de 1939 y que el aislamiento de España[28] comenzó entonces, para considerarse prácticamente terminado en 1953. Poca ayuda exterior[29] llegó al régimen de Franco, el cual, no obstante, se desempeñó razonablemente bien, dadas las circunstancias. Los primeros años 40s vieron la recuperación de los niveles de 1935[30] en cuanto a producción de energía eléctrica, siderometalúrgica y cementera, componentes todos ellos esenciales para la reconstrucción de la posguerra. La renta per cápita republicana fue superada en esos primeros años 40s[31].
¿Qué pasó en otros países que sufrieron directamente la Guerra Mundial en Europa? En el Reino Unido, el racionamiento llegó a ser más severo después del final de la guerra que durante ella[32]. El pan empezó a ser racionado en 1946. El azúcar quedó liberado en febrero de 1953. El final del racionamiento no ocurrió hasta 1954, con el plátano. Por su parte, los ciudadanos de Francia, Italia y Bélgica habían estado sujetos a racionamiento hasta 1949.
En EE. UU., la Office of Price Administration vigilaba los precios y establecía topes en los productos alimenticios. Desde 1941 hasta 1946 se racionó el 33% de los productos alimenticios de los norteamericanos. Canadá tuvo su propio racionamiento hasta 1947. El de Irlanda terminó en 1951; Suecia[33], Portugal y Suiza (duró hasta 1948), todos neutrales durante la guerra, también recurrieron al racionamiento. Países Bajos suprimió la cartilla en 1952. Finlandia lo hizo en 1955. Hungría eliminó el racionamiento en 1948, pero la dictadura comunista lo reintrodujo en 1951. En Polonia se reinstauró en la década de los 50 y luego entre 1976 y 1989. En Cuba, el castrismo introdujo en 1962[34] la cartilla de racionamiento. Hasta ahora. En Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro empezó con ella en 2016.
¿Cómo, cuándo y por qué cambiaron las cosas? La mejora de la situación económica, con producciones crecientes de productos alimenticios, condujeron a la desaparición del hambre[35] y, consecuentemente, de las cartillas de racionamiento. En el exterior, Argentina sacó al mercado internacional sus excedentes cárnicos y cerealísticos y, como sabemos, España adquirió a crédito desde octubre de 1946 importantes cantidades de ambos rubros, así como de otros.
Poco a poco se produjo la recuperación de la minería y de la industria. En la minería del carbón, el uso de esa fuente de energía en el bando nacional (1937) había alcanzado el 75% del que se utilizaba en toda España en 1935, para incrementarse fuertemente después debido a la demanda procedente del transporte y de las industrias del metal y de la construcción. Entre 1945 y 1955, la demanda de las cementeras duplicó el consumo de carbón. En generación de energía, la hidroeléctrica asumió el protagonismo[36].
Al finalizar la Guerra Civil, gran parte de la red ferroviaria española, los equipos móviles y los talleres se encontraban gravemente dañados. De los 4.400 coches existentes antes del conflicto quedaban 1.750. Como media, el 32% de las instalaciones estaban inutilizadas y el 37% de las unidades rodantes supervivientes se hallaba fuera de servicio. Ni una de las 1.083 máquinas de vapor estaba en perfecto estado.
Tan pronto como el 8 de mayo de 1939, se formaron consejos directivos para explotar las líneas de las grandes compañías, cuyo control pasó al Estado, aunque la gerencia siguiera en manos de las empresas. Entre 1941[37] y 1963, la RENFE reparó 1.460 coches, construyó 691 e importó 100.
El 15 de febrero de 1940, el Régimen publicitó (y Franco visitó) un proyecto para instalar en Puertollano una planta para producir combustibles procedentes de pizarras bituminosas[38], en un intento de producir por sí mismo los bienes que el bloqueo externo imposibilitaba en gran medida. No obstante, el 18 de marzo de 1940, el Reino Unido concedió un crédito de 2 millones de libras esterlinas a 10 años, al 4% de interés, desembolsable en enero de 1942[39]. Ese mismo mes, España firmó sendos acuerdos comerciales con Bélgica, Francia, Gran Bretaña y Portugal. El 15 de mayo se llegó a un acuerdo con la ITT para reforzar la propiedad española de la Compañía Telefónica[40]. Y el 22 de diciembre, para cerrar el año, el ministro Larraz consiguió publicar la Ley de Reforma Tributaria[41].
El avance del censo decenal patentizó que España tenía 26 millones de habitantes[42], residentes todavía en su mayoría en zonas rurales.
A finales de 1941 se retomó[43] el esfuerzo de reforestación, que comenzó con fuerza simultáneamente en una extensión de 180.000 Ha., situadas en 94 términos municipales de 35 provincias. El Plan de Obras Públicas afectó inicialmente a 12.000 kilómetros de carreteras. Ese mismo año, se iniciaron obras de construcción de 25 presas de envergadura, consciente el Régimen de que la sequía debía ser combatida con acción.
En diciembre de 1941 se creó el INI[44]. El día 19 de ese mes, Franco nombró para dirigirlo a Juan Antonio Suanzes. El capital español no se orientaba tradicionalmente hacia la industria[45], por lo que el INI tenía toda la razón de ser, actuando subsidiariamente.
La economía española experimentó una mejora sostenida de las infraestructuras destruidas durante la guerra, así como la recuperación de pueblos devastados, edificios e instalaciones, lo que contribuyó a mejorar tanto las condiciones de vida como las productivas[46]. Pero había una vieja[47] aspiración que era necesario acometer: resultaba imprescindible disponer, por un lado, de energía suficiente para potenciar la naciente industria y atender a los requerimientos de la población, y por otro, de agua disponible para los ambiciosos planes de regadío que el Régimen había planificado.
Para hacer frente a ambos requerimientos, a lo largo del año 1942[48] se inició[49] la construcción de varios embalses, terminándose tres de ellos, de gran capacidad[50]. A partir de ahí, la política de construcción de embalses de doble uso convirtió a España en una gran potencia[51] en materia de almacenamiento[52] y, por tanto, de riego[53] y de generación de energía hidroeléctrica.
La gigantesca capacitación[54] que obtuvo España en materia de embalses, muchos de ellos de doble uso[55], es especialmente valiosa si tenemos en cuenta los datos de precipitaciones sobre la península, que no siendo especialmente bajos[56], sí son de difícil reparto al tener en cuenta las diferencias entre las distintas zonas de la España peninsular[57].
Habida cuenta de la endémica escasez de combustibles para el transporte, en octubre de 1942 se anunció la constitución de la Empresa Nacional Calvo Sotelo para transformar las pizarras bituminosas de Puertollano en esos materiales combustibles, cuya decisión de explotación databa, como hemos visto, de 1940.
En 1943 no hubo cambios sustanciales en la economía; sí acontecieron logros en transportes (el ingeniero Alejandro Goicoechea presentó el primer prototipo de lo que sería el TALGO[58]), infraestructuras (el viaducto de Cabriles, de un solo arco sobre el Esla, fue por entonces el de mayor envergadura de Europa) y suministros (la gasolina dejó de escasear). Se elevó 10 puntos la producción industrial, pero el consumo no despegó, sino al contrario, cedió casi otro tanto[59], lo que supuso un descenso en el nivel de vida de los españoles. La producción agraria no despegaba, carente de regadíos significativos, así como de abonos, y víctima de una fuerte y sostenida sequía de ya cuatro años de duración.
