Tras los Acuerdos de Múnich, el 30 de septiembre de 1938[1], el enfrentamiento armado de las fuerzas del Eje con las restantes potencias europeas parecía inevitable. Franco, que conocía bien la voluntad de Hitler de desencadenar la guerra, comunicó que España no pensaba participar en ella. El 24 de febrero de 1939, Francia reconoció oficialmente al Gobierno de Francisco Franco[2].
El 8 de marzo de 1939, España firmó el Tratado de Amistad y no agresión con Portugal. El 31 de marzo de 1939, España y Alemania firmaron un Tratado de Amistad que les confería la concesión de ayuda mutua en caso de ser atacadas por terceros. Ello no obstante, tan pronto como el 4 de abril[3], Alemania comunicó a España el importe total de la deuda española para con el Reich[4].
El 8 de mayo de 1939, Franco retiró a España de la Sociedad de Naciones[5].
El 18 de mayo de 1939, España solicitó a la Secretaría de Estado de los EE. UU. su aval para la obtención de un crédito de $ 13,7 M del Export-Import Bank destinado a adquirir algodón para las fábricas textiles de Cataluña[6].
El pacto (de no agresión[7]) germano-soviético de 22 de agosto de 1939 desconcertó a las cancillerías europeas, a los partidos comunistas de todo el mundo y también al propio Franco, quien agudizó su desconfianza hacia el Führer.
Desde el mismo[8] 1 de septiembre de 1939[9], Franco mantuvo una política oficial de neutralidad[10], que hizo pública oficialmente el día 4 de septiembre. Fue respaldada por el secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, el 6 de septiembre.
La Iglesia temía que el Régimen incurriera en el totalitarismo[11], pero Franco lo hizo imposible, aunque había familias deseosas de materializarlo. Además, impidió cualquier atisbo de antisemitismo, hasta convertir a España en una vía de escape para judíos europeos, mediante diversos procedimientos[12]. Franco siempre había disfrutado de una relación de amistad y respeto con los sefardíes[13].
El 3 de mayo de 1940, Franco escribió una carta a Mussolini reiterando su voluntad de[14] mantenerse neutral[15]. Las presiones en sentido contrario fueron in crescendo, provenientes no ya de Alemania[16] y de Italia, sino de generales de los Ejércitos de Tierra y del Aire, de la FET y de las JONS y de la mayoría de la clase política. Pero Franco no cedió[17]. El 12 de junio[18], el Consejo de ministros sustituyó la neutralidad por la no beligerancia. El 16 de junio, el mariscal Pétain requirió los buenos oficios de Franco ante Alemania para pedir la paz al III Reich. Con ese fin medió el general Vigón, enviado espacial de Franco, en el castillo de Açoz (Bélgica). Aunque Hitler despreciaba a España y exigía su inmediata entrada en la guerra, Franco no se dejó arrastrar.
Como sabemos, el 14 de junio de 1940 se produjo la ocupación alemana de París. Sin pérdida de tiempo alguna, el ejército español entró de inmediato en Tánger, nominalmente gestionada por un conjunto de países, pero en la práctica en manos de Francia. Sustituyó el gobierno internacional por uno directamente español y tomó el control de la ciudad. En noviembre, el territorio fue anexionado al protectorado español de Marruecos[19]. El 22 de junio de 1940, Francia firmó un armisticio con Alemania en Compiègne.[20]
El 24 de julio de 1940, Hitler encomendó a Von Richtofen[21] la misión de convencer a Franco para atacar Gibraltar. El 16 de septiembre, Serrano Suñer se entrevistó con Von Ribbentrop en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín, donde el ministro alemán presionó durante tres horas para lograr que España entrara en la guerra sin contrapartidas alemanas, acusando al ministro Beigbeder de estar al servicio de Inglaterra[22]. El 17 de septiembre, Hitler en persona tomó el relevo de su ministro de Asuntos Exteriores, incurriendo en el error de diferir[23] la entrega de armamento que Serrano Suñer exigía. El día 18, Von Ribbentrop exigió una base en las Islas Canarias, lo que permitió a Serrano encastillarse en la negativa, indignado ante la pretensión.
A la vista del impasse en que se hallaban las relaciones bilaterales, Hitler solicitó una entrevista personal a Franco, quien se mostró de acuerdo en mantenerla. Y a diferencia de lo ocurrido con los máximos responsables de los restantes países europeos, al menos desde 1938, Gran Bretaña incluida, Hitler se desplazó en tren hasta escasa distancia de la frontera española para pedir personalmente a Francisco Franco que entrara en la guerra al lado de Alemania.
Los planes de la Wehrmacht[24] para con España cosificaban por completo la soberanía española y convertían de facto a España en un satélite alemán. Para hacer frente al peligro, Franco adoptó dos medidas: nombrar a Serrano Suñer ministro de Exteriores[25] para privilegiar su acceso a Berlín[26] y estrechar (oportuna y magistralmente) las relaciones con Portugal.[27]
El 23 de octubre de 1940 tuvo lugar en Hendaya una reunión que marcó la Historia de España para los siguientes años. Franco, junto con Serrano Suñer[28], se entrevistó con Hitler[29]. Éste quería que España entrara en guerra para inclinar el estado de cosas a su favor y creía que Franco se lo debía por los favores que Alemania le hizo durante la Guerra Civil.[30] Con ese fin, recorrió una gran parte de una Europa en guerra y detuvo su tren privado en la estación de Hendaya. No consiguió su pretensión, pues Franco eludió comprometerse, a pesar de las presiones recibidas y de la oferta de asaltar Gibraltar y de cederlo a España.
Para no enfrentarse directamente con Hitler, utilizó una doble táctica: pedir lo que Hitler no podía darle y posponer la decisión hasta ver mejor el curso de los acontecimientos. ¿Qué no podía dar la Alemania nazi a España? Armas modernas en abundancia y variedad[31] (de las que carecía el Ejército español), alimentos en cantidades enormes[32] (que escaseaban en España y no sobraban en Alemania), derivados del petróleo que España no producía y finalmente, vastos territorios de las colonias francesas en el Norte de África, que estaban bajo el control de la Francia de Pétain[33].


Tras el doble encuentro de Hendaya[34], no hubo más reuniones[35]. Franco ganó[36]; Hitler perdió. Franco utilizó sus pocos recursos (difirió las respuestas, exigió lo impensable, utilizó un lenguaje irritante, contradijo a Hitler en materias estratégicas y tácticas[37], pospuso las decisiones una y otra vez). ¿Hasta cuándo diferir una decisión cuya condición necesaria no se cumplía? No era fácil continuar ad infinitum con una política de procrastinación, pero las circunstancias vinieron en apoyo de Franco[38], quien el 21 de enero de 1941 rechazó de plano un ultimátum alemán (que el Embajador Von Stohrer leyó personalmente a Franco) para que España se incorporara a la guerra.[39]
Con todo, Alemania pidió la intermediación de Italia para convencer a Franco[40]. Éste se entrevistó con Mussolini en Bordighera el 12 de febrero de 1941. Mussolini salió convencido de que Franco ni quería ni podía ir a la guerra. A pesar de las presiones de Hitler, Franco mantuvo a España al margen de la II Guerra Mundial, declarando, eso sí, el status de no beligerancia. La consecuencia inmediata fue evitar a los españoles los enormes sacrificios y la destrucción que experimentaron los nacionales de los países escenario de la guerra.
Franco aseguró al Duce que España no intervendría en la guerra, de ninguna manera, pues había quedado claro que Alemania quería controlar todos los países de Europa y España no iba a ceder a ese capricho. Alemania, puntualmente informada, desistió definitivamente de intentar que España abandonara su no beligerancia.
El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la URSS, el socio de los nazis en la desmembración de Polonia. España mantuvo su estatus de neutralidad, pero permitió formar un grupo de voluntarios para combatir en el frente oriental. Fue la División Azul[41], comandada por el general Agustín Muñoz Grandes[42]. La expansión nacionalsocialista hacia el Este, con la ampliación posterior del teatro de operaciones a los Balcanes y a Grecia, dejó claro a Franco que esta historia había terminado para bien: Alemania no atacaría Gibraltar, ni tendría bases en Canarias, ni en las plazas españolas del Norte de África, ni entraría en el territorio peninsular. España podría recuperarse de una guerra civil devastadora de por sí y no habría más muertos españoles por decisión oficial en una nueva guerra.[43]
Esta fue una difícil victoria para Franco y para España. Y lo fue contra el dueño de media Europa, de la misma manera que la anterior victoria lo había sido contra el futuro dueño de la otra media. No está mal.
