INTRODUCCIÓN
La Guerra Civil española dejó numerosos episodios de violencia en la retaguardia que marcaron profundamente la historia local de muchas provincias. En Almería, uno de los lugares más conocidos asociados a estos acontecimientos fueron los llamados pozos de Tahal, en la zona de Cantavieja, donde fueron ejecutados numerosos detenidos durante los primeros meses del conflicto.
Entre las víctimas se encontraba Jaime Calatrava, joven militante falangista procedente de la Comunión Tradicionalista que, junto a otros compañeros, se había integrado en las filas de Falange Española en los años previos a la guerra. Su trayectoria política se desarrolló en un contexto de creciente enfrentamiento ideológico durante la Segunda República, especialmente visible en los ambientes universitarios y en las calles de diversas ciudades españolas.
Falangista proveniente de la Comunión Tradicionalista, fue uno de los primeros en pasarse a la Falange con su hermano Bernabe, José Maria Pérez de Percebal y Jesús Pérez de Percebal y del Moral.
Durante el verano de 1934 la Avenida de la República almeriense era lugar de frecuntes luchas entre los propagandistas de la Falange y las JSU. Allí, un día Jaime Calatrava sostuvo, él solo, un tiroteo con un grupo de las juventudes marxistas, hiriendo a tres de ellos.
Tras la visita de Patricio González de Canales, 14 de julio de 1936, es nombrado coordinador con las demás fuerzas sublevadas ya fueran militares o civiles y jefe de Propaganda.
Una vez fracasada la sublevación fue encarcelado en el barco prisión Astoy Mendi junto con su padre Rafael Calatrava Ros.
Un día, 26 de septiembre de 1936, los hermanos del Águila Aguilera, se presentaron en el Astoy Mendi y leyeron una lista con 46 presos, Jaime no estaba en esa lista, pero su padre si, pero él, al escuchar el nombre de su padre se levantó para acompañarlo a donde quiera que fuera trasladado. Los milicianos le dijeron que a él no le habían nombrado, a lo que Jaime respondió: «no importa, yo voy a donde vaya mi padre», «no te conviene», le respondieron los milicianos, pero él volvió a responderles: «no importa».
Los condujeron juntos a los pozos de Tahal, de Cantavieja en la sierra de la Contraviesa, donde fueron asesinados los dos, en compañía de otros 45 presos, 15 de ellos falangistas.
Tenía 22 años, 24 según otras biografías, y no hacía medio año que se había casado. Su esposa, doña Elvira, se encontraba embarazada de su primer hijo.
CONCLUSIÓN
La historia de Jaime Calatrava refleja uno de los muchos episodios personales que quedaron ligados a la violencia política de los primeros meses de la Guerra Civil española. Su muerte en los pozos de Tahal, junto a su padre y otros detenidos, forma parte de los acontecimientos que marcaron profundamente la memoria histórica de la provincia de Almería.
Más allá de las circunstancias políticas de la época, estos sucesos ilustran el clima de enfrentamiento y radicalización que se vivió en España durante aquellos años. La memoria de las víctimas de ambos bandos continúa siendo objeto de estudio histórico y de reflexión sobre uno de los periodos más complejos y traumáticos de la historia contemporánea española.