La situación empeoraría a primeros de 1944, cuando el Departamento de Estado norteamericano anunció en enero que en febrero suspendería el suministro de destilados de petróleo a España. No hubo tal cosa, finalmente. Pero sí se llegó, por otro lado, a equilibrar los presupuestos generales del Estado, hazaña que no se lograba desde 1935.
En 1945, tras la recuperación de las redes ferroviarias y de carreteras y la reconstrucción de las “regiones devastadas”, los astilleros tenían en gradas 192 buques mercantes. El 1 de abril se nacionalizó la Compañía Telefónica[60], tras largas negociaciones con la ITT.
En materia agraria, en Instituto Nacional de Colonización[61] adquirió y repartió fincas en Extremadura, anticipándose al “Plan Badajoz”.
En 1946, el ministro de Industria y Comercio, José Antonio Suanzes, estimuló la fundación de industrias españolas en los sectores estratégicos. Dotó al Patronato Juan de la Cierva de centros de investigación para enlazar con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y las fábricas del Instituto Nacional de Industria (INI). Ese año se creó el Centro de Estudios Técnicos de Automoción (CETA) y ENASA[62]. ENASA fabricó camiones y autobuses para desarrollar el transporte por carretera. Adicionalmente, se quiso mostrar al mundo la capacidad tecnológica de la industria automotriz, para lo cual se diseñaron los vehículos ligeros (automóviles deportivos) Pegaso[63].
En aquella España de postguerra se necesitaban medios de transporte fiables y resistentes. El objetivo inicial de ENASA fue crear un camión totalmente español[64]. ENASA construiría los vehículos industriales; la Sociedad Española de Automóviles de Turismo (SEAT[65]), los turismos.
El 31 de diciembre de 1946 se publicó la Ley de Ordenación Bancaria, que reforzaba y favorecía el desarrollo de la banca española, un pilar fundamental de la recuperación.
A mediados de enero de 1949, el ministro de Industria y Comercio, Suanzes, presentó las bases del programa de industrialización, establecido en torno a la generación de energía y las industrias pesadas y básicas. Ese mismo año se pusieron en marcha cuarenta de esas industrias. El 30 de mayo, en un Consejo de ministros celebrado en Barcelona, se decidió crear una empresa mixta hispano-italiana con sede en la zona franca de la capital catalana para construir vehículos utilitarios. El primero en ser producido fue el SEAT 1400 (1953). El SEAT 600 nació en 1958.
Como consecuencia de los proyectos del INI, aumentaron la generación de energía (sobre todo hidroeléctrica) y la producción de cemento y de acero[66]; entraron en producción las fábricas de abonos nitrogenados, crecieron los regadíos, así como mejoraron la enseñanza y varios índices de salubridad sanitaria y social; todo ello contribuyó asimismo a la desaparición de las cartillas de racionamiento, que como es sabido fueron suprimidas el 1 de junio de 1952.
España se rehizo de los daños de la guerra civil sin contar con el Plan Marshall[67] (1948) ni con ayudas de las instituciones multilaterales[68], consiguiendo resultados extraordinariamente buenos en materia de incremento del PIB, nutrición[69], expectativa de vida al nacer[70], enseñanza/formación[71] y reclusión[72]. Los resultados se comparan con los del año 1935[73].
Finalmente, en el mes de julio de 1951[74], la renta per capita en España igualó la de 1929, año en que se alcanzó el mejor resultado dentro de la dictadura de Primo de Rivera, a su vez el período del Siglo XX de mayor crecimiento económico en España[75] … hasta la llegada del régimen de Franco. Una de las instituciones que más contribuyó a mejorar los estándares de salud social en España fue la Sección Femenina de la Falange Española[76].
No sólo se rehízo la economía: creció notablemente en los años cuarenta y en los cincuenta. Los expertos, empero, no se ponen de acuerdo sobre cuánto creció exactamente en las primeras fases del régimen de Franco, como vamos a ver. Si nos referimos a los años 40, Leandro Prados de la Escosura aventura un crecimiento del PIB estimado en el 1,1% anual. Este porcentaje se compadece con el avanzado por Pedro Schwartz (1,4%), pero menos con el de Albert Carreras (1,7%), está alejado del de Julio Alcaide Inchausti (2%) y en otra liga de lo indicado por José Manuel Naredo (3,8%).
En cuanto a la década de los años 50, Leandro Prados dictamina el crecimiento en un 4,4% anual, Gonzalo Fernandez de la Mora y Varela[77], un 4,6%; Schwartz un 5,6%; Alcaide un 7,16% y el Consejo de Economía Nacional un 7,24%. Por su parte, Amando de Miguel recordaba que el PIB per capita en la década de 1950/1960 creció al 3,3%, en tanto el crecimiento de la misma variable en el quinquenio 1960/1965 se encaramó al 9,2%.
Para ser un periodo autárquico (proteccionista y sujeto a aislamiento internacional) en un país pequeño y empobrecido por factores de diverso orden, no está nada mal. De hecho, las conseguidas eran cifras sin precedentes en España. Concretamente, sin resultar discrepante con las valoraciones anteriores, entre 1951 y 1955 se estima un crecimiento promedio interanual del 6,6%, aumentando en un punto adicional, hasta alcanzar un 7,4% anual, durante el período 1956-1960[78].
El 15 de junio de 1950, el INI fundó ENSIDESA, por Empresa Nacional Siderúrgica, S.A., una gran siderurgia integral. Lo hizo por Decreto de Presidencia del Gobierno. En 1953 fue inaugurada oficialmente[79] y constituyó un gran avance en el desarrollo económico español[80].
En 1952, por iniciativa del ministro de Agricultura, Rafael Cavestany de Anduaga, se aprobó la Ley de 7 de abril de 1952 sobre el “Plan de obras, colonización, industrialización y electrificación de la provincia de Badajoz” [81].
Para 1954, los presupuestos de los EE. UU. habilitaron una transferencia[82] de 85 millones de dólares hacia España, fundamentales para incrementar la todavía insuficiente producción[83].
Como hemos visto, el nivel de vida se había elevado considerablemente, incluso de una manera espectacular, pero el crecimiento de una España forzosamente cerrada sobre sí misma reveló sus limitaciones a finales de los años 50s.
A partir de 1956 se detectó un incremento de la inflación acompañado de otro de la deuda pública. La penuria de divisas[84], las consiguientes dificultades para la importación de bienes[85], la escasa productividad por baja capitalización y la inflación mencionada agotaron el modelo y acabaron desencadenando una crisis política, lo que llevó a formar un nuevo gobierno en 1957. Este fue organizado por el almirante Luis Carrero Blanco. En él predominaba un nuevo sector tecnocrático[86], sustitutivo del hasta entonces prevalecientemente falangista.
La situación económica a primeros de 1957, que como sabemos había exigido un profundo cambio en el Consejo de ministros, estaba lejos de ser cómoda. Dos fuertes heladas sucesivas, una mala cosechas de aceite y los efectos del anterior desabastecimiento de trigo, en una economía con gran peso del sector agrario, habían requerido efectuar fuertes importaciones, que los escasos recursos en divisas no podían financiar fácilmente. Con todo, a finales de mayo se extendieron los seguros sociales a los obreros del campo.