Paralelamente, el embajador de España en Londres[44] realizó su cometido de mejorar las relaciones del régimen con el Reino Unido.[45] El 12 de febrero de 1942, España y Portugal firmaron una alianza defensiva que los reforzaba ante cualquier ataque a uno de ellos.[46] Cuando el 29 de mayo Franco supo que las tropas alemanas planeaban atacar España en caso de “ataque enemigo sobre la Península Ibérica”[47], reforzó las líneas defensivas del Pirineo. Ello fue suficiente, pero además, decidió a Franco a alejarse todavía más del III Reich y a mantener un mayor equilibrio entre el Reino Unido y los EEUU, por un lado, y Alemania por otro.[48]
El mes de diciembre de 1942, la situación española mejoró; el día 4 de diciembre, el Reino Unido garantizó que no habría interferencias en los asuntos internos del Régimen. El día 6, el embajador Hayes informó al Departamento de Estado sobre la imparcialidad de Franco en la guerra.
Aventurando lo que sobrevendría tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Franco anticipó como inevitables los procesos de descolonización de las posesiones europeas en otros continentes, cosa que cambiaría el paisaje político internacional a partir de los años 60[49]. No sólo eso; como relató el embajador norteamericano Carlton J. Hayes[50] en sus memorias, Franco mantenía una característicamente suya “Teoría de las tres guerras”[51], una de las cuales (la guerra contra el comunismo) iba a condicionar el futuro de Europa tras el final de la II Guerra Mundial.[52]
Hechos como la estrepitosa derrota de la Wehrmacht de febrero de 1943 en Stalingrado[53] y la caída de Mussolini como consecuencia de la votación del Gran Consejo Fascista el 25 de julio de 1943, junto con los bombardeos en alfombra de la RAF británica sobre Hamburgo[54] el 29 de julio de 1943, anticipaban el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa en un sentido muy claro, favorable a los aliados.
Los Estados Unidos, cuya hegemonía económica y militar en Occidente era incontestable, tomaron en consideración de la posibilidad de intervenir militarmente en España. El Estado Mayor conjunto de los EE. UU. y el Reino Unido, por inspiración de general Marshall[55], elaboró un memorándum que sería presentado en la Conferencia de Quebec[56], a la que asistieron el presidente Roosevelt y el primer ministro Churchill. Por fortuna para España y los españoles, Roosevelt siguió al pie de la letra las instrucciones de Stalin[57]: el desembarco del frente occidental sería en Normandía, no en el Cantábrico.
El 21 de octubre de 1943, el embajador Hayes solicitó al ministro conde de Jordana[58] la retirada de la División Azul y le transmitió el malestar de Roosevelt en relación con su presencia en el frente del Este, a lo que Franco reaccionó con firmeza[59].
Entretanto, la situación económica española era muy mala. Franco solicitó ayuda a los EE. UU. Como respuesta, los Estados Unidos efectuaron envíos de trigo a través de la Cruz Roja, condicionados al mantenimiento de la neutralidad española[60]. El 22 de febrero de 1944, Churchill se dirigió a la Cámara de los Comunes con un largo parlamento orientado a quitar presión sobre Franco. El día 23, en el debate subsiguiente, Anthony Eden[61] remachó la posición de Churchill[62]. El 25 de abril retornó a España la Escuadrilla Azul, fuerza aérea asignada a la División del mismo nombre[63].
Franco hubo de atender simultáneamente a situaciones difíciles en distintos frentes: la enemiga de los aliados, la acción de los exiliados republicanos, la oposición monárquica en el interior y, en 1944, el maquis. En el teatro oriental de la II Guerra Mundial, rompió relaciones con el imperio japonés el 11 de abril de 1945 como consecuencia de la crueldad de las tropas niponas contra los civiles españoles residentes en Manila. La brutalidad japonesa incluyó la destrucción del consulado español, con 50 refugiados en su interior.
Los vencedores en la II Guerra Mundial decidieron aislar a España[64] y, al tiempo, intentaron crear una hambruna que derribara al joven régimen, pero no lo lograron. Es más, en tan difíciles circunstancias, que se derivaban de la colusión de intereses entre los vencedores de la II Guerra Mundial, uno de los cuales (la URSS[65]) estaba especialmente interesada en la caída de Franco[66], España mantuvo el tipo y no sólo eso, sino que se reconstruyó[67]. No obstante, los tres primeros años (1945-1948) fueron especialmente difíciles, exigiendo del propio Franco en persona constantes intervenciones para rechazar los ataques recibidos[68].
El régimen franquista sufrió la reprobación de las Naciones Unidas por el estatus de no beligerancia anterior, rechazando la admisión de España en la ONU. Como compensación institucionalmente menor pero moralmente mucho mayor jugó el agradecimiento, a finales de 1945, del Congreso Mundial Judío por la protección dispensada a tantos miembros de esa filiación durante la Segunda Guerra mundial. Está demostrada la cooperación del régimen de Franco con el Vaticano para salvar judíos en toda Europa, y ello desde 1940. El rabino Chaim Lipschitz lo declaró a Newsweek en febrero de 1970.[69] No menor fue el reconocimiento de Max Mazin, miembro relevante de la comunidad judía europea, quien en 1973 abundó en la labor de Franco[70]. En efecto, ningún otro gobierno del mundo se enfrentó al nazi en la época para salvar a los judíos. Asimismo, a mediados de 1942, Franco ordenó al embajador de España en Alemania que protestara por la persecución que sufría la iglesia católica, protesta que fue brusca y airadamente respondida por el gobierno nazi.
El 12 de diciembre de 1946, la Asamblea General de Naciones Unidas condenó al régimen español y recomendó la ruptura de relaciones diplomáticas[71]. La comunidad internacional, con pocas excepciones[72], la cumplió. Consecuentemente, España sufrió un fortísimo boicot internacional[73]. No obstante, el régimen de Franco, que pudo movilizar a la población a su favor, lo superó[74].
España se rehízo de los daños de la guerra civil, consiguiendo resultados extraordinariamente buenos en materia de incremento del PIB, nutrición, expectativa de vida al nacer y enseñanza/formación. Franco consiguió mantener la independencia de España frente a los aliados sin ceder posiciones. Y la situación empezó a cambiar cuando, el 5 de marzo de 1946, Churchill, en presencia de Truman[75], pronunció el famoso discurso en el que tres palabras destacaron sobre todas las demás, y eso durante muchas décadas[76].
El 30 de octubre de 1946[77], España y Argentina firmaron un Acuerdo de Comercio y Pagos, que amparaba dos créditos[78]: uno revolving de 350 millones de pesos por tres años, con dos de ampliación en caso de convenirlo las partes y un tipo de interés del 2,75% anual. Otro de 400 millones de pesos en términos concesionales[79]. Ambos eran para pagar importaciones procedentes de Argentina[80].
Las cantidades de productos argentinos garantizadas eran 400.000 toneladas de trigo en 1947 y 300.000 toneladas en 1948, sujetas a la restricción de que los excedentes exportables de trigo argentino no fueran inferiores a 2,6 millones de toneladas[81]. Acuerdos similares cubrieron las ventas de maíz. Argentina se comprometió a exportar a España al menos 120.000 toneladas de maíz en 1947 y 100.000 toneladas en 1948. Además, hasta 1951, España podría importar gran cantidad de alimentos como carne, aceites comestibles[82], legumbres, huevos y otros.
España, a su vez, se comprometía a enviar a la Argentina cada año, hasta 1951, un mínimo de 15.000 toneladas de hierro, 5.000 toneladas de planchas de hierro, 5.000 toneladas de plomo, 8.000 toneladas de corcho y sus productos, 2.000 toneladas de aceitunas, 600 toneladas de papel de cigarrillos y el 15% de su excedente exportable de aceite de oliva[83].
Como consecuencia, durante 1946 y 1947, las exportaciones argentinas a España ascendieron a 137 millones y 312 millones de pesos respectivamente, mientras que las importaciones argentinas de España en esos dos años oscilaron en torno a 30 millones y 95 millones de pesos, respectivamente[84].
