La cultura se organizará de forma que no se malogre ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso incluso a los estudios superiores.
La cultura es hasta ahora un privilegio de las clases acomodadas. Sólo pueden estudiar y seguir una carrera los hijos de aquellas familias que con más o menos holgura tienen lo suficiente para vivir y aún les sobra para dar educación a sus hijos. Pero hay infinidad de familias de empleados, de obreros, de funcionarios del Estado y de campesinos, que se ven en la imposibilidad de dar carrera a sus hijos porque sus escasos sueldos o largas temporadas de paro, les hacen llevar una vida tan penosa económicamente que ni aún pueden soportar el gasto diario del sustento y de la casa.
Esta es quizá una de las injusticias mayores cometidas por el Estado liberal, puesto que la cultura no está al alcance de los hombres por razón de sus mejores dotes, sino únicamente de su más holgada situación económica. Y así hay hombres perfectamente dotados, que darían rendimientos magníficos para la Patria y que tienen que dedicarse a oficios secundarios para poder llevar pronto un pedazo de pan a su casa. Y en cambio otros absolutamente insensatos que por hacer ver que tienen una carrera se hacen médicos, abogados o ingenieros, y son esa masa de seres inútiles que en su vida defenderán un pleito, ni curarán a un enfermo, porque no sirven para ello.
Pues bien, dice la Falange «que no se malogrará ningún talento por falta de medios económicos. Todos los que lo merezcan tendrán fácil acceso, incluso a los estudios superiores». Es decir, que desde que el niño entra en las O. J.[1], ya sus maestros y sus jefes van estudiando sus dotes y las condiciones de aquel niño y van inclinando su voluntad hacia aquello para lo que ha de dar mayor rendimiento en el ambiente familiar y en beneficio de la Patria. Y si por sus dotes intelectuales tiene aptitud para seguir una carrera universitaria, la Falange no mirará si la familia de este niño tiene o no medios económicos para poderle pagar la carrera, sino que se ocupará de que el niño vaya al Instituto y luego a la Universidad para que aquella inteligencia perfectamente dotada no se pierda, para beneficio propio, y en servicio de la Patria.
Porque cuántas y cuántas inteligencias habrá perdido España por esta mala organización de la cultura. Ahora bien, al hombre que de esta manera se le encauza y se le ayuda no se le puede olvidar que su trabajo y su inteligencia, además de ser un beneficio para él y para su familia, están al servicio de la Patria y que España usará de sus buenas cualidades en todo aquello que pueda servir para su engrandecimiento. Y no solamente disfrutarán de esta cultura los que quieran seguir carreras universitarias, sino todos aquellos que por un motivo o por otro quieran instruirse, ya que tendrán al alcance de su mano cuantos medios puedan servir para elevar la cultura de los españoles. Pero no hay que confundir este Punto con una promesa de hacer a todos los españoles médicos o abogados. Nos importa también que los labradores sigan siendo labradores, pero con conocimientos que les permitan producir más, y rendir más a la Patria y ganar ellos más dinero. Y lo mismo queremos que los obreros se perfeccionen y tengan el camino abierto para hacerse maestros en su oficio, peritos o ingenieros. Es preciso combatir la rutina marxista que pretendía hacer un monopolio, en beneficio de unos pocos, de los grados superiores y mejor retribuídos del trabajo obrero. Por lo mismo es una preocupación nuestra que cuando la mujer se vea obligada a ganarse el pan con su trabajo, vaya debidamente preparada y en condiciones de rendir y ganar más. La cultura llegará a los españoles por medio de bibliotecas, conferencias, visitas a los museos, representaciones públicas de teatro, etc.
[1] Organizaciones Juveniles.