En enero de 1959, las cuentas de caja del Banco de España y del IEME[87]se hallaban en una situación insostenible, sobre todo el segundo, que tenía un saldo negativo de 76,3 millones de dólares. El Banco aún disponía de 56,4 millones de dólares en caja. Se habían autorizado 208 millones de dólares para ulteriores importaciones, que no se podían pagar por inexistencia de medios. La solución pasaba necesariamente por acudir al Fondo Monetario Internacional[88] (FMI). En febrero de 1959 se desplazó a España un responsable zonal del FMI para vertebrar las ayudas precisas. Se elaboró un Plan de Estabilización de la economía española[89] en su vertiente de Balanza de Pagos, que llevaba aparejadas otras muchas medidas de transformación económica.
Pero la situación era límite, por lo que el primer movimiento fue obtener liquidez. Para junio de 1959, se hallaban en las cuentas de los organismos españoles mencionados más arriba 175 millones de dólares procedentes del FMI, más 71 millones adicionales procedentes de la banca privada norteamericana[90], dentro de un paquete comprometido que alcanzaba en total los 544 millones de dólares.
El 20 de julio, España ingresó en la OECE[91], conditio sine qua non para que Franco firmara el subsiguiente día 22 el Decreto Ley del Plan de Estabilización”. Al poco, el 24 de julio, Gregorio López Bravo, a la sazón director general de Comercio Exterior, aprobó un Decreto Ley sobre inversiones extranjeras en España[92].
Establecidas las bases institucionales y resuelto temporalmente el problema de caja, la situación económica requería un cambio profundo[93]. Franco hizo caso en todo momento a los expertos económicos[94] y España lanzó el de 28 de julio de 1959[95] un Plan de Estabilización[96] que fue el fundamento de su vertiginoso desarrollo económico[97], con antecedentes en Alemania (1948) y en Japón (1952), efectuados gracias a la apertura económica y a políticas liberales de gestión económica.
Para sintetizar, el Plan de Estabilización tenía tres objetivos principales: apertura, liberalización y racionalización. Se trataba de lograr el equilibrio interno y externo, de sentar las bases de un desarrollo sano y duradero y finalmente, pero de importancia no sólo económica, de reinsertar a España en el entorno institucional internacional.
Para lograr el equilibrio externo se organizó un nuevo arancel, se liberalizó progresivamente el comercio exterior, se unificaron los tipos de cambio[98] y se liberalizaron los movimientos de capitales.
Para lograr el equilibrio interno se estableció una nueva política fiscal (elevando los precios de los servicios públicos y de los monopolios pero, sobre todo, reestructurando la fiscalidad), se diseñó y aplicó una nueva política monetaria (el Banco de España ganó cuotas de poder y cesó la pignoración automática de la deuda pública; se liberalizó y expandió el crédito y se modificaron los tipos de interés) y una nueva política comercial (se liberalizaron las importaciones, poniendo fin a la contingentación y la bilateralización; se establecieron depósitos a la importación).
El Plan fue un completo éxito y dio pie al llamado “milagro español”. El Plan fue elaborado por un equipo de economistas de Presidencia del Gobierno, con la participación de los asimismo economistas Juan Sardá y Enrique Fuentes Quintana. Y desde luego, intervinieron en su diseño de manera sustancial técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI)[99] y del Banco Mundial (BM)[100], así como de la OECE.
El Plan incorporaba dos elementos complementarios. Uno de ellos era un modelo de estabilización[101] y el segundo estaba conformado por un ulterior proceso de liberalización. Durante toda la década de los 60, nuestra década (larga) prodigiosa, como ya sabemos, España creció a un fortísimo ritmo medio del 7% anual[102]. Las cuatro patas de ese crecimiento fueron la inversión extranjera directa[103], el turismo[104], las remesas de los emigrantes[105] y los fondos procedentes del FMI y el BM[106].
Los efectos no se hicieron esperar: en diciembre de 1959, las reservas de divisas estaban situadas en los 118 millones de dólares. Comenzaba el desarrollo vertiginoso de España, que por la otra cara llevaba asociado el incremento del paro[107], de la emigración a países del resto de Europa y una reducción, si bien temporal, del crédito a empresas y particulares.
El Plan de Estabilización como tal fue inmediatamente seguido por el I Plan de Desarrollo[108], cuyo primer comisario, Laureano López Rodó, dijo seguir los pasos de Francia en ese camino. El Plan de Desarrollo fue elaborado el 5 de septiembre de 1963, con una dotación financiera cuatrienal de 355.000 millones de pesetas para efectuar las inversiones previstas. Franco recibió la documentación del Plan de Desarrollo el 5 de noviembre de 1963. Fue formalmente aprobado por la Ley 194/1963 de 28 de diciembre (que entró en vigor el 1 de enero de 1964).
Los resultados fueron impactantes y llegaron a muy corto plazo. La consecuencia fue que España se aproximó como nunca antes a los países más avanzados de Europa occidental. Como hemos visto, ya en 1959 se produjo un primer superávit de la balanza de pagos. Con ello, se incrementaron las reservas de divisas. La inflación cayó del 12,6 % en 1958 al 2,4 % en 1960. En el período que va desde 1960 hasta 1975, la economía española creció a tasas medias anuales próximas al 7% (que fueron de dos dígitos entre 1961 y 1963). El PIB pasó de 633 miles de millones a 5.870 miles de millones de pesetas. 1960 vio los primeros superávits simultáneos comercial y por cuenta corriente.
Entre todos los países del mundo, sólo Japón tuvo un crecimiento mayor, sin duda porque partía de una profunda descomposición de su tejido productivo como consecuencia de los enormes destrozos experimentados durante la II Guerra Mundial[109]. La bonanza experimentada permitió que el 30 de diciembre de 1962, Franco anunciara el establecimiento del salario mínimo interprofesional[110], algo que nunca se había implantado en España.
España se transformó completamente. De ser un país eminentemente agrario pasó a ser fuertemente industrial, alcanzando el nivel de décima potencia mundial en ese ámbito[111]. De arrastrar hambre crónica y analfabetismo pasó a tener enormes excedentes agrarios y un 100% de alfabetización en las nuevas generaciones. Una sólida y amplia clase media comenzó a predominar.
No todo fue positivo, empero. La economía se recalentó por las altas tasas de crecimiento y el 20 de noviembre de 1967 fue necesario devaluar la peseta[112], víctima de tensiones inflacionistas. Inmediatamente después, según la ortodoxia más absoluta, se restringió fuertemente el gasto público, recortando severamente subsecretarias, direcciones generales, organismos y personal administrativo. Se congelaron los sueldos de funcionarios y se suprimió la casi la totalidad de los vehículos oficiales.
El primer Plan de Desarrollo dio excelentes resultados. El ritmo de crecimiento medio (descontada la inflación) de los 4 años fue del 6,3% anual, muy superior al de los países que conformaban entonces el Mercado Común europeo[113]. El PIB per capita pasó de 31.036 pesetas en 1964 a 36.245 en 1967. Lel crecimiento medio de la producción industrial fue del 9,4%[114]. En ese plazo, los turistas extranjeros pasaron de 11 a 18 millones.
El crecimiento español duró entre 1960 y 1973, fecha en que la política de restricción de oferta de crudo organizada por el cártel de la OPEP provocó una fuerte crisis internacional que nos arrastró igualmente.
Nunca había crecido España así. Nunca más ha vuelto España a crecer así. Y salvo catástrofe previa, no lo volverá a hacer[115].