En enero de 1947, España firmó con Argentina otro tratado comercial, que fue ratificado con la visita a España de 16 días de duración efectuada por la primera dama, Eva (Evita) Duarte de Perón[85], quien aterrizó en Madrid el 8 de junio de 1947. Adicionalmente, Franco firmó con el presidente Juan Domingo Perón un protocolo complementario el 4 de abril de 1948.[86]
El nuevo acuerdo otorgaba a España 1.750 millones de pesos[87] como crédito para comprar alimentos y materias primas en Argentina, en cuotas de 350 millones de pesos cada año hasta finales de 1951. El crédito podía ser incrementado en 1948 hasta 100 millones de pesos más, que serían descontados del crédito otorgado para los años subsiguientes. Argentina se comprometía a garantizar licencias para la importación de bienes no esenciales procedentes de España por un total de 70 millones de pesos por año.
El protocolo establecía que, al finalizar cada año, si había saldo entre las importaciones españolas de Argentina y las exportaciones españolas hacia la Argentina, sería convertido a pesetas en una cuenta especial libre de intereses. Argentina podría utilizar esas cantidades para invertir en España en minería, industria y comercio, así como para adquirir barcos, equipo ferroviario y bienes de capital. Las reservas en pesetas podrías asimismo ser utilizadas para establecer un puerto franco en Cádiz y dotarlo de equipamientos para almacenar y redistribuir exportaciones en el resto de Europa[88].

Además, Argentina defendió al régimen español en Naciones Unidas y envió un Embajador a Madrid en un período en el que la mayoría de las representaciones habían retirado a sus máximos representantes. La visita contribuyó a reforzar al gobierno español en una época difícil. El gobierno de Franco concedió a Eva Perón la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Durante el transcurso de la visita, el gobierno español conmutó de la pena de muerte de la militante comunista Juana Doña, condenada por servir de enlace entre el maquis y los comunistas atentando contra el Régimen.
Evita, en sus teatrales[89] discursos, no dejó de honrar y reconocer la obra de Franco.[90]
El 5 de marzo de 1947 se produjo la primera aceptación de España en un organismo internacional tras el final de la Segunda Guerra Mundial: España entró en la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI).
En los últimos años 40 (entre 1947 y 1948) se desencadenó la conocida como “Guerra Fría” entre los antiguos aliados contra la Alemania nacionalsocialista. La amenaza del Ejército Rojo en Centroeuropa[91] facilitó el acercamiento de las potencias occidentales al régimen de Franco, el cual había mantenido su posición sin concesión alguna desde el primer momento. Estados Unidos, preocupado por el expansionismo soviético, el triunfo del maoísmo en China y la Guerra de Corea[92], cambió de tercio. A primeros de febrero de 1948, el almirante Forrest Sherman, jefe de las fuerzas operativas navales de la VI Flota estadounidense, visitó España. Aunque se trató formalmente de una visita privada, se entrevistó con altos mandos de la marina española.
En los primeros meses de 1949, cuatro países de Iberoamérica (Bolivia, Brasil, Colombia y Perú) presentaron en la ONU una moción para revocar la decisión de 1946. Polonia y la URSS se opusieron, sólo para ser derrotados el 7 de mayo[93]. La Guerra Fría era un hecho, patentizado en 1948 con el bloqueo de Berlín Occidental y desde 1950 por la invasión y subsiguiente Guerra de Corea, que comenzó el 25 de junio de 1950[94].
Finalmente, el 4 de noviembre de 1950, la Asamblea General de Naciones Unidas, mediante la Resolución A/RES/386(V), derogó[95] la resolución de 1946 que imponía romper relaciones diplomáticas con España[96]. El 27 de diciembre, Estados Unidos envió un embajador, Stanton Griffis. EE. UU. intentó incorporar España a la OTAN, pero la oposición de Gran Bretaña lo impidió.
A primeros de 1950, a la vista de las circunstancias en que se desenvolvía la geopolítica mundial, el secretario de Estado norteamericano, Dean Acheson, escribió al senador Tom Connally valorando positivamente el régimen de Franco. La carta se publicó oportunamente.
El 27 de febrero de 1951, España ingresó en la Organización Meteorológica Mundial (OMM)[97]. El 5 de abril de 1951 lo hizo en la FAO (Organización de la Agricultura y la Alimentación), de Naciones Unidas. El dos de mayo de 1951 entró en la Unión Internacional de Telecomunicaciones. El 28 de mayo de 1951, España se integró en la OMS, Organización Mundial de la Salud. Algo más tarde, el 30 de enero de 1953, accedió a la UNESCO. En octubre de 1951, el general norteamericano Conway visitó las instalaciones de la 2ª Región Militar, en un proceso de aproximación que ya estaba en marcha.
En julio de 1952 se supo que Harry S. Truman no se iba a presentar a la reelección como presidente de los EE. UU.[98]. La candidatura del general Eisenhower y Richard M. Nixon, que a la postre resultaría vencedora, fue bien recibida por el Régimen. Sin duda resultó mucho más favorable para el Régimen que lo que hubiera sido de haber ganado Adlai Stevenson, candidato del partido demócrata.
El 26 de septiembre de 1953, España firmó con los Estados Unidos tres acuerdos bilaterales por un plazo de 10 años, renovables automáticamente por dos períodos de 5 años cada uno. El conjunto de los tres acuerdos fue conocido como el Pacto de Madrid. De los tres, el más relevante fue el de Ayuda para la Defensa Mutua[99], de carácter militar y tecnológico, con una primera anualidad[100] de 226 millones de dólares [101]. El segundo estuvo constituido por la Ayuda Económica que los EE. UU. brindaban a España, con pocas exigencias y/o condicionantes en su aplicación. El tercero fue el acuerdo defensivo, concebido y aplicado frente a las amenazas contra el mundo occidental. La contrapartida española estaba constituida por la cesión temporal para uso conjunto[102] de algunas bases militares[103] que el Pentágono consideraba fundamentales en su tejido de defensa en la Guerra Fría.
Todo esto supuso un enorme triunfo para Franco, refrendado por la posterior visita a España del presidente Eisenhower.[104]
Algo antes, el 27 de agosto de 1953, se había firmado el Concordato con el Vaticano[105], un paso importante en la aceptación internacional[106] del Régimen[107], que Franco había impulsado con ahínco y paciencia. Franco buscaba un respaldo internacional importante, procedente de la institución que encarnaba “la gran fuerza moral que ha formado el alma colectiva de nuestra Nación”[108], cosa que obtuvo, junto con el privilegio de la presentación de obispos. El Vaticano obtenía el derecho de nombrar obispos auxiliares más allá del privilegio de presentación, junto con una serie de ventajas de todo orden.
El 26 de enero de 1955, Naciones Unidas invitó a España a enviar un observador.[109]
Engrosando la ola de victorias diplomáticas del régimen de Franco, en noviembre de 1955 visitó España el secretario de Estado norteamericano, John Foster Dulles, para tratar sobre todo del ingreso de España en la ONU como miembro de pleno derecho, lo que se materializó el 15 de diciembre de 1955[110]. La URSS había sido nuevamente derrotada[111]. Y lo fue de una manera masiva, como vamos a ver.[112]

El 8 de diciembre de 1955, la Asamblea General de la ONU admitió a España y a otros 17 países, al amparo de una propuesta canadiense, por 52 votos a favor, 2 en contra[113] y 7 abstenciones. El 13 de diciembre, la resolución se elevó al Consejo de Seguridad para su ratificación. La URSS votó en contra. Tras sucesivos vetos cruzados, el día 14, la URSS propuso retirar el veto[114] a España si los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad retiraban el veto que habían establecido frente a Mongolia y se excluía a Japón. Así se hizo[115].
El 2 de marzo de 1956, Francia, presionada por los EE. UU., concedió la independencia a Marruecos, califato al que había mantenido como protectorado, con una extensión muy superior al correspondiente español. Inevitablemente, durante la madrugada del 7 de abril, España firmó la independencia de Marruecos. Al poco tiempo, el 28.5.1956, España hizo su entrada en la OIT, Organización Internacional del Trabajo. El año terminó con una acción que, si bien no afectó directamente a España, puso de relieve que el centro de gravedad del poder en el mundo, que claramente había dejado de orbitar en torno a Europa desde 1941, pasaba a manos de los EE. UU. y la URSS: el 1 de diciembre de 1956, marina y aviación británica y francesa intervinieron en el Canal de Suez, pero dos días más tarde hubieron de retirarse ante sendos ultimátum de los EE. UU. y de la URSS.
Antes de que España entrara a formar parte del Organismo Internacional de Energía Atómica, cosa que ocurrió el 26.8.1957, llegó a España (y se entrevistó con el ministro de Asuntos Exteriores) el vicepresidente norteamericano Richard Nixon.
