INTRODUCCIÓN
La figura del Caballero Legionario ocupa un lugar singular dentro de la poesía patriótica española. No se define por su origen ni por el reconocimiento ajeno, sino por su compromiso absoluto con el deber, la camaradería y el servicio a España.
Este poema es una exaltación de ese espíritu: austero, valiente y silencioso, forjado en la obediencia, el honor y la entrega total, donde el pasado no reclama gloria y el futuro se construye con sacrificio compartido.
¡Caballero legionario
a nadie le importa nada
conocer cual fue tu historia!
Tu ley, es ley del mañana,
quédate con tu pasado,
y dale el futuro a España,
porque el futuro es promesa
y el pasado ya no es nada.
El porvenir lo compartes
con todos tus camaradas,
aporta en común con ellos
lo mejor que hay en tu alma:
La hidalguía y el valor,
el honor y la esperanza,
tu sangre caliente y roja
y los colores de España.
¡Que importa de donde vienes
si sabes a donde vas,
Que importa que nadie sepa
si España, lo sabe ya!
Clava tus pies firmemente
sobre la tierra africana, tu
corazón en melilla
y tus ojos en España.
Obedece hasta la muerte,
cumple tu deber y calla.
acude y arriesga todo
si te llama un camarada
y con razón o sin ella,
cúbrele siempre la espalda.
Acércate al enemigo
no le des paz ni distancia,
entre él y tú solamente
la bayoneta calada.
No abandones al herido
en el campo de batalla,
protege su cuerpo inerte
con la hombría de tus armas,
y aprende a morir también,
si Dios un día te llama.
Acude a paso ligero,
forma con tus camaradas,
y que restalle en el cielo
el grito de ¡Viva España!
CONCLUSIÓN
“Al Caballero Legionario” es una poesía que resume una forma de entender la vida basada en la lealtad sin condiciones, la disciplina y el compañerismo llevado hasta las últimas consecuencias.
Más allá del combate o del uniforme, el poema reivindica valores permanentes: la hidalguía, el valor, el honor y la disposición a darlo todo por España. Una visión del soldado como promesa de futuro, guardián silencioso y firme, cuyo mayor reconocimiento es cumplir con su deber y responder, siempre, al grito de ¡Viva España!.