Véase el gráfico[116], que refleja las tasas de crecimiento de la economía española desde 1866 hasta 2016. Exactamente 150 años.
https://twitter.com/danfmsg/status/1152869918536339457
España se situó en el séptimo lugar mundial en términos de PIB. Gran parte de la población experimentó una sustancial mejora en su nivel de vida y un enorme aumento del bienestar[117]. Paralelamente se transformó la sociedad, que pasó de ser muy predominantemente agraria[118] a industrial y de servicios[119]. Los años del desarrollo hicieron de España un país urbano[120]. La renta per capita, que en 1960 era de 334 dólares, llegó en 1975 a 2.574[121] dólares. El desempleo[122], al final del periodo franquista, era del 3,78%[123]. Las exportaciones pasaron de $ 745 M en 1960 a $ 7.500 M en 1975[124].
Crecieron fuertemente las fuerzas productivas y se consiguió la modernización de todos los sectores[125]. Como efectos colaterales, se produjeron varios, todos esperados y previstos: excedentes de mano de obra no cualificada hubieron de emigrar, sobre todo a otros países europeos; se produjo una rápida reestructuración industrial y, previamente, tuvo lugar el abandono de la agricultura de subsistencia que había caracterizado al sector agrario español durante siglos.
Para reforzar las bases de producción de energía eléctrica, durante el régimen de Franco se desarrolló una poderosa red de centrales de energía nuclear. Así, en 1945, el gobierno reservó en favor del Estado los yacimientos de uranio existentes en el territorio, declarándolos de interés nacional. Tres años más tarde (1948) se formó el primer embrión de investigación nuclear[126].
Posteriormente, por Decreto Ley de 22 de octubre de 1951, la Junta de Investigaciones Atómicas se transformó en la Junta de Energía Nuclear (JEN), comenzando la investigación sistemática de minerales radiactivos en España.
En 1955 España firmó con los EE. UU. un acuerdo de cooperación nuclear[127], en virtud del cual España pudo recibir su primer reactor[128] (Zorita[129]), así como uranio enriquecido.
En la década de los 60´se empezó a constituir una estructura industrial nuclear civil en España, en paralelo a la construcción de las centrales de Garoña y Vandellós I[130]. Tanto las tecnologías utilizadas como los países de procedencia de los equipos eran distintos.
La Segunda Generación de centrales (Almaraz I y II, Ascó I y II, Cofrentes) fue construida ya de manera mayoritaria por empresas españolas (Empresarios Agrupados, INITEC y ENSA)[131]. Cuando se construyeron las centrales de Tercera Generación (Vandellós II y Trillo), las empresas españolas ya coparon el 85% de participación[132]. En 1973, las 5 centrales nucleares españolas suministraban a la red eléctrica el 5% del total, 6.545 GWh[133].
El Plan Nuclear proponía hasta 22 unidades de producción de energía eléctrica de origen nuclear. Lo que se llamó “moratoria” dio al traste con esa línea de generación.
Por encima de todo ello, desde una perspectiva sociopolítica, se inició una progresiva democratización – asociada a una clara pérdida de peso de los sectores más tradicionalistas -, se patentizó un progresivo establecimiento de libertades (de empresa, de precios y de educación) y se produjo la integración de España en un mundo que, para entonces, ya era claramente bipolar[134].
Y por lo que a las variables sociales fácilmente mensurables se refiere, España presentó índices de fracaso escolar, drogadicción, alcoholismo, violencia doméstica, fracaso familiar, prostitución, aborto, suicidio, delincuencia, homicidios y población penal mucho mejores que los de cualquier país de su entorno occidental, que nunca se han repetido, empeorando sistemáticamente desde entonces. Todos ellos.
[1] A la fuerza ahorcan.
[2] “Sin olvidar que el problema de la vivienda no se resuelve solamente con la edificación de la casa, sino que se necesitan los servicios complementarios y las comunicaciones precisas, que son fundamentales para la vida de quienes hayan de habitarlas”. Bajo el impulso del Instituto Nacional de la Vivienda se construyeron en España aproximadamente 3,5 millones de viviendas de protección oficial.
[3] En la primera fase, el Régimen construyó y entregó aproximadamente 500.000 viviendas, con calidades y servicios complementarios muy superiores a los que proporcionaba el sistema anterior de “Casas Baratas”.
[4] Por Decreto-Ley de 25 de febrero se creó el Ministerio de la Vivienda, departamento encargado de llevar a cabo la acción administrativa en materia de vivienda, arquitectura y urbanismo.
[5] Promulgada el 12 de mayo de 1956.
[6] A través de la Dirección General de Arquitectura y Urbanismo.
[7] Al que sucedieron, por este orden, Vicente Mortes Alfonso, José Utrera Molina, Luis Rodríguez de Miguel y Francisco Lozano Vicente, ya en la Transición.
[8] La empresa de calzados Segarra construyó dos gigantescas urbanizaciones de casas individuales en Vall de Uxó (Castellón).
[9] Precedida por la desafortunadísima gestión económica, social y política de la II República, que se patentizó en el destrozo de la agricultura y la ganadería en las provincias bajo su control como consecuencia de la hiperinflación, las colectivizaciones y confiscaciones, la destrucción de activos y sobre todo ello, los asesinatos cometidos.
[10] Que como bien sabemos, comenzó el 1 de septiembre de 1939.
[11] Italia, que fue beligerante en contra de los aliados hasta mediados de 1943, recibió enormes cantidades de ayuda. España, que fue no beligerante, fue castigada con una política de aislamiento (recomendada por la URSS e instrumentada por el Reino Unido) que buscaba provocar un alto grado de pobreza para inducir a la sublevación contra el Régimen.
[12] Las Naciones Unidas intentaron dos líneas estratégicas simultáneas: ruptura de relaciones y boicot económico, ambas operativas desde 1946.
[13] Como ya hemos visto antes, en febrero de 1946 fueron fusilados en Madrid Cristino García, comunista, y otros nueve miembros del maquis. Su ejecución fue considerada como una provocación por los medios franceses, quienes reaccionaron con virulencia. La Asamblea Nacional francesa se alineó con esa posición. El 1 de marzo, Francia cerró las fronteras y suspendió las relaciones económicas con España. El 12 de diciembre, la ONU aprobó la resolución 39 (I) calificando a España de régimen fascista, recomendando la retirada de embajadores y amenazando con intervenir si pasado un tiempo indeterminado ese estado de cosas no había cambiado.
[14] Las condiciones objetivas para desencadenar y ganar una guerra de guerrillas, dado el hambre reinante y el aislamiento del mundo que experimentaba España, eran muy buenas. La falta de recursos financieros, el material militar obsoleto, la pérdida de capital humano en la guerra y las dificultades en que se desarrollaba la vida cotidiana ofrecían buenas opciones de triunfo a la guerrilla comunista. Sin embargo, a diferencia de lo acontecido en Grecia (donde intervinieron tropas británicas y norteamericanas para someter a los comunistas), en España la situación quedó solventada sin ayuda exterior. La población española apoyó al régimen de Franco sin fisuras. Lo hemos visto en el capítulo 5, “La postguerra”.
[15] La llamada pertinaz sequía lo fue en realidad, cosa que en un país predominantemente agrario es grave. En la práctica, fueron más de cinco años con un nivel de precipitaciones muy inferior a la media. Hasta los primeros años 60, el 50% de la población ocupada lo estaba en la agricultura. Entre 1898 y 1918 predominaron las lluvias, con intermitencias. Entre 1918 y 1954, el tiempo fue muy seco. Entre 1955 y 1980, volvieron las lluvias. (Amando de Miguel).