Durante la noche del 22 de noviembre, hordas irregulares marroquíes[116] atacaron algunos puestos fronterizos españoles, llegando a cercar la guarnición de Sidi Ifni. Tras el envío de refuerzos, el cerco se levantó a primeros de diciembre y los atacantes se retiraron, no sin dejar 62 muertos y 125 heridos españoles. La visita del secretario de Estado John Foster Dulles[117] a Madrid para informar de lo tratado en la conferencia de presidentes de gobierno de los países de la OTAN, celebrada en París, opacó el impacto en la opinión pública de la pequeña guerra desencadenada y perdida por Marruecos.
El 29 de agosto de 1959, el ministro Castiella entregó a Eisenhower en Londres una carta de invitación de Franco para que el presidente norteamericano visitara España. Ese viaje se materializó el 20 de diciembre de 1959, con 1 millón de madrileños en las aceras, listos para saludar bajo la gélida lluvia a Eisenhower y Franco.
El 9.12.1960, España ingresó en el CERN[118], Organización Europea para la Investigación Nuclear.
Llegado 1963, año que suponía el final del plazo de 10 años del Tratado de defensa con los EE. UU., el 25 de enero, el Consejo de ministros decidió revisarlo en profundidad y aprovechó para publicitar el alcance de la ayuda económica asociada: poco más de 1.000 millones de dólares.
La Iglesia había ido distanciándose del Régimen de Franco desde el Concilio Vaticano II (1965). La renovación de la jerarquía episcopal española culminó con el nombramiento como presidente de la Asamblea Episcopal de monseñor Vicente Enrique y Tarancón, persona muy próxima al papa Pablo VI. La ruptura de la Iglesia con el franquismo estaba cantada.
En agosto de 1965, el presidente norteamericano Lyndon B. Johnson invitó a España a participar en la guerra de Vietnam. Franco no se demoró en indicarle, desde su experiencia militar y conocimiento de los teatros de conflicto armado, que una guerra de ese tipo nunca podría ser ganada. Un ejército operando como un ejército no puede vencer en ese marco. Tiene que fanatizarse, y entonces no es un ejército. Y para aligerar parcialmente el peso de la negativa, hizo enviar equipos sanitarios al país del sudeste asiático.
El 17 de diciembre de 1966, por 78 votos a favor y cero en contra (12 abstenciones), la IV Comisión (Comisión Política Especial y de Descolonización) de la ONU aprobó una resolución lamentando el retraso en el proceso de descolonización de Gibraltar y solicitando a la par su aceleración. La Asamblea General ratificó esa aprobación por 101 votos a favor, cero en contra y las mismas 12 abstenciones.
El 16 de diciembre de 1967, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó una resolución instando al Reino Unido y a España a entablar negociaciones para solucionar el problema de Gibraltar[119]. Las negociaciones se estancaron y el gobierno español cerró la frontera el 7 de junio de 1969.
En 1968, Ifni pasó a formar parte de Marruecos y ese mismo año, Guinea Ecuatorial obtuvo su independencia de España, error africano del que los guineanos todavía no se han recuperado[120]. El 18 de noviembre, recién elegido Richard Nixon como presidente de los EE. UU., volvió a visitar a Franco el todavía secretario de Estado, Dean Rusk.
Además del general Pétain en su día, el general Charles de Gaulle contemplaba con aprecio la labor de Franco al frente de la jefatura del Estado y del gobierno de España. El francés, tras abandonar la presidencia de la República en 1969, viajó a España el 3 de junio para hacer turismo y conocer a Franco, al que reconoció méritos que algunos de los restantes lideres europeos ignoraban u ocultaban, como haber salvado a España del comunismo, haberla mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial, haber preservado su unidad, modernizado su economía, preparado su entrada en la Unión Europea y organizado el retorno a la democracia.[121]

El 20 de junio se acordó una prórroga extraordinaria de los acuerdos con los EE. UU. hasta el 26 de septiembre de 1970.
España firmó el 30 junio de 1970 un Acuerdo Preferencial con la Comunidad Económica Europea[122]. En septiembre de 1970, Franco recibió la visita de Richard M. Nixon y Henry Kissinger, quienes hicieron patente así su apoyo al Régimen. La bienvenida del pueblo de Madrid al presidente Nixon fue tan entusiástica como la conferida al presidente Eisenhower, pero menos numerosa.
En 1972, el presidente Nixon envió al general Vernon Walters[123], quien ya había estado en España acompañando al presidente Eisenhower, con la misión de sondear a Franco sobre lo que acontecería tras su propia muerte.
La misión era difícil. Franco recibió a Walters en El Pardo, acompañado por el ministro de Asuntos Exteriores, Gregorio López Bravo. Walters entregó una misiva de Nixon en la que presidente norteamericano pedía franqueza a Franco. Walters intentó un circunloquio sobre la seguridad en el Mediterráneo Occidental, pero Franco le interrumpió.[124]
Ese mismo año 1972, en septiembre, España y la URSS firmaron en París un tratado comercial y un protocolo para abrir sendas Oficinas Comerciales en Madrid y Moscú, paso previo a la apertura de Embajadas, lo que tuvo lugar en 1977.
El 25 de abril de 1974, en el vecino Portugal, se desencadenó un movimiento militar conocido como la “Revolución de los Claveles”, que acabó con el régimen portugués, entonces encabezado por Marcelo Caetano. El detonante fue la guerra que Portugal mantenía en sus colonias africanas de Angola y Mozambique, que había creado gran malestar. Los acontecimientos en el país vecino no cruzaron la frontera. Franco no intervino a pesar de la petición portuguesa, que apeló al Pacto Ibérico, ni a las presiones norteamericanas.
El 31 de mayo de 1975 visitó España el tercer presidente norteamericano que lo hacía durante el régimen de Franco, Gerald Ford[125], acompañado de su esposa, Betty. Se trataba de renegociar el acuerdo sobre bases militares vigente desde 1953. A los EE. UU. les interesaba enormemente mantener a España como bastión defensivo, máxime en los tiempos difíciles por los que pasaba la situación política en Portugal. La reunión en El Pardo fue en extremo cordial, muestra del interés de los EE. UU. por mantener una buena relación con España. Su contenido, en un documento oficial desclasificado, lo deja muy claro.

El último asunto relevante que pudo tratar Franco fue el del Sáhara Occidental, territorio español desde el Siglo XIX, provincia española desde 1958, habitada por unos 75.000 nativos, nómadas en su mayoría, diseminados en una extensión de 266.000 Km2. La corona alauita deseaba controlar el espacio saharaui, básicamente para lograr el Gran Marruecos, pero también por sus riquezas pesqueras y minerales. Naciones Unidas dictaminó que se celebrara un referéndum entre los habitantes, lo que exigía un censo previo, que no existía como tal.
Franco no tenía intención alguna de entregar el territorio y, cuando el Tribunal Internacional de La Haya dictaminó el 16 de octubre que el Sahara debía decidir su futuro mediante un referéndum, en la línea de lo indicado por Naciones Unidas, el rey Hassan lanzó una marcha verde[126] para presionar a España[127]. El gobierno español, con Carlos Arias Navarro al frente y Juan Carlos I fungiendo de jefe de Estado[128], cedió. La retirada, innegociada, fue completa. La marcha verde no entró en el territorio saharaui, pero la monarquía alauita obtuvo su presa. El 14 de noviembre se firmó en Madrid el Acuerdo[129] del mismo nombre, por el que las tropas españolas se retirarían del territorio el 28 de febrero de 1976.
Franco, que agonizaba desde el día 2 de noviembre, nunca lo supo.
Falleció en la madrugada del día 20 de ese mismo mes del año 1975.
[1] Tres días antes, el 27, tras una consulta formal de Francia y Gran Bretaña a Franco para que éste dejara clara su actitud en caso de guerra europea, Franco respondió sin ambages que España permanecería neutral.
[2] El 18 de noviembre de 1936, Alemania e Italia habían reconocido el régimen de Franco.
[3] Atención a la fecha. Ni tres días desde que la Guerra Civil terminara formalmente tardaron en comunicar la cuantificación de la deuda.
[4] El 4 de abril, tres días después del final de la guerra, Alemania reclamó 300 millones de Reichsmark, unos 1.089 millones de pesetas. Se detrajeron 200 millones de la deuda total gracias a la tenaz negociación española. Italia había contabilizado 14.000 millones de liras, de las que condonó 9.000 millones, a devolver en un plazo de 25 años. Esa circunstancia, acompañada por la enorme devaluación de la lira, convirtió la deuda española con Italia en una sombra de lo que podía haber sido. La cifra final, al cambio, rondaba los 500 millones de dólares.
[5] La Sociedad de Naciones (SdN) fue creada el 28 de junio de 1919 tras haber aceptado la Conferencia de Versalles, el 25 de enero de 1919, la sugerencia del presidente norteamericano Woodrow Wilson de constituirla. Su objetivo era sentar las bases de un nuevo orden internacional tras la I Guerra Mundial y evitar que tuviera lugar otra guerra de esa envergadura. La SdN integró originalmente a 42 países (16 de ellos, europeos), incluyendo a los vencedores en la Gran Guerra y a 13 neutrales. Llegó a tener 57 miembros. Las lenguas oficiales fueron el francés y el inglés. Nunca contó con la presencia de los EE. UU., debido a la negativa del Senado estadounidense a participar en ella. Inicialmente fueron excluidos Alemania, Austria, Turquía (perdedores de la guerra) y la URSS. Todos ellos se incorporaron con posterioridad. Los fracasos de la SdN fueron significativos.
Unos pocos ejemplos: en 1923, Francia ocupó la región alemana de la cuenca del Ruhr para exigir reparaciones de guerra, sin que la SdN lo condenara a pesar de estar oficialmente prohibidas esta clase de operaciones para cobrar deudas de guerra (fue Francia la que más dañó el prestigio de la SdN con estas actuaciones). En 1935, Italia invadió Abisinia. El emperador Haile Selassie solicitó la intervención de la SdN, quien condenó la invasión e impuso sanciones económicas, pero excluyendo las exportaciones de carbón, petróleo y acero a Italia, cosa que posibilitó la completa invasión de Abisinia en mayo de 1936. Semanas después, la SdN levantó las sanciones. Al poco, Italia abandonó la SdN.
Alemania y Japón dejaron de formar parte también de la SdN en 1933. La URSS fue expulsada en diciembre de 1939, cuando sus tropas invadieron Finlandia. La incapacidad para convencer o forzar a los agresores en el marco de las relaciones internacionales fue letal para la SdN. Además, fueron notables coadyuvantes la no participación de los EE. UU. en el organismo, la exclusión inicial de los países derrotados en la Gran Guerra, la responsabilización de Alemania por todo lo acontecido desde 1914, las políticas de apaciguamiento desarrolladas por Francia y el Reino Unido frente a la Alemania nacional socialista y, finalmente, la invasión alemana de Polonia el 1 de septiembre de 1939. La Sociedad de Naciones fue disuelta oficialmente en abril de 1946. Sus activos y archivos fueron traspasados a la recién creada Organización de las Naciones Unidas.
[6] La anterior solicitud a un consorcio de entidades financieras internacionales fracasó porque éste exigía contrapartidas políticas, que Franco no consideró siquiera.
[7] Que llevaba asociado el reparto de Polonia, en cláusulas secretas que se conocieron más tarde.
[8] De esa fecha es el comunicado del embajador Von Stöhrer a su Ministerio en Berlín tras hablar con el ministro español de Asuntos Exteriores, Beigbeder.
[9] Fecha de la invasión alemana a Polonia, momento del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
[10] Para pasar a la de no beligerancia a instancias de Mussolini.
[11] El Papa Pío XII denunció la situación del totalitarismo alemán con la encíclica Mit brennender Sorge https://www.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_14031937_mit-brennender-sorge.html de 1937.
[12] Baste recordar la gestión de Ángel Sanz Briz en Budapest. Con carácter general, ningún judío que llegó a España fue devuelto a su país de origen en ningún momento. Aplicando un decreto vigente desde Alfonso XIII (1924), España, con Franco a la cabeza, consiguió salvar la vida de miles de sefarditas a los que se les facilitó documentación española. Recuérdese que, a la muerte de Franco, el rabino de Nueva York homenajeó su memoria “porque tuvo piedad con los judíos”. El periódico The American Sephardi, con motivo del aniversario del fallecimiento de Franco, publicó este artículo: “El General Francisco Franco, jefe del Estado Español, falleció el 20 de noviembre de 1975. En contraste con Inglaterra, que cerró las fronteras de Palestina a los judíos que huían del nazismo y la destrucción, y también con la democrática Suiza, que devolvió al terror nazi a los judíos que llegaron llamando a sus puertas buscando ayuda, España abrió su frontera con la Francia ocupada, admitiendo a todos los refugiados, sin distinción de religión o raza. El profesor Haim Avni, de la Universidad Hebrea, que ha dedicado años a estudiar el tema, ha llegado a la conclusión de que se lograron salvar un total de unos 40.000 judíos, vidas que se salvaron de ir a las cámaras de gas alemanas, bien directamente a través de las intervenciones españolas de sus representantes diplomáticos, bien gracias a haber abierto España sus fronteras” https://elfarodeceuta.es/la-ayuda-de-franco-a-los-judios-ii/ Un relato detallado de Pedro Schwartz consta aquí https://fnff.es/historia/953027282/Franco-y-los-judios,-por-Pedro-Schwartz.html
Elie Wiezel, escritor judío, premio Nobel de la Paz 1986, diría “España fue, probablemente, el único país de Europa que no devolvió a los refugiados judíos”. (Declaraciones a la prensa a su llegada a Madrid en julio de 1990). Shlomo Ben Ami, ministro de Asuntos Exteriores de Israel y antes embajador israelí en España, ha dicho “El poder judío no fue capaz de cambiar la política de Roosevelt hacia los judíos durante la II Guerra Mundial. El único país de Europa que de verdad echó una mano a los judíos fue un país en el que no había ninguna influencia judía: España, que salvó más judíos que todas las democracias juntas” (Declaraciones a la revista Época en 1991).
[13] El general Franco fue filosefardí desde sus años en la guerra de Marruecos, como lo prueba el artículo «Xauen la triste» publicado en 1926, recién ascendido a general de brigada. No devolvió a ninguno de los refugiados que consiguieron llegar a territorio español.
[14] Cualquiera que fuera la decisión italiana.
[15] “Diarios del Conde Ciano”: “Franco ha mandato uno scialbo messagio al Duce, nel quale conferma la assoluta e inevitabile neutralitá di Spagna, che si prepara cosí a rifarsi le ossa”. Es decir, “Franco ha enviado un insulso mensaje al Duce en el cual confirma la absoluta e inevitable neutralidad de España, que se prepara así a recomponer su osamenta”.
[16] Éstas habían comenzado en septiembre de 1937, en plena guerra civil, con el nombramiento de un nuevo embajador de Alemania en España, Eberhard von Stohrer, cuya misión inmediata era hacerse con recursos mineros españoles para la preparación de la guerra en Europa. Fue justo al revés: el 9 de octubre de 1937, Franco anuló todas las concesiones y ventas mineras efectuadas desde el principio de la guerra civil, rechazó las presiones alemanas y se aproximó al Reino Unido. El director de HISMA, Sociedad hispano-alemana para los suministros de guerra, Johannes Bernhardt, recogía esta frase del 4 de noviembre: “El Generalísimo no está dispuesto a hipotecar los bienes españoles”.
[17] “El mayor crimen que un jefe de Estado puede cometer es llevar a su nación a una guerra, si no es por una razón de vida o muerte”.
[18] Día de la caída de París en manos de la Wehrmacht.
[19] Al final de la guerra (1945), España retiró sus tropas de Tánger y la ciudad volvió a su estatus anterior.
[20] En 1923 se firmó un Tratado Internacional multilateral que estableció un nuevo estatus del territorio, denominado Estatuto de Tánger. Por su virtud, Tánger se convertía en un Protectorado controlado conjuntamente por las autoridades españolas, francesas y británicas. En 1928, Bélgica, Italia, Países Bajos y Portugal se unieron al gobierno de la ciudad. La administración internacional comenzó oficialmente el 1 de junio de 1925. El predominio francés en la administración de la ciudad se impuso con rapidez.
[21] Wolfram von Richtofen fue Mariscal de Campo de la Luftwaffe. En 1936 estuvo en España como jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor.
[22] Serrano Suñer respondió con sequedad rayana en la brutalidad (cosa que se sabe por los comentarios de Von Ribbentrop a Ciano). Recuérdese que el ministro español hablaba un perfecto alemán y era un prestigioso abogado, conocedor de la mecánica aplicable a estos casos.
[23] Diferir fue siempre la estrategia de Franco. Que Hitler la asumiera era una gran noticia.