[16] Un ejemplo de ambas posiciones y distintas medidas de política económica aconteció en la Alemania Occidental invadida y ocupada por las potencias aliadas no comunistas. Desde el 8 de mayo de 1945 hasta 1948, rigió un estricto racionamiento de alimentos, con precios fijados administrativamente. Konrad Adenauer, fiado en su futuro ministro de Economía Ludwig Erhard, solicitó y obtuvo la liberalización de precios. Lejos de producirse el caos (bien es verdad que el orden interno estaba absolutamente garantizado por la enormidad de la derrota alemana, la implosión del régimen nacional socialista y la función policial de los ejércitos ocupantes), la producción se disparó vertiginosamente, elevándose de inmediato la producción, el consumo, la exportación y, por tanto, la renta disponible. Toda una lección práctica de economía. Por cierto, el racionamiento en la RFA (República Federal de Alemania) duró hasta 1950 y en la RDA (República Democrática Alemana) hasta 1958.
[17] En general, las zonas costeras y de buen clima (todas ellas lo son, en realidad) en un entorno acusadamente agrario, tenían mucho mejores perspectivas de subsistencia. Las zonas del interior y las industriales dependían mucho más de las cartillas, del mercado negro y de la consiguiente corrupción.
[18] Y se abandonó el cálculo de los muertos por hambre, ya inexistentes. Inexistentes como nunca antes en España.
[19] El período de mayor hambruna en España durante el Siglo XX fue el de los años 1938 y 1939 en el territorio controlado por el Frente Popular.
[20] Con todo, como siempre que se adoptan medidas administrativas para paliar escaseces, surgió de inmediato un mercado negro en el que los precios sí reflejaban la escasez y donde los productos se encontraban con más facilidad. Como es evidente, a precios más altos, mayor producción disponible.
[21] Pescado (sin apenas presencia), fruta, verduras y huevos no estaban racionados.
[22] Se trataba de la casi totalidad de las reservas, de las que apenas se recuperó algo menos del 10% de las mismas, depositado en Mont-de-Marsan.
[23] Eran 638 toneladas, cuyo valor se elevaba a 805 millones de dólares, a los que añadir grandes cantidades de plata, las joyas confiscadas de las cajas de los bancos, más las joyas del Palacio Real y de la Iglesia, más el producto de los saqueos de domicilios que no se quedó en manos de los saqueadores. Era una suma gigantesca, que el Estado español perdió para siempre por la intervención del gobierno de Largo Caballero, instrumentada por el entonces ministro de Hacienda, Juan Negrín.
[24] Esto pudo no haber sido así. En marzo de 1948. Los Estados Unidos estaban a punto de instrumentar el Plan Marshall, diseñado para rehabilitar las economías europeas gravemente dañadas por la II Guerra Mundial, amén de para evitar su deslizamiento hacia posiciones comunistas como resultado de las difíciles condiciones de vida. A finales de ese mes de marzo, la Cámara de Representantes aprobó una propuesta admitiendo a España en el Plan, en base a una enmienda del representante republicano Alvin O’Konski. Sin embargo, el presidente Truman presionó a los congresistas y senadores para que bloquearan la iniciativa, que fue rápidamente cancelada. (“Un salvavidas para Franco: la ayuda económica argentina a la España franquista (1946-1949)”. Raanan Rein Departamento de Historia, Universidad de Te! Aviv, Israel).
[25] La escasez de recursos externos fue paliada en una pequeña parte por emisiones de deuda como la del día 9 de septiembre de 1939, con un nominal de 2.000 millones de pesetas en bonos del Tesoro al 3%, para recabar fondos internos. Fue “el empréstito de la paz”. Esa emisión, y otra por 2.500 millones de julio de 1940, fueron sobresuscritas.
[26] Las medidas aplicadas por el Frente Popular durante la guerra desbarataron el sistema económico en la zona republicana, desencadenando hambre y privaciones sin cuento. Costó parte de la década de los 40s reparar precisamente esos daños.
[27] Esto, en lo referido a las pérdidas humanas. El 4 de agosto de 1940, el ministro de Hacienda, José Larraz, publicó la situación de las finanzas españolas referidas al coste de la guerra civil. El déficit del Tesoro Público era de 8.260 millones de pesetas (y el de la zona republicana, de 23.000, que se sumaba al propio). La deuda consolidada con Italia era de 5.000 millones de liras, a pagar en 25 años. El endeudamiento exterior era de 1.200 millones de pesetas.
[28] Inducido por la URSS y respaldado por el Reino Unido, con el objetivo declarado de lograr el rechazo de la población contra el régimen franquista.
[29] A diferencia de lo que experimentaron los contendientes europeos occidentales, que gozaron del Plan Marshall (1948) y de la ayuda americana temprana por otras vías. España sólo contó con suministros de grano procedentes de Argentina.
[30] Los de 1936 fueron evidentemente peores; como sabe el lector, el Frente Popular hundió, además, la economía española.
[31] Por no hablar de las variables de salud en general. La expectativa de vida al nacer pasó de los 50 años durante la II República a 62 en 1950. Los números referidos a maestros y escuelas crecieron a gran velocidad, como veremos más adelante.
[32] En el Reino Unido, la razón por la que el racionamiento fue más grave y acusado tras el final de la guerra que durante su desarrollo fue que su sistema de transporte marítimo, absolutamente fundamental en los suministros alimenticios, resultó muy dañado.
[33] En Suecia, el café se liberalizó en 1951.
[34] En marzo de 1962 se anunció la creación de la Libreta de Abastecimiento, que rige hasta hoy. Es administrada por la Oficina de Control de Distribución de Alimentos (OFICODA).
[35] Algo que era endémico en España y en otros países europeos, por lo demás.
[36] La generación eléctrica procedente de los embalses pasó de 3.366 GWh en 1935 a 5.076 GWh en 1950, a 15.488 GWh (el 85% del total) en 1960 y finalmente a 29.532 GWh (39% del total) en 1973. (Ibidem “Los ingenieros de Franco”, Lino Camprubí, Ed. CRÍTICA, pp. 185 y 186).
[37] El 1 de febrero de 1941 vencieron todas las concesiones privadas en los ferrocarriles españoles. En su lugar se creó la RENFE, Red Nacional de Ferrocarriles Españoles.
[38] Lo que se ejecutaría a través de la Empresa Nacional Calvo Sotelo.
[39] Los sucesivos gobiernos británicos siempre mantuvieron tensa la cuerda entre el bloqueo y las concesiones, esperando así obtener resultados geopolíticos y, de paso, la devolución de la deuda de la Guerra Civil.
[40] La cual pasó el 1 de abril de 1945 a manos del Estado español, quien ejerció su derecho de rescate (la norma reguladora databa del 25 de agosto de 1924) tras complejas negociaciones con la matriz norteamericana.
[41] Que posibilitaba mayor y mejor información fiscal, mayor presión tributaria, refuerzo de la imposición sobre la renta y tarifas progresivas.
[42] De los cuales 1.398.000 residían en Barcelona y 1.194.000 lo hacían en Madrid.
[43] La recuperación de la vegetación en los baldíos y montes de España empezó con la Restauración y continuó entre 1933 y febrero de 1936. La Guerra supuso un retroceso enorme, que empezó a ser revertido.
[44] Por Instituto Nacional de Industria.
[45] Ni el capital productivo de origen extranjero estaba presente, por obvias razones, pero no porque Franco tuviera interés en mantener fuera de España la presencia de inversores y productores extranjeros. El 9 de junio de 1942, con motivo de la presentación de cartas credenciales del nuevo embajador estadunidense, Carlton Hayes, Franco afirmó: “ningún pueblo de la tierra puede vivir normalmente de su propia economía, y todos ellos se necesitan”.