[24] La Operación Félix consistía en atravesar España para apoderarse de Gibraltar y, dícese, entregársela a España. Serrano Suñer se sorprendió de que España fuera a ser tratada como una pieza más en la geoestrategia europea. Evidentemente, Serrano Suñer contaba con el conocimiento de las enseñanzas que se derivaban de las añagazas de Napoleón a Carlos IV, tan similares en su configuración.
[25] En lugar de Juan Beigbeder, que se encontraba en manos del Foreign Office como consecuencia de algunas relaciones personales conocidas por los británicos.
[26] Fue una buena idea. Gracias a ello, Serrano Suñer desactivó la Operación Félix en Berchtesgaden entre los días 18 y 20 de noviembre, como en breve veremos. Más tarde, la extensión de la guerra a los Balcanes, a Grecia y a la URSS arrumbó la operación, pues la Wehrmacht tuvo que ocuparse de esos frentes, abandonando la Operación Félix.
[27] Que desde hacía siglos era aliada de los británicos.
[28] Más Von Ribbentrop y los dos intérpretes, Tovar y Schmidt.
[29] Se sabe que el tren que acercaba a Franco desde San Sebastián llegó a la estación de Hendaya una hora más tarde que los trenes de Hitler y Von Ribbentrop, es decir, una hora más tarde de la prevista.
[30] Ambos comentarían la reunión despectivamente. Hitler dijo: “con estos tipos no hay nada que hacer”, y que “preferiría que me sacasen tres o cuatro muelas antes que volver a conversar con Franco”, a quien tildó de “latino charlatán” (Schmidt). Se sentía defraudado.
[31] Sobre todo, artillería pesada para defender las costas.
[32] Cien mil toneladas de trigo, inmediatamente.
[33] En mayo de 1940 se produjo la derrota de Francia. Pétain, que en ese momento era embajador en Madrid, volvió a Francia para constituir el gobierno y negociar con Alemania. Franco mantuvo la condición de no beligerante de España y trató de presionar sobre los mandos alemanes para que no endureciesen la posición contra la Francia derrotada. Logró que las tropas del Protectorado permaneciesen en él y que Tánger conservara (bajo gobierno español) su carácter internacional. Posteriormente, Franco se reunió con Pétain en Montpellier, donde recibió un baño de masas, que recordaban su amistad con Francia y su condición de Comendador de la Legión de Honor.
[34] Hubo una primera sesión de 15:30 a 18:00 y otra, acompañada de cena, entre las 21:00 y pasadas las 0:00 del día siguiente. Von Ribbentrop siguió insistiendo ante Serrano Suñer durante toda la noche en el tren Heinrich, transporte del ministro alemán, camino de Burdeos. Fue en vano. Von Ribbentrop maldijo al jesuita Serrano y al ingrato cobarde Franco. La derrota nacional socialista en las entrevistas fue completa, incluso en materia formal.
[35] No por parte de Franco, pero sí de Serrano Suñer. Como hemos sabido por haberlo mencionado antes, fue el 19 de noviembre, almorzando en Berchtesgaden con el Conde Ciano y Von Ribbentrop primero y en una postrer entrevista con el propio Hitler esa misma tarde. Las inmensas presiones de todos ellos fueron en vano. La amenaza de situar 186 divisiones ante los Pirineos para con ellas invadir España no surtió efecto. Y Serrano Suñer cerró el enfrentamiento afirmando que “El pueblo español se opondría a cualquier invasión”. El día 20 Hungría, el día 23 Rumanía y el 24 Eslovaquia firmaron su adhesión al pacto que las llevaría a la guerra junto con Alemania.
[36] Franco había vencido a Stalin en la Guerra Civil y sabía lo que podía significar una nueva guerra. Desde 1938 había declarado la neutralidad de España en futuros acontecimientos bélicos europeos, que como sabemos comenzaron el 1 de septiembre de 1939. El Reino Unido no se había rendido y los EE. UU. entrarían en combate para apoyarle antes o después. Con el previsible dominio del mar que se auspiciaba, Franco sabía que la beligerancia le supondría ser bloqueado o invadido. Se mantuvo al margen, pues.
[37] En las que Franco no tenía rival militar, así que Hitler difícilmente podía debatir siquiera. Tan es así que, en un momento dado, se levantó a hizo ademán de finalizar la entrevista.
[38] Hitler había decidido el 5 de diciembre que el 10 de enero de 1941 iniciaría la Operación Félix, pero el 10 de diciembre, tras un telegrama del Almirante Canaris, que estaba en Madrid con Franco, Hitler renunció … temporalmente. Como dijo el mariscal Keitel en Nüremberg antes de ser ajusticiado, “el Führer no quería verse obligado a transportar sus tropas contra la cólera de Franco”. El 20 de diciembre de 1940, Hitler instruyó la Operación Barbarroja, que significaba la invasión de la Unión Soviética, materializada el 22 de junio.
[39] El ultimátum constaba de seis puntos. El primero despreciaba el esfuerzo español en la Guerra Civil y afirmaba que “Sin la ayuda del Führer y del Duce no existirían hoy ni una España Nacional ni un Caudillo”. El ultimo finalizaba así: “Si el Caudillo no decide inmediatamente unirse a la guerra de las potencias del Eje, el gobierno del Reich no puede hacer más que vaticinar el final de la España Nacional. Fin del mensaje. Firmado Ribbentrop”.
[40] No sin antes hacer llegar el ultimátum de Hitler a Franco del 20 de enero de 1941, entregado en audiencia a Franco por el embajador alemán, Von Stohrer, que y hemos visto. Hitler daba un plazo de 48 horas para la respuesta. Al no recibirla, Hitler envió un segundo ultimátum en seis puntos, el último de los cuales explicitaba que, de no unirse España a las potencias del Eje, su fin estaba próximo. Tampoco funcionó. El 6 de febrero, la carta de Hitler era plañidera. Tampoco funcionó. Todo fue inútil.
[41] El 21 de agosto de 1941 emprendieron a pie el recorrido de 1.000 kilómetros (que les llevó 45 días) hasta el frente norte de Rusia. Se trataba de 18.000 oficiales y soldados.
[42] En 1943, Franco retiró la División Azul. La situación era muy otra.
[43] Alemania siguió intentándolo por todos los medios. El Embajador Von Stohrer envió al Ministerio alemán de Asuntos Exteriores, el día 6 de febrero de 1941, una nota con un informe exagerado de la situación interna en España, que utilizaba la ayuda alimenticia como señuelo. Informaba de su intento de conseguir la entrada de España en guerra ofreciendo trigo a cambio. Serrano Suñer indicó que el trigo, primero y que luego se vería. El día 8, Hitler envió una carta con reproches, a la que Franco contestó con una petición exageradísima de ayuda: 90 baterías, 400 piezas antiaéreas, 180 locomotoras y 16.000 vagones de ferrocarril, 8.000 vehículos militares, 15.000 camiones, 1.000.000 de Tm de trigo y cebada… La respuesta alemana acusaba el golpe. España no iba a entrar en guerra.
[44] Se trataba del Duque de Alba.
[45] Winston Churchill hubo de reconocer que la posición de España favorecía objetivamente a los aliados occidentales. Lo hizo en la Cámara de los Comunes el 25 de mayo de 1944, en unos términos de reconocimiento de la actuación de Franco, contestando a varios ataques de miembros del Partido Laborista contra el gobierno de Franco. Lo esencial se halla en esta frase: “…no hay duda de que, si España hubiera cedido a las presiones y halagos alemanes, nuestra tarea hubiera sido mucho más pesada”. (“La España franquista en sus documentos”, Fernando Díaz Plaja, diciembre 1976).
[46] Inteligente medida: España se opondrá a las presiones del Eje, en nombre propio y en el de Portugal. Portugal, gracias a sus buenas relaciones con el Reino Unido y los EE. UU., evitará cualquier injerencia de éstos en la Península.
[47] Fue la llamada “operación Ilona” que buscaba concentrar tropas para llegar hasta el Ebro y bloquear los puertos del norte.
[48] Ello a pesar de los complots organizados por el OSS norteamericano (predecesor de la CIA) y el MI-6 británico para potenciar una Junta Militar (presidida por el general Antonio Aranda) y efectuar un pronunciamiento contra Franco.
[49] Lo hizo durante la sesión que el Consejo Nacional del Movimiento celebró el 17 de julio de 1943.
[50] Wartime Mission in Spain (1945).
[51] Franco mantenía la teoría de que no había una sola guerra, la existente entre Alemania y los Aliados, sino que eran dos, una de ellas la ya mencionada y otra, simultánea pero no coincidente en sus actores, contra el comunismo. A partir de Pearl Harbor, con la guerra del Pacífico, las dos guerras fueron tres.
[52] Mucho tardaron los EE. UU. en entender esto, pero al cabo, el presidente Harry Truman instrumentó soluciones adecuadas en 1947, con la llamada Doctrina Truman.
[53] Ahora, Volgogrado. De ser “la ciudad de Stalin” ha pasado a ser “la ciudad del Volga”.
[54] Que causaron 40.000 muertos (de los que 5.000 fueron niños).
[55] Cuyas simpatías por el régimen de Franco eran inexistentes.
[56] Que se celebró entre los días 17 y 24 de agosto en el castillo de Fronténac, situado en el centro histórico de Quebec. El primer ministro de Canadá, Mckenzie King, fue mero anfitrión, no participante.
[57] Quien, aunque había sido invitado, no asistió.
[58] El ministro siguió en su puesto hasta su fallecimiento, como consecuencia de un accidente, el día 3 de agosto de 1944.
[59] La guerra Mundial iba por su lado y la guerra contra el comunismo, por otro. Cada una requería sus actuaciones. Con todo, comenzó la repatriación de los divisionarios, de los cuales el primer contingente llegó por tren el 29 de octubre.
[60] El 20 de enero de 1944, Estados Unidos interrumpió el suministro de petróleo a España. En mayo lo retomó, a cambio de la reducción de la exportación de wolframio a Alemania. En esos cuatro meses se temió que la nueva invasión de Europa por las tropas aliadas, tantas veces reclamada por Stalin, tuviera lugar por la Península Ibérica. No fue así: Stalin exigió que la invasión se efectuara por el norte de Francia.
[61] Por entonces ministro de Asuntos Exteriores y líder de la Cámara de los Comunes.
[62] “En los días cumbre de la guerra, cuando estábamos solos, la actitud del gobierno español nos fue extremadamente beneficiosa”. Churchill fue incluso más allá el 25 de mayo: ”Hay que elogiar la decisión española de mantenerse fuera de la guerra”.
[63] De los 47.000 hombres en lucha (cifra agregada, en contingentes sucesivos), murieron 3.934, resultaron heridos 8.466, 326 fueron declarados desaparecidos y 321 resultaron prisioneros, de los que volverían vivos 219 el año 1954.
[64] En Yalta (Crimea), el 11 de febrero de 1945, Stalin había impuesto a Roosevelt (cuyo deteriorado estado de salud precipitó su muerte el 11 de abril de 1945) y a Churchill destruir el régimen franquista. En Potsdam (17/7/1945-2/8/1945), Churchill (quien inició la Conferencia, pero al ser derrotado en las urnas por Clement Attlee el 26 de julio, fue reemplazado por éste durante la misma), Attlee y Truman (aunque Gran Maestre de la Masonería) cambiaron ese designio: el asunto lo debía lidiar la ONU. La Guerra Fría estaba a la vuelta de la esquina. Antes de todo eso, entre el 12 y el 14 de febrero, los aliados occidentales (EE. UU. y el Reino Unido) bombardearon Dresde, ciudad de refugiados, con bombas incendiarias seguidas de explosivas. La cifra de muertos calculada por el Departamento de Estado ascendió a 250.000.
[65] Que utilizaba a sus estados satélites en el Este de Europa como arietes diplomáticos en Naciones Unidas.
[66] En la conferencia de Potsdam que comenzó el 17 de junio, Stalin declaró que “el régimen español es un peligro para la paz”, solicitando “romper totalmente las relaciones con Franco y apoyar a las fuerzas democráticas para establecer la libertad en España”.
[67] Adicionalmente, los españoles, que habían comprobado durante la guerra Civil lo que el comunismo significa, se apiñaron en torno a Franco como reacción a las injerencias exteriores.
[68] El 22 de junio de 1945, Franco ordenó el cierre de la frontera con Francia tras un linchamiento en la estación de Chambéry contra un tren con familias españolas que volvían a España, en el que desaparecieron 22 personas y decenas resultaron heridas.
[69] “Tengo pruebas de que el jefe del Estado español, Francisco Franco, salvó a más de 60.000 judíos durante la segunda Guerra Mundial. Ya va siendo hora de que alguien dé las gracias a Franco por ello”.
[70] “El nombre de España es una de las poquísimas luces que brillaron en la larga y oscura noche que vivió el pueblo judío durante los trágicos años del nazismo”.
[71] El embate contra España (y Argentina, Portugal, Suecia y Suiza, todos neutrales) lo inició el 30 de junio de 1946 el gobierno de Panamá, quien rompió relaciones con España. La URSS movió todos sus peones, desplegó su propaganda y logró la retirada de embajadores en diciembre. Las embajadas, no obstante, permanecieron abiertas, pero con un nivel de representación inferior al de Embajador.
[72] Argentina, Portugal y la Santa Sede. Irlanda y Suiza dejaron ministros plenipotenciarios en Madrid.
[73] Franco rechazó las críticas, que atribuyó a la conspiración masónica.
[74] Con alivio: si eso era todo lo que iban a hacer contra España, lo peor había pasado. Pero el bloqueo comercial y financiero provocó hambre y muerte en España.
[75] Era un acto que se celebró en el Westminster College, Fulton (Missouri).
[76] “De Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, una cortina de hierro (posteriormente, Telón de Acero) ha descendido sobre Europa”.
[77] Con carácter previo, el 30 de abril de 1946, Argentina había suscrito con España un préstamo de 30 millones de pesos para adquirir trigo argentino.
[78] España quedó al margen del Plan Marshall, una amplia estrategia de ayuda financiera (90 % donaciones y 10 % créditos a bajo tipo de interés y largo plazo de devolución) que el gobierno norteamericano dispuso a partir de 1948 para la recuperación de los países que habían sido teatro de la II Guerra Mundial en Occidente. La ayuda argentina fue anterior al Plan Marshall.
[79] A devolver en 25 años,
[80] 400.000 Tm. de trigo, 120.000 Tm. de maíz, 8.000 Tm. de aceites comestibles, 16.000 Tm. de tortas oleaginosas, 25.000 Tm. de carne (vacuno), 10.000 Tm. de lentejas y 50.000 cajones de huevos.
[81] En el bienio 1949-1950, España pudo adquirir suficiente trigo argentino como para cubrir en torno al 90% de la demanda. Dato procedente del libro “Un salvavidas para Franco: la ayuda económica argentina a la España franquista (1946-1949)”. Raanan Rein Departamento de Historia, Universidad de Tel Aviv, Israel (1991).
[82] Como dato relevante, entre octubre y diciembre de 1946, Argentina se comprometió a vender a España 24.000 toneladas de aceites comestibles para cubrir la demanda interna hasta la llegada al mercado de la cosecha nacional de aceituna.
[83] Se comprometía asimismo a vender a la Argentina productos textiles y de madera, zinc y mercurio, maquinaria agrícola e industrial, motores eléctricos y combustible, máquinas de coser, de escribir y otros productos manufacturados. También acordó construir barcos para la Argentina en sus astilleros, como oferta general comparativa con otros suministradores.
[84] Datos del valor y volumen en toneladas del comercio en 1947 y 1948, en Manuel Torres Martínez y otros, “Las relaciones comerciales entre España e Hispanoamérica”, Madrid, 1952, pp. 41-43.
[85] De soltera Eva Duarte, la esposa del presidente de Argentina carecía a la sazón de cargo público, pero poseía un enorme peso político y simbólico en el justicialismo peronista.
[86] Que no llegó a su plazo de madurez.
[87] Aproximadamente 4.600 millones de pesetas.
[88] La autorización operativa de este puerto franco sería de 50 años.
[89] Eva Perón, desde muy joven, había pertenecido al mundo de la radio, el teatro y la declamación.
[90] En Argentina, los exiliados españoles se encontraron desplazados: la visita de Eva Perón desarticuló todos sus esfuerzos para aislar el régimen de Franco.
[91] El régimen soviético había instalado regímenes comunistas totalmente afines en Bulgaria, Hungría, Polonia y Rumanía. Cuando lo hizo en Checoslovaquia (1948) ya no quedó duda alguna. Antes, a raíz de los intentos comunistas de hacerse violentamente con el poder en Grecia, el presidente Truman empezó a mover ficha: era el principio de la Doctrina Truman de contención del comunismo (12 de marzo de 1947).