[46] El embajador norteamericano Carlton Hayes (quien había presentado sus credenciales el 9 de junio de 1942) afirmaba: “las condiciones de vida y la economía española mejoran”.
[47] El Plan Nacional de Obras Hidráulicas databa de 1933. Lo diseñó el ingeniero de Caminos Manuel Lorenzo Pardo. Durante la II República no obtuvo aprobación por parte de las Cortes. Fue llevado a cabo por el régimen de Franco, transformando la agricultura y posibilitando la industrialización.
[48] La política de construcción de embalses se había iniciado en 1940. Hasta 1967 se construyeron unos 300 de ellos.
[49] El marco técnico y jurídico que albergó los embalses fue el Plan General de Obras Hidráulicas de 1940.
[50] La Breña (Córdoba), la Cuerda del Pozo (Soria) y San Bartolomé (Zaragoza).
[51] Los 10 mayores embalses construidos en España son: La Serena, Badajoz. Inaugurado en 1990. Es el mayor de España (3.219 hm3). Alcántara, Cáceres: Construido en 1969, con una capacidad de 3.162 hm3. La Almendra, Salamanca: Construido en 1970, con una capacidad de 2.648 hm3. Buendía, Guadalajara, se terminó en 1958. 1.638 hm3. Mequinenza, Zaragoza: Construido en 1966, con una capacidad de 1.530 hm3. Cíjara, Badajoz: Construido en 1956, con una capacidad de 1.505 hm3. Valdecañas, Cáceres: Construido en 1964, con una capacidad de 1.446 hm3. Ricobayo, Zamora: Construido en 1935. 1.200 hm3. Alarcón, Cuenca: (1970). 1.112 hm3. Iznájar, Córdoba: Construido en 1969. 981 hm3. De ellos, 9 fueron erigidos durante el régimen de Franco.
[52] Tan es así que, en 2023, existen en España 372 embalses, cuya capacidad total de almacenamiento excede los 54.000 hm3 de agua, el 50% del caudal fluvial.
[53] En 1942, los regadíos efectuados por obras del Estado estatales alcanzaban las 450.000 hectáreas. En 1972, las hectáreas regadas se elevaban a 1.655.000. En 30 años se habían cuadruplicado los regadíos estatales sobre los logrados en los 2.000 años anteriores. A eso se sumaba 1.000.000 de Ha. de regadíos privados construidos por inversores particulares hasta 1972.
[54] En 1940, la capacidad de embalse alcanzaba 4.133 hectómetros cúbicos (hm3); en 1972 alcanzó 38.819 hm3: casi 10 veces en 32 años. (Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, “La Razón española”).
[55] Aplicables tanto para riego como para generar energía eléctrica.
[56] La precipitación media en la España peninsular es de 687 mm. (o litros/m2). A su vez, la mediana de la precipitación es de 550 mm., mientras que la moda, o valor más probable de la precipitación, la que corresponde a la mayor área, es de 480 mm..
[57] Datos procedentes de “La precipitación en la España peninsular” (D. Fernando Huerta López, meteorólogo) https://repositorio.aemet.es/bitstream/20.500.11765/957/1/precipita_cal93.pdf
[58] Acrónimo por “Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol”.
[59] Según informó el 15 de junio el ministro de Industria y Comercio, Demetrio Carceller.
[60] Siguiendo las pautas del derecho de rescate que estableció el gobierno de D. Miguel Primo de Rivera el 25 de agosto de 1924.
[61] Creado el 18 de octubre de 1939, con la idea de sustituir la redistribución de la tierra (objetivo tradicional de los partidos de izquierdas) por una política de colonización con introducción de regadío y el consiguiente aumento de la productividad. A ello se sumó la construcción ex novo de pueblos de colonización para el campesinado.
[62] Empresa Nacional de Autocamiones.
[63] En 1948, el ingeniero Wifredo Ricart empezó a desarrollar el modelo Z 102, un deportivo técnicamente muy avanzado. En septiembre de 1951 se presentaron en Barcelona cinco prototipos, que en octubre causaron sensación en el Salón del Automóvil de París. El Pegaso Z 102 se convirtió en el vehículo de producción más rápido del mundo en su momento, superando ampliamente en carreras a los vehículos de Aston Martin, Ferrari, Jaguar y Porsche. Su precio de venta apenas multiplicaba por 6 al del SEAT 600, un precio ínfimo considerando su extraordinaria superioridad mundial.
[64] Las importaciones de equipos se habían visto extraordinariamente dificultadas por la escasez de oro y divisas en el Banco de España.
[65] Que se constituyó en 1950.
[66] En 1953 se inauguró una siderúrgica integral en Avilés, bajo la razón social ENSIDESA, que integraba capital del INI y tecnología extranjera. Luego lo veremos más en detalle.
[67] A modo de magra compensación, en febrero de 1949, el Chase Manhattan Bank concedió a España un préstamo de 25 millones de dólares.
[68] El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (núcleo del Banco Mundial) no prestó a España entonces. Tampoco lo hizo el Fondo Monetario Internacional.
[69] Que se patentizó, entre otros resultados, en el rápido aumento de la estatura media de los reclutas, que pasó de 165 centímetros en 1935 a 168 en 1950.
[70] Esta variable pasó de los 49,97 años en que se hallaba en los primeros tiempos de la República a los 62,10 en 1950, una mejora explosiva, impensable antes de su advenimiento, consecuencia de la enorme mejora de la situación económica y sanitaria. Pero eso no es todo. En 1960 alcanzó los 69,85 años y en 1970, los 72,36 años. Es difícil encontrar en ninguna parte del mundo una mejora de esa envergadura y con ese ritmo (INE).
[71] Mientras en 1934 había 52.000 maestros (la mayoría varones), en 1950 la cifra había ascendido a 78.000, en su mayoría mujeres. Mucho mejoró el número de alumnos por maestro, que pasó de 64,7 en 1934 a 41 en 1950 y ello acompañado de un crecimiento gigantesco del número de escuelas, que duplicaba las mejores cifras obtenidas durante la República, alcanzando 19.500 para niños, 19.000 para niñas y 14.500 de enseñanza mixta. En el ámbito de la enseñanza secundaria, los alumnos, que eran 124.000 en 1934, pasaron a ser 215.000 en 1950, con muchas más chicas en términos porcentuales que durante la República. Ello llevó a que, en torno a 1953, el analfabetismo hubiera desaparecido prácticamente entre los jóvenes.
[72] Incluso los informes comunistas internos afirmaban que la población reclusa a 1 de enero de 1961 era de 13.606 hombres y de 1.596 mujeres, cuya suma de 15.202 era menos de la mitad de los que tenía la II República en 1936: 34.526.
[73] Sin duda el mejor de la II República, que decayó vertiginosamente desde febrero de 1936 con la descomposición social auspiciada, desarrollada y explotada por el Frente Popular. No hay comparación posible con las hambrunas (y sus consecuencias) experimentadas en la zona republicana desde julio de 1936.
[74] De acuerdo con la afirmación de D. Juan Velarde Fuertes, fue el 19 de julio de 1951 la fecha en que se alcanzó la cifra de referencia de 1929.
[75] La renta per capita se situó en el entorno de las 8.000 pesetas anuales.