[92] En junio de 1950 se inició la Guerra de Corea. Franco ofreció ayuda al presidente Truman, a pesar de que el combate era nominalmente de un ejército de la ONU, no norteamericano.
[93] De manera estrepitosa: 6 votos a favor, 40 en contra y 7 abstenciones.
[94] Uno de los efectos inmediatos para España consistió en la autorización por el Congreso norteamericano de una línea de crédito de hasta 62 millones de dólares.
[95] La votación se sustanció con 39 votos a favor, 10 en contra y 12 abstenciones. Los votos en contra fueron los de Bielorrusia, Checoslovaquia, Guatemala, Israel, México, Polonia, Ucraina, URSS, Uruguay y Yugoslavia.
[96] Franco se permitió entonces efectuar uno de los pocos comentarios valorativos que se le recuerdan: “Son ellos quienes han cambiado, no nosotros”.
[97] Ese mismo año lo hizo asimismo en la International Standards Organization (Cf. “Los ingenieros de Franco”, Lino Camprubí, Ed. CRÍTICA, pp.105 Y 106).
[98] Recuérdense sus innecesarias y ácidas palabras en una conferencia de prensa el 7 de febrero de 1952: “I am not fond of General Franco”. (Traducción: “no me gusta el general Franco”). Se refería al retraso del Régimen en la aprobación de la libertad religiosa en España, objetivo de Truman, masón y protector del protestantismo anglosajón. Estas palabras chocaban con las del Cardenal Spellman, asimismo norteamericano, entonces arzobispo de Nueva York y Vicario Apostólico de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, del 20 de junio de 1952: “Todo el mundo en España quiere a Franco”.
[99] Según estimaciones de Stanley Payne, el monto total que alcanzó la ayuda militar norteamericana a España, entre 1953 y 1964, se elevó a 600 millones de dólares. Ello permitió reducir el peso del servicio presupuestario a los tres ejércitos.
[100] Extendida en tres ejercicios, dos anteriores a la firma y uno posterior (1954).
[101] El valor agregado final de lo transferido por todos los conceptos se estima en algo más de 1.000 M de dólares.
[102] El término conjunto significa sin cesión española de soberanía sobre su utilización.
[103] Morón, Rota, Torrejón de Ardoz y Zaragoza.
[104] Como ya hemos visto, en diciembre de 1959, por primera vez en la historia, un presidente de los Estados Unidos, en este caso Dwight David Eisenhower, visitó Madrid, siendo aclamado por el gentío, en número no inferior a un millón de personas, que le acompañó (junto con el jefe del Estado español) al grito de ¡Franco, Franco, Franco! Eisenhower, cuenta Vernon Walters, nunca había visto nada igual.
[105] Además, el papa Pío XII condecoró a Franco con la Suprema Orden de Cristo.
[106] La mayor ayuda para Franco no vino de Roma sino de Nueva York, donde el Cardenal Spellman, enormemente influyente, era partidario de apoyar la evolución pausada del Régimen. El 4 de marzo de 1946, el cardenal fingió una avería en su vuelo entre Roma y Nueva York para aterrizar en Madrid, almorzar con Franco en El Pardo y asegurarse de que habría una evolución lenta del Régimen.
[107] Cuando en 1951 Franco solicitó formalmente a Pío XI renovar el Concordato de 1851, las negociaciones resultaron lentas y difíciles. La firma se logró sólo el 27 de agosto de 1953, muy poco antes de que, el 26 de septiembre de 1953, Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores y James Clement Dunn, embajador de los EE. UU. en España, firmaran los tres convenios bilaterales sobre ayuda económica, sobre coordinación defensiva y sobre ayuda para la defensa. Como en el caso del reconocimiento de 1938, la firma sólo se produjo cuando el Vaticano vio que perdía pie en el concierto de relaciones internacionales. Hablamos de poder, no de Fe.
[108] En el discurso de Franco a las Cortes, con motivo de la presentación del Concordato, el 30 de octubre de 1953.
[109] Que fue José Sebastián de Erice.
[110] España entró en la ONU, pero específicamente, además, en Consejo Económico y Social (ECOSOC) y en su dependencia, la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas.
[111] Literal tanto como figurativamente.
[112] Sobre todo, teniendo en cuenta el derecho de veto que la URSS mantenía como miembro permanente del Consejo de Seguridad.
[113] De Cuba y de China nacionalista, que votaron de esa manera no contra España sino contra la admisión de 5 países de régimen comunista.
[114] Al ser la URSS miembro permanente del Consejo de Seguridad, su veto era bloqueante.
[115] Finalmente, el 14 de diciembre de 1955, España superó el obstáculo del Consejo de Seguridad, precisa y paradójicamente a propuesta de la URSS. Técnicamente ese fue el procedimiento. El día 15 de diciembre, la Asamblea General de Naciones Unidas autorizaba el ingreso de España en la ONU por 55 votos a favor, ninguno en contra y 2 abstenciones.
[116] Que se estima integraban unos 2.500 efectivos. Utilizaron las armas que España había proporcionado al Ejército Real marroquí.
[117] No fue el único: Dean Rusk visitó El Pardo el 16 de diciembre de 1965 para entrevistarse con Franco.
[118] Siglas que corresponden a la denominación inicial, en francés: Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire. El centro fue fundado en 1954 por 12 países europeos.
[119] El textual es inequívoco: “La Asamblea General, habiendo examinado la cuestión de Gibraltar… Considerando que toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas …
1 Lamenta la interrupción de las negociaciones recomendadas en las resoluciones 2.070 y 2.231 …
- Deplora la celebración por la potencia administradora del Referéndum de 10 de septiembre de 1967 … 3. Invita a los gobiernos de España y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a reanudar sin demora las negociaciones previstas … .
[120] El Departamento de Estado norteamericano había calificado a Guinea Ecuatorial como el territorio más avanzado y mejor administrado de África ese mismo año 1968. Francisco Macías, un militar de bajo rango, se hizo con el poder y masacró a opositores y población en general antes de caer ante un sobrino suyo más moderado, Teodoro Obiang Nguema, que sigue en el poder en 2024.
[121] Esto y otras afirmaciones aparecen en las memorias de De Gaulle, a quien Franco le pareció un anciano. Lamentablemente para De Gaulle, él mismo falleció tres meses más tarde, víctima de un aneurisma, en su residencia de Colombey-les-Deux-Églises, mientras el anciano Franco aún vivió cinco años más. Añadió la humorada de decir que Franco tuvo la mano muy dura en la represión. Esto lo dijo el presidente de Francia durante la guerra de Argelia, en la que las tropas francesas aniquilaron a decenas de miles de argelinos indígenas. Es de aplicación aquí la parábola de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.
[122] En unos términos mucho mejores que los del posterior Tratado de Adhesión. Fue un extraordinario logro de los negociadores españoles, que permitió conservar durante largos años las estructuras arancelarias vigentes, permitiendo a las empresas acomodarse más despacio a la competencia europea.
[123] El General Vernon Walters (1917/2002) fue un colaborador principal de los presidentes Eisenhower, Nixon y Reagan. Fue director de la CIA, embajador ante la ONU y embajador en Alemania en el período de la reunificación. Su dominio del idioma español era perfecto, absoluto.
[124] “Lo que realmente interesa a su presidente es lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no? Siéntese, se lo voy a decir: yo he creado ciertas instituciones, aunque nadie piensa que funcionarán. Están equivocados: el Príncipe será Rey, porque no hay alternativa…” Walters le preguntó:
― “Pero mi general, ¿cómo puede usted estar seguro?”
― “Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de España hace cuarenta años: la clase media española. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español. No habrá otra guerra civil.”
[125] Eisenhower, Nixon y Ford eran republicanos. Roosevelt, Truman, Kennedy y Johnson, del partido demócrata. Los tres primeros vinieron a España a entrevistarse con Franco. De los segundos, ninguno lo hizo.
[126] Se trataba de 300.000 personas desarmadas enviadas al desierto para forzar el paso al otro lado de la frontera. Iban sin armas para así evitar que se disparara sobre ellos.
[127] Franco manifestó que se trataba de un farol. Acertó.
[128] El día 30 de noviembre de 1975, Franco, tras sufrir un segundo infarto y una peritonitis, había ordenado aplicar el artículo 11 de la Ley Orgánica y transferir todos los poderes a Juan Carlos I de Borbón.
[129] Acuerdo que nunca fue reconocido por la ONU.