[76] La Sección Femenina de la Falange nació en el corazón del SEU (por Sindicato Español Universitario). Se creó inicialmente para ocuparse humana y económicamente de los presos, de sus familias y las de los falangistas asesinados. La integraban 7 personas. En julio de 1936 la organización ya contaba con unas 2.500 militantes. Tras el estallido de la Guerra Civil, Pilar Primo de Rivera se estableció en Salamanca, desde donde siguió organizando la Sección Femenina, que actuaba en la zona sublevada. En pocos meses se afiliaron 60.000 personas más. A través del “Auxilio de Invierno” y del “Auxilio Azul” buscaron refugios y embajadas en las que esconder a las personas amenazadas o perseguidas por el Frente Popular. Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, impulsó la creación del “Auxilio Social” y luego del “Servicio Social”. Incardinadas en ellas, las mujeres realizaban servicios en hospitales, comedores, guarderías, etc. Finalizada la contienda, la Sección Femenina comenzó los trabajos de recuperación y compilación del folklore español. Desde 1945, el Servicio Social se integró en la Sección Femenina, en la que se encuadraron asistentes sociales, divulgadoras rurales de asuntos sanitarios, sociales y profesionales – tanto como voluntarias – en Escuelas de Formación Profesional, de Educación Especial y de Bachillerato, así como en Colegios menores y en Cátedras ambulantes. Realizaron campañas de vacunaciones masivas.
A través la normativa legal, la Sección Femenina fue minimizando la discriminación que sufría la mujer. Obtuvo la aplicación práctica del principio de igualdad de retribuciones, así como la igualdad jurídica en la contratación y el ejercicio de todos los derechos laborales y sindicales. También logró la abrogación de otras discriminaciones más concretas, como por ejemplo la que impedía que la mujer pudiera ser juez o fiscal. La recuperación de España tras la República y la Guerra Civil se debe en buena medida a la labor de la Sección Femenina.
[77] Quien, refiriéndose a los años 40, ha afirmado que en esa década ya se había superado la renta media del mejor año de la República, 1935.
[78] Debido sin duda a las inversiones públicas y privadas puestas en marcha en los veinte años transcurridos entre 1940 y 1960. Las primeras se elevaron a 310.000 millones de pesetas de 1960. Las segundas alcanzaron los 150.000 millones de pesetas.
[79] Se erigió en los concejos asturianos de Avilés, Corvera y Carreño.
[80] La siderúrgica contaba con un puerto propio y varios poblados de nueva creación, que disponían de todos los servicios.
[81] El Plan Badajoz fue un conjunto de actuaciones que pusieron en práctica proyectos agrarios de principios del Siglo XX (en el Plan Gasset de 1903 ya se planificaba construir embalses y pantanos en las tierras extremeñas, pero incluso durante la Segunda República quedó en papel mojado, porque 3 veces se presentó en las Cortes y 3 veces fue rechazado) que comenzó con el régimen de Franco (1952) y llegó hasta bien entrada la Transición, con los regadíos del Zújar, en la provincia de Badajoz. El objetivo del “Plan de Transformación y Colonización”, que se terminó llamando “Plan Badajoz”, fue efectuar una integración vertical de la producción agraria (electrificación, riego, transformación y comercialización de productos agrarios), para mejorar la producción y renta agraria de la provincia. Se construyeron 6.000 viviendas para asentar a los colonos, quienes con la vivienda recibieron una parcela. Para el regadío de más de 100.000 hectáreas se erigieron las presas de Cíjara, García de Sola, Orellana, Zújar y Montijo, con una capacidad agregada de 3.500 millones de metros cúbicos, que además ofrecían una potencia eléctrica instalada de 71.000 kilovatios.
[82] No fue la última. Un ejemplo lo constituyen los 50 millones de dólares aprobados en julio de 1955 por el Congreso de los EE. UU. y los 30 adicionales que la banca privada de ese país concedió a España acto seguido.
[83] De hecho, ese mismo año 1954, otra mala cosecha obligó a importar 1.400.000 Tm de trigo, que pudieron ser financiadas sin grandes problemas.
[84] Las reservas de divisas eran casi inexistentes; en todo caso, menores que la deuda a corto plazo.
[85] El déficit comercial era muy alto y estaba administrativamente condicionado.
[86] Alberto Ullastres entró en Comercio, junto con Manuel Varela al frente de la Secretaría General Técnica; Mariano Navarro Rubio lo hizo en Hacienda y Laureano López Rodó en Presidencia del Gobierno. Todos eran buenos economistas y la mayoría pertenecía al Opus Dei.
[87] Por Instituto Español de Moneda Extranjera, que fue creado el 25 de agosto de 1939 como organismo autónomo en el ámbito del Ministerio de Industria.
[88] El FMI fue creado en julio de 1944 para hacer frente precisamente a ese tipo de eventualidades, entre otras referidas a las cuentas de los Estados miembros. Pero España no era Estado miembro.
[89] Que el ministro Ullastres incardinó en declaraciones públicas como una aproximación a la integración económica europea.
[90] Esos eran los fondos que iban directamente a sostener la estabilización. Los 175 millones de dólares estaban disponibles de inmediato; los 71 millones de dólares estaban como reserva, por si fuese necesario utilizarlos en algún imponderable.
[91] OECE por Organización Europea para la Cooperación Económica, organismo internacional fundado el 16 de abril de 1948 por Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza y Turquía, con la finalidad de administrar las ayudas del Plan Marshall. Cuando en 1961 ingresaron los EE. UU. y Canadá, se convirtió en la OCDE. Su sede se hallaba (y se halla) en París.
[92] Las inversiones extranjeras directas que se empezaron efectuar a partir de entonces supusieron un elemento fundamental para el desarrollo de la economía española, como vamos a ver a continuación.
[93] La necesidad de dar un giro copernicano se derivaba, como ya sabemos, del agotamiento del modelo anterior. La política de autarquía generalmente prevaleciente hasta entonces, que había dado considerablemente buenos resultados desde el final de la Guerra Civil hasta mediados de los años 50s, ya resultaba inoperante.
[94] No sólo; desde el primer momento fue plenamente consciente de la situación y respaldó absolutamente las medidas a adoptar.
[95] Fue aprobado por el gobierno por Decreto Ley, el 21.7.1959 y refrendado por las Cortes el 28 de julio.
[96] Que, como veremos, tuvo lugar con la inducción y supervisión del FMI.
[97] Desarrollo que no sólo fue económico y comercial. Supuso un giro importantísimo en los planteamientos sociales y políticos del régimen, algo que el propio Franco intuía.
[98] El tipo único se fijó en 42 pesetas/$.
[99]El Gobierno había solicitado formalmente su ingreso en el FMI y en el BM en enero de 1958. Ingresó en ambos organismos gemelos el 15.9.1958. Sendas misiones del BM y del FMI llegaron a Madrid en octubre de 1958 y en febrero de 1959. Con posterioridad, el 24.3.1960, España ingresó en la Corporación Financiera Internacional, otra institución del grupo Banco Mundial. El 18 de octubre de ese mismo año entró en la tercera, la Asociación Internacional de Desarrollo.
[100] El Banco Mundial era por entonces una sola institución, no las cinco que hoy conforman el Grupo: se trataba del BIRF, es decir, Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento.
[101] Devaluación de la peseta para ganar competitividad en las exportaciones, reducción de la masa monetaria y elevación de los tipos de interés para acotar y minimizar la inflación, congelación del gasto público con ese mismo fin (y paralelamente, reducir el déficit público), liberalización de importaciones al objeto de modernizar el sistema productivo y recepción de créditos en divisas para financiar los procesos de internacionalización.
[102] Entre 1961 y 1974, España obtuvo un crecimiento medio del 6,7 %, cuando en esos mismos años la media de crecimiento en la UE era del 4,1 %. Para lograr el máximo desarrollo económico y social es necesario mantener una clara separación de los poderes del Estado y reforzar la fortaleza de las instituciones, sin interferencias de los partidos políticos y del poder ejecutivo.
[103] Que confiaba en el extraordinario “buen gobierno” del Régimen, caracterizado, grosso modo, por el Imperio de la Ley, la estabilidad institucional y política, un profundo respeto a la propiedad privada, notable facilidad de acceso a bienes y capitales y completa seguridad contractual. La Inversión Extranjera Directa proporciona los capitales, el saber hacer, los modernos métodos de gestión y el crecimiento de la producción y de productividad que puede empujar hacia arriba a cualquier economía que la reciba. España lo hizo.
[104] Los 6 millones de turistas en 1960 llegaron a ser 30 millones en 1975. Ello cambió la estructura económica en muchas zonas, sobre todo las costeras.
[105] Que se desplazaron sobre todo a Europa occidental y central, de manera perfectamente coordinada. Los procesos de modernización en la economía, principalmente agraria, habían sacado del mercado productivo a las pequeñas unidades agrarias del campo español. Una vez en sus países de acogida, los emigrantes enviaron a España sistemáticamente fuertes remesas agregadas de capitales como fruto de su ahorro. Habiendo sido ingresados en parte en el sistema bancario, esos fondos constituyeron las bases para la capitalización de multitud de pequeñas empresas y autónomos cuando los otrora emigrantes volvieron a España.
[106] En un entorno de seguridad jurídica y estabilidad política, con salarios bajos y presión impositiva escasa.
[107] De 115.000 a 132.000 parados a finales de año.
[108] El Estado organizó un sistema de control indicativo y estímulo a la producción que fue conocido bajo el nombre de Planes de Desarrollo Económico y Social, el primero de los cuales comenzó en 1964, el segundo en 1968 y el tercero en 1972. Permitían la coordinación entre el sector público y el privado, el mejor acceso al crédito y una poderosa creación de infraestructuras.
[109] Me refiero al llamado “efecto estadístico”: cuanto más baja es la base de partida, mayores son los crecimientos que se alcanzan durante los primeros años de las nuevas políticas económicas. La destrucción en Japón había alcanzado niveles altísimos. Su tenor al final de la guerra se aprecia con estos datos: las ciudades de Osaka y Kobe quedaron destruidas en un 57%. Tokio, Yokohama y Kawasaki en un 56%. Nagoya en un 52%. Y la pérdida de hombres fue masiva, unos 3,5 millones entre muertos y desaparecidos.
[110] Como dato de interés, ascendió a 60 pesetas al día o bien 1.800 pesetas al mes.
[111] En 1975, el peso de la industria en España era del 30%. En 2022 apenas llegaba a la mitad (15,9%) en un proceso de desmantelamiento y reducción permanente, consecuencia en su mayor parte de las negociaciones de acceso a la Comunidad Económica Europea efectuadas por gobiernos de la Transición.
[112] Que pasó de 60 a 70 por dólar.
[113] Como ya hemos visto al hablar de Japón, tiene sentido: el efecto estadístico justifica parte del crecimiento, tato mayor cuanto menor es la base de partida de una economía que se embarca en una senda de crecimiento.
[114] Aproximadamente el mismo que se contabilizó en el período 1960-1975, que fue del 10%.
[115] Conviene traer a colación los resultados de un trabajo de Leandro Prados de la Escosura y Blanca Sánchez Alonso, titulado “Dos siglos de moderno crecimiento económico”, que pueden encontrar en Papeles de Economía española nº 164 (2020), aquí PEE164art02.pdf (funcas.es). “En la fase de progreso más intenso, la denominada edad dorada (1950-1974), el PIB creció a una tasa anual cuatro veces y media superior a la de los cien años anteriores, casi siete veces mayor que en la primera mitad del siglo XIX, y el doble que entre 1974 y 2007” (página 2). “la tasa de crecimiento anual del PIB per cápita se elevó al 0,7 por 100 anual entre 1850 y 1950, duplicando su nivel inicial. Durante el siguiente cuarto de siglo, la llamada edad dorada, su ritmo aceleró hasta un 5,3 por 100 anual, de modo que, en 1974, la renta per cápita era 3,6 veces mayor que en 1950” (página 3). “La edad dorada (1950-1974) y, especialmente, el período posterior a 1960, destaca por ser una fase de convergencia con los países avanzados” (página 4).
[116] Debido al profesor Daniel Fernández, de la Universidad Francisco Marroquín.
[117] El consumo de todo tipo de bienes se disparó.
[118] Cuatro millones de personas dejaron las zonas rurales entre 1960 y 1970.
[119] En 1970, el 75% de la población laboral trabajaba ya en la industria y los servicios, y sólo el 25% lo hacía en la agricultura.
[120] En 1975, en torno al 75% de la población vivía en poblaciones de más de 10.000 habitantes.
[121] Datos de Laureano López Rodó, quien añadió que la inversión en ese mismo periodo creció al 11% anual acumulativo de media, cuya repercusión en el empleo fue de 2 millones de puestos de trabajo en industria y servicios.
[122] En 1975, la tasa de paro era del 3,78%, es decir, 510.500 desempleados. La presión fiscal ascendía al 18,4%. El “Impuesto de lujo”, de carácter indirecto, gravaba la adquisición de casi todos los bienes. Ascendía al 33%. No existía el Impuesto de Valor Añadido (IVA). El impuesto directo por antonomasia, es decir, el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, conocido como IRPF, fue creado por Ley 41/1964 de 11 de junio (BOE del 13 de junio). Su impacto era muy bajo. Y Los salarios eran netos, por completo exentos de retenciones.
[123] Ese dato nunca más se ha alcanzado.
[124] Y todo ello, con déficit fiscal cero. El primer desequilibrio apareció en 1976 (José Barea Tejeiro).
[125] La frase de Don Juan de Borbón es clara: “España alcanzó las cotas más altas de industrialización y desarrollo. Se pasó de la alpargata al automóvil. Se implantó la Seguridad Social y los trabajadores adquirieron beneficios jamás arrebatables”.
[126] La Junta de Investigaciones Atómicas, presidida por José María Otero de Navascués, físico políglota, director del Laboratorio y Taller de Investigación del Estado Mayor de la Armada.
[127] Cuyo origen radicó en el discurso de Dwight D. Eisenhower de 1953, “Átomos para la paz” y los acuerdos bilaterales de los EE. UU. con más de 15 países, entre ellos, España.
[128] La tecnología de los reactores era de Westinghouse y de General Electric.
[129] Zorita inició su construcción en julio de 1965, entrando en operación comercial en agosto de 1969.
[130] Esta fue la Primera Generación. Estas centrales fueron construidas principalmente por empresas extranjeras. La participación española (empresas de ingeniería, construcción y montaje, amén de fabricantes de equipos complementarios) fue del 43 % del total.
[131] Alcanzando un 75 % del total.
[132] La central nuclear de Lemóniz comenzó a construirse en 1972. Cuando el grupo I estaba terminado y sólo a falta de ser cargado con el combustible, el gobierno socialista de Felipe González paralizó su construcción (1984)
[133] La crisis del petróleo cambió ese estado de cosas: en 1976 se estaban construyendo 7 nuevas centrales.
[134] Es la referencia habitual a los EE. UU. y la URSS.
